Queríamos titular este artículo “los cultores del gore chileno”, aludiendo a ese subgénero cinematográfico caracterizado por la profusión de sangre y escenas explícitas de violencia que tantos adeptos tiene entre los fans del audiovisual. Pero no. “Aunque me encantaría, para eso hay que tener plata para buenos efectos especiales”, explica Patricio Valladares (33), quien en estos días rueda su película Toro loco sangriento, protagonizada por Francisco Melo. “Hay gente que ve un poco de sangre y altiro dice gore. Dejémoslo en violencia gráfica”.

“Aunque suene loco, es una violencia con contenido narrativo, porque no se trata de mostrar sangre y violencia porque sí, sino que tratamos de contar una historia”, agrega Lucio Rojas (35), quien este año estrenará dos películas: Perfidia, protagonizada por Catherine Mazoyer e Iñigo Urrutia; y Sendero, con Tomás Vidiella encabezando una familia de asesinos que hace pasar malos ratos a Andrea García-Huidobro y Diego Casanueva, entre otros.

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Para Valladares, oriundo de la VIII Región, todo comenzó cuando era niño y en sus manos cayó un cómic del personaje de Conan el Bárbaro, ver esas imágenes de violencia, sangre y mujeres voluptuosas le hicieron pensar en convertirse en dibujante. “Traté de publicar un cómic que hice en el liceo, pero era muy costoso. Al final, se me ocurrió convertir esa historia en un cortometraje. Y ahí como que le agarré el gusto. Igual estaba muy pegado con las películas de cine gore alemán, que era muy fácil, era como una cámara VHS y amigos”. Cintas como Robocop, de Paul Verhoeven, y luego el cine de Lucio Fulci, David Cronenberg, Takeshi Miike, Robert Rodríguez y muchas horas viendo cine arriba de buses interprovinciales hicieron su parte.

Mientras Patricio vive y trabaja entre Chillán y Concepción, Lucio Rojas nació en Santiago, pero pasó gran parte de su infancia y adolescencia en Aysén y Coyhaique. “Yo soy generación videoclub totalmente. Allá donde vivía llegaba una sola radio y TVN. Cómo sería la orfandad audiovisual, que encontraba buenos Los Venegas”. Aunque después estudió en la Escuela de Cine en Santiago, para Rojas fue clave esa formación viendo todo tipo de películas que pillaba en el video club local. “Ahí arrendaba las típicas que llegaban en esa época, que estaban de moda y que uno se impresionaba con las carátulas, como El vengador tóxico y que decían ‘estrictamente prohibida para menores’. Y eso me llamaba la atención”.

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Aunque puede que pocos hayan visto alguna vez una película de estos directores, ellas existen. Mientras estaba estudiando en la Escuela de Cine de Chile, Lucio filmó una historia de acción y zombies junto a su compañero Cristián Toledo. Muerte ciega, su primer largometraje, fue filmada entre septiembre y octubre de 2001 en los alrededores de la capital. Con un presupuesto ínfimo y muchos amigos, crearon una historia de un grupo de militares enfrentados a una crisis de muertos vivientes. Tras algunas negociaciones, su ejercicio de poco más de un millón de pesos fue retitulado como Zombie Dawn y estrenado comercialmente en veintidós salas de Estados Unidos, logrando una muy buena acogida en sitios especializados, y comenzando un recorrido por distintos mercados como México y Japón.

“Cuando la hicimos, nuestra máxima aspiración era subirla a internet o a darla en algún festival comunal. Pero la empezamos a mandar a festivales y, por esas cosas del destino, la compró un distribuidor gringo especializado en películas clase B. Películas que pueden ser súper defectuosas, pero que igual encuentran un mercado. Así, terminó saliendo en DVD en varios lados. Eso me sirvió para darme cuenta de que este tipo de películas se mueven afuera. Uno es súper consciente de que hay que vivir de esto, y eso es lo difícil. Esa película me dio el espaldarazo para hacer cine de género”.

Por su parte, los trabajos de Patricio Valladares tampoco llegaron a los multicines chilenos ni mucho menos, pese a que lleva años dedicado al cine de guerrilla.

