Sergio de Castro, Carlos Massad, Ernesto Fontaine, Rolf Lüders, Ricardo Ffrench-Davis, Juan Gabriel Valdés. Esta no es la lista de invitados a la Enade. Son los protagonistas y fuentes de información de Chicago Boys, el documental que acaba de ganar Sanfic (mejor dirección) y que hoy salta a salas comerciales como una pieza digna de reconocimiento, incluso como material pedagógico.

Sabemos de sobra de la gran calidad del género documental en Chile, pero Chicago Boys, dirigida y producida por la periodista Carola Fuentes (ex Contacto) y Rafael Valdeavellano, va un paso más allá. Haciéndose cargo de la pregunta que ronda en toda nuestra sociedad respecto de las bondades y defectos de nuestro modelo económico, Chicago Boys va directamente a ese grupo de estudiantes de la Universidad Católica que, desde 1955 y en pleno apogeo de la Guerra Fría, comenzó a formarse, becados en la Universidad de Chicago, bajo la mirada del gurú del neoliberalismo, Milton Friedman y su mano derecha, Arnold Harberger, “Alito”, como lo llaman sus discípulos.

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Un viaje a un nuevo mundo de alta competencia estudiantil y economía espartana, que sólo dejaba pasar un “sanguchito del McDonald’s” como gran lujo, además de una camaradería a toda prueba, fueron dando potencia a este grupo de economistas, desechados en sus ideas por Jorge Alessandri tras su regreso a Chile, pero que más tarde terminaron siendo el sostén económico e ideológico del recién instalado régimen militar que derrocó a Salvador Allende.
Sin maromas ni estridencias, la dupla Fuentes-Valdeavellano sigue la ruta íntima de estos hombres de gran capacidad técnica e intelectual, para algunos culpables de las fuertes desigualdades que actualmente vive el país y para otros, los arquitectos del “milagro económico de Chile”. La mirada documental-periodística es inquieta, quiere saber, develar, pero no enjuicia. Las conclusiones las tendrá el espectador en su butaca y las podrá masticar un largo tiempo. Porque lo que partió hace 60 años, todavía influye a todos los habitantes de este país.

Simple, sin entrar en cifras lejanas ni teorías complejas, Chicago Boys —financiada con fondos del instituto Sundance, que fomenta el cine independiente—, nos pasea amablemente por los cimientos de nuestra sociedad. Una que por estos días tiembla bastante. Tranquiliza poder ver en primera persona cómo se gestó nuestro modelo. Ese logrado tono íntimo de los protagonistas nos revela su paradigma y, de pasada, el que legaron al país.