Mucho más joven que en pantalla, delgada, casi sin maquillaje y sentada en una silla de color cobre diseñada por el artista Roberto Matta que le da un aire principesco… Así nos recibe la actriz Daniela Ramírez (27) en la residencia del embajador de Chile en Italia en pleno centro de Roma. 

Lo que la llevó a tierras europeas fueron las grabaciones de la última película del destacado director italiano Vincenzo Marra. La prima luce se llama la cinta, que está ambientada entre Bari, ciudad a 430 km al sur de Roma, y Santiago. La trama habla acerca del drama de la separación a través de la historia de amor de un padre hacia su hijo. Daniela interpretará a Martina, una mujer chilena que vive en Italia y que está cansada de ver cómo su familia se fragmenta, por lo que lo único que quiere es volver a su país. A su lado estará el reconocido actor italiano Riccardo Scamarcio, que solo en Italia ya ha participado en más de veinte largometrajes. “La verdad es que siempre me gustó el cine italiano, en especial el de la época de Pasolini, entonces estar grabando en este ambiente para mí es un orgullo”, cuenta la actriz.

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Apenas supo que Vincenzo Marra la había elegido, comenzó a tomar clases de italiano: “Fue como un entrenamiento deportivo. Tuve clases tres veces por semana con Nadia Arnoldi, profesora del Instituto Italiano. Ella hizo que me enamorara de este idioma. Ahora somos grandes amigas”, nos cuenta mientras recorremos las calles del casco histórico de Roma. Durante la conversación, las palabras a veces se le confunden “el italiano es tan parecido al español que cuesta cambiar el swicht”, confiesa.

A pesar de su corta edad, a Daniela le sobra trayectoria. Ganó el premio Altazor como mejor actriz por Los archivos del cardenal,  protagonizó la teleserie Esperanza, ambas ganadoras del Consejo Nacional de Televisión y su último trabajo fue en la telenovela de culto Secretos en el jardín. Hoy ya está llamando la atención en el cine italiano. 

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—¿Hay muchas diferencias con el cine que se hace en Chile?

—Vincenzo Marra tiene su propia metodología. El busca y persigue la realidad a través del trabajo con personas que no son actores, pero que regalan parte de su tiempo a la película. Por ejemplo, en La prima luce hay un abogado que es realmente un hombre de leyes y que puso a disposición su despacho para poder grabar y hay un diseñador que también se interpreta a sí mismo. 

—Esta fue la primera experiencia en un ámbito laboral absolutamente diferente. ¿Tuviste alguna dificultad?

—No diría que fue un  problema pero sí una forma muy distinta de trabajar. Vincenzo Marra tiene una técnica de repetición en donde el actor poco a poco va encontrando el tono necesario para grabar la escena. Vincenzo busca la perfección, no solo interpretativa, sino que también técnica, y esa es la dificultad del cine que él hace. Es un director muy perfeccionista y siento que siempre que repetíamos la escena ese mismo cansancio físico y mental que te generaba la exacerbada repetición hacía que el resultado fuese cada vez mejor. Ademas, Vincenzo no quería que leyera las escenas antes de grabar. Me pedía que de a poco fuera descubriendo lo que le iba pasando a mi personaje. 

—¿Cómo se produjo tu participación en esta película?

—Fue un proceso bien largo. Me llamaron para un casting, ahí conocí a Vincenzo Marra y en seguida tuvimos una buena comunicación. Los dos entendimos qué es lo que podíamos entregarnos pero yo necesitaba más tiempo, no estaba segura de poder hacer bien el personaje. El me preguntó qué necesitaba para sentirme más cómoda y le sugerí hacer de nuevo una prueba. 

—Fue arriesgado de tu parte, podrías haberte quedado sin el personaje…

—Lo sé, pero aunque pueda sonar raro, a mí me gustan mucho los casting. Creo que es una prueba tanto para el actor como para el director. Solo así puede comprobarse si uno es capaz de hacer un determinado personaje. Intentarlo muchas veces, saber de qué se trata y saber cuál es la metodología del director te ayuda a prepararte para lo que vendrá después.

—¿Qué relación tuviste con el resto del equipo?

