Apostando por un viaje espacial entre el presente, alguna época de la antigua Grecia y la Primera Guerra Mundial llega Wonder woman, dirigida por Patty Jenkins (Monster) y con la israelí Gal Gadot interpretando a Diana Prince, la más poderosa de las amazonas, esa raza de mujeres sabias y guerreras creadas por Zeus y destinadas a luchar contra Ares, el Dios de la guerra.

Aunque a primera vista estos viajes temporales de Diana parecen forzados, en realidad son la base para una sólida historia de superhéroes. Por lo pronto, completamente superior a sus “hermanas” El hombre de acero, Batman v. Superman y Escuadrón suicida.

La caída de un piloto norteamericano (Chris Pine) en la paradisíaca isla de las amazonas es la que detona la acción y comienza a cuajar el carácter de la Mujer maravilla, para muchos reducido a los sexistas recuerdos del personaje televisivo de los años setenta, protagonizado por Lynda Carter. Frente a eso, Jenkins y Gadot generan un poderoso entramado para dotar a Diana de una perspectiva emotiva de la humanidad. Consciente de su fuerza, la mujer maravilla es trasladada a ver las atrocidades de la Primera Guerra Mundial, a entablar relaciones con seres despojados, atormentados y allí es donde la superhéroe brota.

Más allá de las logradas coreografías de pelea, la potente entrega visual y un guión autosustentable, lo mejor de Wonder woman es mostrar con sabiduría el poder femenino.

Encaminada a romper con la estadística de que las películas de superhéroes mujeres fracasan en taquilla, Diana de Themyscir, hija de Zeus, es la primera de su clase que cree en el poder del amor. Una palabra que por estos días parece incluso “retro”, pero que en boca de Gal Gadot, convence, entretiene y promete buen futuro.