Una de las mayores bellezas visuales del año. Eso y toda la potencia nerd del mexicano Guillermo del Toro (El laberinto del fauno) son los puntales de la premiada La forma del agua, la gran obra de Del Toro, donde logra a la perfección una fórmula donde su amor por las películas viejas, los cómics y un romanticismo bien latino cuajan en una fantasía llena de cuidadas referencias a la Guerra Fría, los monstruos reales y el amor sin fronteras.

Protagonizada por Elisa Esposito (Sally Hawkings), la cinta muestra la historia de esta mujer, muda, que trabaja en un laboratorio secreto norteamericano donde llega, en plenos años sesenta, un monstruo medio anfibio, medio humano del que se enamorará perdidamente. Jugando con temas actuales como la discriminación a los diferentes, léase mudas, afroamericanos, monstruos acuáticos u homosexuales, todos protagonistas de la cinta, Del Toro se juega toda su artillería en desarrollar esta fantasía e invitar al público a flotar en un universo casi poético. El monstruo, torturado cruelmente como supuesta pieza clave para ganar la carrera espacial a la Unión Soviética, es el detonante de la violencia, la humanidad y el amor, transformando todo a su paso.

Más allá de la impecable forma, la gran banda sonora y las actuaciones de alto vuelo del elenco que completan Michael Shannon, Richard Jenkins y Octavia Spencer, el gran triunfo de Del Toro (Guión y dirección) radica en lograr estrujar la belleza del conjunto. Sólo él puede hacer que una barrendera muda nos remita a la maestría y talento de Charles Chaplin. Imposible que otro en Hollywood consiga hacer verosímil una historia de amor entre una solitaria y un monstruo. Si sigue recolectando trofeos —lo hará— La forma del agua será el mejor premio para el nerd más adelantado de Latinoamérica.