Polvo de estrellas, de David Cronenberg es una comedia más que negra. Sin temor a recibir salpicaduras de sangre y otros fluidos, el director de Una historia violenta, Promesas del este y Crash, dispone la historia como un relato coral donde los excesos, el ego, las vidas vacías rellenas de espiritualidad cientiológica, la competitividad enferma y la codicia de todos los personajes del microclima de Hollywood se revuelcan en el suelo mientras vuelan patadas y cuchillazos, como en una pelea de borrachos pendencieros.

Con Julianne Moore, Mia Wasikowska, John Cusack, Evan Bird y Robert Pattinson en los principales, Polvo de estrellas no tiene dramas con ser explícita hasta el fondo. Liderados por Moore, una actriz madura, con algunos premios que se sube al carro de la locura y la neurosis cuando se percata de que sus papeles se los están dando a actrices más jóvenes. A partir de ahí saltan personajes perfectamente macerados por Cronenberg: John Cusack como un millonario gurú espiritual, Robert Pattinson como un joven conductor de limusinas que quiere abrirse paso en Hollywood, Mia Wasikowska como una fanática misteriosa que logra ser la asistente personal de Moore y Evan Bird como un niño estrella de 13 años ya carcomido por las drogas y la fama. Todos forman un torbellino miserable del que no daremos detalle.

Ganadora de Cannes el año pasado, Map to the stars no tiene ningún afán moralizante. Crudo y sin pedir permiso, las voces que surgen en este relato son individualismo puro. En cada personaje no hay nada aparte de sus propios intereses. Y a nadie le importa un comino eso. Así funciona la industria.

Polvo de estrellas es la constatación del asco que el canadiense David Cronenberg tiene por Hollywood. Relaciones perversas, decadencia al por mayor y ambición desmedida que confluyen en río de risa muda, escalofríos y perturbaciones varias. Nada raro en Cronenberg, un obsesionado en diseccionar con bisturí el lado más putrefacto del cerebro humano.