Para hacer cine de bajo presupuesto, es clave contar con buenos amigos, colaboradores fieles, y ser capaz de entusiasmar a otros para que se sumen a proyectos que pueden parecer descabellados con zombies, asesinos seriales y violencia. “Al principio comencé con amigos”, cuenta Valladares, “el problema es que todos eran muy iguales, el mismo estereotipo de amigos. Al final me dediqué a ir a cantinas a buscar borrachos y ahí empezaba a meter gente que tuviera rasgos faciales bien marcados. Se me hacía mucho más fácil que no fueran actores porque no tienes que mamarte eso de ‘cuál es mi personaje, mi motivación’ o cuestiones así. Te saltabas todo eso. Tú le decías: ‘tírate al suelo, grita, y listo”.

En el año 2009 con su película Dirty Love, Pato Valladares estuvo presente en el festival especializado de cine fantástico de Sitges, en España. Luego vino Toro loco, donde además de su grupo habitual de colaboradores, participó Felipe Avello. La siguiente película fue En las afueras de la ciudad, la que contó con mayor presupuesto y que tuvo un remake en Estados Unidos, a cargo del propio realizador.

Para materializar ese proyecto, por primera y única vez, el cineasta consiguió fondos del gobierno regional. “Fue gracias al gobierno que logré financiarla, pero fue una tremenda mentira. En el proyecto decíamos que era un drama contemplativo, que hablaba sobre el campo chileno. Pero era una historia sórdida de violencia gráfica, aunque claro, ocurría en el campo, eso sí. Y bueno, matar a alguien brutalmente… eso es dramático poh”.

Para la película que durante el 2012 participó en una docena de festivales especializados en todo el mundo, contó con algunos actores profesionales, como Daniel Antivilo y Siboney Lo.  Así logró concretar la primera cinta que quedó como él quería. El filme, no estrenado en Chile, consiguió distribución en Estados Unidos, Alemania, Australia y Japón, y gracias a su paso por el Fantasia Film Festival de Montreal, obtuvo la posibilidad de una versión filmada en territorio norteamericano.

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—¿Cómo surgió la posibilidad del remake?

—En el jurado estaba Michael Biehn, y no me acordaba quién era. Yo preguntaba: ‘¿y quién es Michael Biehn?’, y me dijeron: ‘El de Terminator’. Me junté con él, y como buen actor, me habló como media hora, del personaje, que le gustaba la película y bla, bla, bla. Ahí me ofreció la idea del remake. Yo al principio no quería mucho, pero al final igual me ayudaba, las lucas eran buenas y servía para generar ruido. Pero no fue una experiencia tan linda. Era duro transar con los sindicatos y los actores, y había mucha presión, sobre todo para mí que venía trabajando de manera más relajada. Allá hasta el extra tiene agente y tienes que respetarlo y tonteras así. 

Cuando vivía en el sur, Lucio Rojas leía mucho. Y antes de decidirse a estudiar cine, pasó por la carrera de Derecho y luego estudió Administración Pública. Todas esas experiencias le han servido a la hora de hacer cine. Pero la que más le ayudó, sin duda, fue su experiencia como dueño de una tienda de videos en el centro de Santiago entre los años 2003 y 2012. En Gala, ubicado en una galería de calle Huérfanos, vendía y aprovechaba de ver todo tipo de cine. “Traíamos toda clase de películas, cosas más raras, y coincidió con mi ingreso a la Escuela de Cine. Siento que fue una preparación, una profundización por mi gusto por el cine fantástico y de terror, entre otros”.

Tras la experiencia de Muerte Ciega/Zombie Dawn, Lucio Rojas está full abocado a sus nuevas películas. Su cinta de suspenso Perfidia, debería estrenarse en enero de 2015. Tendrá un estreno reducido con seis u ocho copias. “La idea es arriesgar lo menos posible porque uno sabe que va a ir poca gente. Sendero por el contrario sí tiene aspiración de estrenarse acá. Lo bueno es que nosotros, con mis productores ejecutivos, formamos una empresa que se llama Border Motion Cinema para hacer cine de género. En un principio solo películas nuestras, pero la idea es poder producir trabajos de otros e ir sumando inversionistas privados como lo hemos estado haciendo hasta ahora”. 

