Bajo la dirección del australiano Jonathan Teplitzky y las actuaciones de Colin Firth, Nicole Kidman, Jeremy Irvine, Stellan Skarsgård y Hiroyuki Sanada, Un pasado imborrable (The Railway Man) presenta la historia de Eric Lomax (Firth), un soldado británico capturado por tropas japonesas y obligado a trabajar como esclavo en la construcción de una vía férrea durante la Segunda Guerra Mundial.

Basada en una historia real, la cinta se presenta en los años ochenta cuando Lomax y sus compañeros de armas se juntan silentes a beber cerveza e intentar, inútilmente, olvidar las huellas de sus tormentos. En ese trance, Lomax conoce a Patti (Kidman), una mujer recién separada y de la que se enamora perdidamente. Esa historia de amor es la que reabre con furia las heridas del soldado, quien atormentado por las torturas que sufrió como prisionero, es empujado a la venganza al saber que su verdugo sigue vivo.

La tensión entre torturador y víctima, acompañado por la desesperada necesidad del personaje de Kidman por ayudar a sanar las heridas de su marido, son los puntos fuertes de esta cinta de drama con pinceladas bélicas, que intenta adaptarse lo más fiel del texto autobiográfico que el mismo Lomax publicó en 1995 y que se convirtió en best seller en Inglaterra.

Compartiendo contexto histórico con El puente sobre el río Kwai, Teplitzky intentó evitar cualquier tipo de comparación instalando la historia en dos tiempos: la guerra y treinta años después, destacando la interpretación joven de Lomax del actor Jeremy Irvine.

Odio y reconciliación en el péndulo, Un pasado imborrable nos muestra el último paso antes del abismo de un hombre que está obsesionado con los trenes. La película, llena de sobriedad y contención, está hecha en trazo grueso, con movimientos poco plásticos, transiciones bruscas, pero siempre salvadas con las elegantes actuaciones de Firth, Kidman o Stellan Skarsgård. Acá, la historia daba para más. 

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