Ganador del Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 2015 por Ida, que venció a la argentina Relatos salvajes y ahora elegido mejor director en el último Cannes, Pawel Pawlikowski merece algo más que una oportunidad para contemplar su cine.

Esta vez su potencia audiovisual vuelve al blanco y negro en Cold war, un estilizado drama sobre una aporreada historia de amor en los primeros años de la dura guerra fría. Recorriendo la Polonia comunista, Berlín, Yugoslavia o la liberal Francia desde 1949 hasta entrada la década de los sesenta, Pawlikowski nos arrastra por la pasional historia de Wiktor (Tomasz Kot) y Zula (Joanna Kulig) un músico que selecciona jóvenes talentos polacos entre los que se encuentra la joven y oscura Zula.

Desde que se conocen, el contexto represivo de una época marcada por las separaciones se apodera de este intento de pareja, que se debate en la tragedia de un amor ahogado entre la burocracia stalinista y el desenfreno liberal parisino, que van turnándose para unir y separar a los protagonistas, quienes aparecen como títeres dentro del escenario internacional de guerra no declarada, donde todos son sospechosos y nadie sabe quién es el verdadero enemigo. Pawlikowski, quien de seguro competirá con Roma de Alfonso Cuarón a la mejor película extranjera, merece ser vista como una delicada y reluciente joya que flota en el chiquero. Probablemente su director lo quiso así. Una tardía lectura de un drama romántico estilo film noir.