Pensar en Misión imposible en 2018 y que la siga protagonizando Tom Cruise, provoca dos tipos de reacciones. Un ¡hasta cuándo, qué aburrido! y otra de respeto y admiración por la nueva historia del todoterreno agente Ethan Hunt.

Es que para muchos, lo imposible era imaginar que la sexta versión cinematográfica de la saga, iniciada por el mismo Cruise en 1996, llegaría a estas alturas dando cátedra en el panorama de las cintas de acción.

Con guión y dirección de Christopher McQuarrie, el mismo de MI5 nación secreta y también de Jack Reacher, Misión imposible: repercusión tiene una energía poderosa que nos muestra sin reservas cómo el superhéroe de acción, el implacable agente Hunt, también flaquea. Los años parece que lo han ablandado. Aunque Cruise ya está en los 56 años, su Ethan Hunt —sus dobles de acción, en realidad— siguen saltando edificios, corriendo en moto por París o teniendo unas luchas salvajes en helicóptero.

Esta vez, Hunt debe desarmar a un grupo de traficantes de plutonio que amenazaba con tres bombas a media humanidad. Con esas premisas simples pero avasalladoras, Cruise se lanza en tobogán por esta franquicia de la que ha sido permanentemente productor y que, con buen ojo, ha pasado por la mano de directores como Brian de Palma, John Woo, J.J. Abrams o Brad Bird, hasta llegar a McQuarrie, quien instala en Repercusión a un protagonista más preocupado de la vida de su equipo (Ving Rhames y Simon Pegg) y la suerte de las mujeres de su vida (Rebecca Ferguson y Michelle Monaghan), todos involucrados en un complot que tiene como villano, con cara de bueno, a Henry Cavill (Superman).

Una película de acción a la antigua usanza, de esas que entretienen hasta a los más resistentes con esos giros tan propios de la saga. Cruise se da el digno lujo de dejarse aporrear y mostrar que ya tiene sus años. La película funciona en todos sus planos y seguro ganará millones con Repercusión. Bien ganado se lo tiene.