—Muy buena y con Riccardo Scamarcio, mi pareja en la película, nos llevamos increíble. Riccardo es un gran actor y antes de grabar con él no sabía que era tan conocido en Italia. Cuando salíamos a restoranes con el resto del equipo creo que era más el tiempo que dedicaba a firmar autógrafos y sacarse fotos que a comer. Es una persona muy inteligente y apasionada. Respecto al equipo de trabajo, te puedo decir que es gente que ve el cine como una profesión seria, meticulosa y mágica.

—Este es tu segundo trabajo en el que tu rol tiene que ver con la migración. Primero está Esperanza, una nana peruana que viene a trabajar a Santiago, y ahora interpretas a una chilena que vive en Italia. 

—Es verdad pero son dos personajes distintos. Esperanza venía a Chile a trabajar y necesitaba encontrar un sentido de pertenencia, en cambio en esta historia, Martina, mi personaje, lo único que quiere es escapar de donde está. Hablamos de la migración pero desde dos perspectivas diferentes y la lejanía que tratamos tiene otros matices. Tengo mucha confianza en el director. Espero que a través de esta producción podamos reflexionar sobre temas actuales, como la separación y la migración, porque son cosas que ocurren todos los días. Esta película logra tocar los hilos de nuestra realidad. 

—Estamos acostumbrados a verte en roles bien dramáticos.

—Sí, es verdad, no sé qué ven en mí los directores. A algunos les gusta esa especie de fragilidad que demuestro. Vincenzo Marra me dijo que es como que yo no actuara, las emociones me vienen de adentro. Pero yo no soy quien elige a los personajes–,  nos dice riendo.

—¿Como te preparaste para interpretar a Martina?

—Aprendiendo el italiano. Pero más allá de eso no hubo una preparación especial porque estos dos meses que estuve allí fueron más que suficientes para entender por lo que estaba pasando mi personaje. Estuve lejos de mi casa, sola y sin mi hijo, al principio fue muy duro estar sin él. 

A pesar de que tiene una familia en Italia, Martina ya no puede más. Ella es extranjera y estando fuera de su país se da cuenta de lo importante que es sentirse parte de una nación, tener el mismo acento y compartir una memoria colectiva con el resto de la gente.

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Daniela reconoce que hubo muchas coincidencias con su vida personal que la llevaron a aceptar este rol: “En primer lugar se llama Martina y esa es una coincidencia con mi hijo, Martín. Es extraño pero varios elementos de esta película calzan con mi vida. Eso me hizo sentir especial”. 

—¿Qué aprendiste de esta experiencia?

—Aprendí a resistir, a sentirme frágil. Fueron dos meses muy duros a nivel personal en los que comprendí qué se siente al no tener nada tuyo y estar sola en otro país donde se habla otro idioma y nada es como en Chile. Tuve que aprender a comunicarme de nuevo pero pasó una cosa maravillosa: logré sustituir roles familiares, conocí a una amiga y su tía era como mi tía, su abuela me recordaba a la mía.

—¿Hay nuevos proyectos en televisión?

—Sí, vuelvo a Canal 13 y eso me tiene muy contenta. Aún no sé cuál será el próximo proyecto pero con ellos me siento muy a gusto. Con el equipo del canal hemos hecho cosas increíbles como Secretos en el jardín, que para mí fue una teleserie especial, más allá del personaje que tuve. Siento que contamos una historia interesante y que la abordamos de una forma diferente, logrando despertar un cierto interés por tratar de entender los hechos que ocurrieron.

—¿Tienes planes para internacionalizar tu carrera?

—Me encantaría que la experiencia en Italia pudiese ayudarme en ese sentido, ya que es lo más distinto que me ha tocado hacer en la vida, no solo como personaje sino que como experiencia personal y aunque viví intensamente los dos meses en Italia por ahora mis sentidos están puestos en Chile. La televisión, el cine y el teatro me llaman. 

—¿Qué es lo que te atrae tanto del medio chileno?

—Visto desde afuera el medio cinematográfico chileno me gusta mucho, encuentro que se cuentan buenas historias que retratan momentos de la vida. Es un cine que está bien enfocado e intenta dar una opinión acerca de las cosas. Me gusta lo que hago.