Trabaja afanado en las oficinas de la productora en el sector de El Golf, terminando la postproducción de Sendero, una historia del subgénero survival (donde un grupo de jóvenes perdidos en algún lugar alejado y que debe sobrevivir al ataque de despiadados asesinos), ya prepara al menos dos nuevos proyectos. Aunque de distinto tono y temática, son diversas expresiones del género fantástico y de terror.

“Lo que estamos haciendo gente como Pato o yo, son cosas que no se habían hecho antes, en general el cine local es súper tradicional, y las cosas de género correspondían a una estructura súper clásica”, explica Lucio. “En cambio ahora se están haciendo películas que, influidas por lo más reciente del cine de terror francés, belga o canadiense. Estamos experimentando. Para los actores que trabajaron en Sendero, hacer algo como esto igual es nuevo’”.

Para Sendero, Rojas contó con un elenco que incluye a destacados actores jóvenes como Andrea García-Huidobro, Diego Casanueva, Sofía García, Felipe Contreras y Javiera Hernández, además de Tomás Vidiella, quien aceptó con entusiasmo sumarse a un proyecto de estas características, con impactantes escenas de violencia, mucha sangre, violación, tortura y miembros cercenados. “Pidió ver el guión, aunque tuvo algunos reparos, claro, porque le toca unas escenas bien fuertes, pero todo bien”.

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—¿Por qué creen que actores como Pancho Melo y Tomás Vidiella aceptan hacer este tipo de películas?

Lucio: —Porque a todos los actores les gusta hacer cine. Y tener protagónicos.

Patricio: —Y saben que es fome hacer teleseries. 

—¿No tienen prejuicio con las cintas de género?

Lucio: – A mí el terror que más me gusta es el terror de humanos. El terror sobrenatural me gusta igual pero me gusta con personajes malos. Y claro, en la película Vidiella está con hacha, pistolas, cortándole ciertas partes a algunas personas, y yo creo que le atrae eso, porque igual la película está bien escrita, porque si el guión es un mamarracho sin ni pies ni cabeza, no se van a interesar. Especialmente cuando son gente que tienen experiencia en dirección, como Vidiella o Andrea García Huidobro. Lo bueno de tener actores así, es que es gente de mucho carácter, de hecho a ratos fue intensa y tensa. El rodaje fue mi propio Apocalipsis Now, pero más allá de eso, toda esa intensidad, el carácter que tienen, aportó mucho a la película y eso transcendió en pantalla.

Patricio: -Tienes que respetarlos igual. Por ejemplo, en la película que hice en Estados Unidos, fue bien difícil a nivel de actores. Todos estaban bien, no queríamos hacer muchos cambios, pero al momento de grabar algunos eran bien apasionados y a la vez complejos para trabajar. Pero cuando ves el trabajo en cámara te das cuenta de que ellos saben hacer su pega. Uno tiene que transar y saber cuándo tienen razón. Y agradecerles por la confianza.

En estos días, Patricio Valladares está en Santiago, filmando su primera producción capitalina. Acá consiguió apoyo y financiamiento para Toro loco sangriento que, explica, es una suerte de reboot o secuela o “una cosa así”, de su anterior filme Toro loco. “Es como lo mismo, pero igual tiene continuidad con la anterior. Pero como esa es tan underground y tan mala, da lo mismo. Se puede ver como una película totalmente nueva”.

El protagonista es Francisco Melo, y junto a él, forman parte de esta historia de venganza, crímenes y bajos fondos, Mauricio Pesutic y su hijo Simón, en su primera película para el cine juntos. Además, estará la joven actriz Constanza Piccoli (Mamá mechona), Matías López y una galería de personajes curiosos como Felipe Avello, que se repite el plato, el ex chico reality Junior Playboy, el físico culturista Christian Lobarede y los Millenium Show, además de algunos de sus colaboradores habituales.