Un héroe accidental que viene con las leyes bajo el brazo y termina dándose cuenta de que los verdaderos malos son los codiciosos de siempre, que quieren quedarse con todo el dinero. Esa parece ser la metáfora tras El Llanero Solitario, la última aventura de Disney donde el director Gore Verbinski (Piratas del Caribe), junto a su partner Johnny Depp —como el indio comanche Toro—, quiere devolver viejas glorias a esa clásica serie de radio y televisión que tuvo su mayor fama en los años cincuenta.

El guiño a la maldad unida al afán de riqueza va de la mano con los tiempos y logra enganchar con la trama.

El guiño a la maldad unida al afán de riqueza va de la mano con los tiempos y logra enganchar con la trama, ambientada en 1869 en Texas, mientras el ferrocarril está a punto de unir Estados Unidos sin importar con quién arrase en el camino.
Ahí es donde aparece John Reid (Armie Hammer), un circunspecto abogado que quiere combatir forajidos a punta de decretos y luego de varios chascarros termina entendiendo que la justicia es un problema que lo supera ampliamente y que desborda a las leyes. En su camino está ‘el buen salvaje’ Toro, interpretado por el camaleónico Depp, quien se toma la película para soltar un personaje tan místico como clown y que se encarga de contarle sus aventuras a un chiquillo que va a mirar a un museo circense las viejas aventuras del Far West.

Punto aparte en esta película —con críticas dispares y recaudación baja considerando los 250 millones de dólares que costó—, es la tremenda banda sonora que regala Hans Zimmer, genio en reciclar viejas melodías e incluso darle toques de spaghetti western —estilo Morricone— a las aventuras de un héroe despistado y suertudo y su compañero, un indio piel roja que parece sacado directamente de un viaje con ayahuasca.

Basta con terminar de ver El llanero Solitario para darse cuenta de que los clásicos Kemosabe y ‘¡Ayo Silver!’ que nunca olvidaron nuestros padres y abuelos, volvieron para quedarse.

Basta con terminar de ver El llanero Solitario para darse cuenta de que los clásicos Kemosabe y ‘¡Ayo Silver!’ que nunca olvidaron nuestros padres y abuelos, volvieron para quedarse —si la taquilla no dice lo contrario— y abrir otra saga al estilo del pirata Jack Sparrow, pero esta vez en el Viejo Oeste.

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