Algunos pensaron que Día de la Independencia: Contraataque era una broma. Pero no. A exactos viente años de este blockbuster que destruyó las taquillas mundiales con más de 800 millones de dólares de recaudación y situando a Will Smith como héroe de acción, el director alemán Roland Emmerich, sacó del congelador su historia de los alienígenas atacando el planeta. Hace 20 años el nacionalismo norteamericano sacaba ronchas, pero 20 años después la fórmula propone un mundo unido, sin guerras y con tremendos avances gracias a la tecnología extraterrestre.

Todo hasta que nuestros temidos marcianos escuchan la señal de auxilio y regresan a cobrar revancha. La premisa es más que simple y ahí Emmerich —el mismo de Godzilla, El día después de mañana y 2012, no se pierde—. Apelando a la memoria emotiva, recuerda a Will Smith, quien no quiso regresar a la saga, devuelve a escena a los recordados Jeff Goldblum y Bill Pullman, que conectan este presente, nuevamente catastrófico, con el de ese año 1996.

El que diga que nunca vio El día de la independencia miente o no tiene televisión, pues debe ser una de las películas más repetidas en pantalla chica de la historia junto con Duro de matar. Esa base de público, si decide ir al cine, no saldrá defraudado. Día de la Independencia: Contraataque ofrece nostalgia mezclada con los últimos adelantos tecnológicos en efectos especiales, que harán parecer a su antecesora una película del siglo pasado… algo que efectivamente es así.

Emmerich es experto en películas de catástrofe y aquí juega sin problemas con escenas de destrucción monumentales y gags que pueden entender grandes y chicos. A su favor, se nota que en 20 años aprendió la lección y no repite esos discursos moralistas y nacionalistas intragables y se abre a historias paralelas, básicas, pero que funcionan.

Si quiere cine-arte, esto no es recomendable. Si quiere acción, naves espaciales y una historia simple, compre su ticket. Si no, aguante un tiempo, pues de seguro en un año ya estará en el cable.