Esperada adaptación de la novela de Andre Aciman, Call me by your name es una especie de Secreto en la montaña versión europea. No. Decir eso es fácil y no tiene que ver en nada con la realidad, pero puede ayudar a un público no interiorizado con estas temáticas a ver hacia dónde van los tiros.

Dirigida por el italiano Luca Guadagnino (Cegados por el sol, Los protagonistas), llamado por algunos críticos un “fascista de la belleza”, la película, que ya anuncia secuelas, muestra la poderosa historia de deseo y dolor entre Elio (Timothée Chalamet, sorprendente y nominado al Oscar) un joven músico de 17 años y Oliver (Armie Hammer), un hombre joven invitado a pasar una temporada en la casa familiar de su profesor en la Liguria italiana en 1983.

Con la intensidad de un amor de verano y la paciencia de un zurcidor japonés, Guadagnino nos presenta sin pausa pero con toda calma este proceso de enamoramiento, despertar erótico y sexual en un plano fuera de la mirada enjuiciadora sobre el mundo gay. Por lo tanto, más que una muestra de un amor homosexual, Call me by your name fluye hacia otros caminos: los del duro y forzado autoconocimiento . El florecer de una especie que no sabe cuáles son sus posibilidades.

Una mirada certera al primer amor y que coincide con la homosexualidad del vínculo no sirve para abarcar del todo la propuesta de Call me by your name. Una explosión de sensualidad universal, de belleza simple y también de apertura intelectual — con uno de los mejores diálogos padre-hijo vistos en cine— son los mayores catalizadores de una historia potente, muy bien actuada, dirigida y filmada. De seguro será sorpresa y se llevará más de un premio el próximo 4 de marzo en el teatro Dolby de Los Angeles.