Taylor Sheridan, el guionista de Sicario y Sin nada que perder se lanza con su segunda cinta en la dirección, Wind River (Viento salvaje, qué mala traducción). Un silencioso pero potente thriller psicológico, con varios elementos de western y una mirada actual al racismo social de los norteamericanos con sus etnias originarias. Sheridan es uno de los directores con mejor presente y aun mayor futuro de la cinematografía norteamericana. Sus construcciones de personajes siempre olvidados por el american way of life no es furiosa, pero quema profundo al que se acerca.

Inspirado en un caso real de una indígena norteamericana asesinada en medio de la nieve en una reserva (Wind River), en Wyoming. Su muerte, con una violación de por medio, abre paso a una investigación-cacería protagonizada por un delicado y experimentado Jeremy Renner y una inexperta agente del FBI, interpretada por Elizabeth Olsen.

Con una fotografía cruda e imponente (Ben Richardson) y la música de los fuera de serie Nick Cave y Warren Ellis, Wind River camina sin estridencias por la ruta difícil de la crítica social a una sociedad que deja abajo del tren a drogadictos, indígenas, mujeres o cualquier otro diferente al canon.

Sheridan se está haciendo un nombre potente con su nueva visión del western estilo siglo XXI. La cacería humana aquí tiene sustento sicológico, acción, belleza audiovisual y diálogos llenos de sentido. Ganador del premio al mejor director en la sección Un Certain Regard del último Festival de Cannes, su sello en Wild River es uno de los imperdibles de este año cinematográfico.