Los juegos del hambre: Sinsajo-parte 1, es la nueva entrega de la incendiaria y “política” trilogía que con gran éxito ha pasado a pantalla luego de que las novelas de Suzanne Collins se encumbraran en más de 65 millones de copias vendidas en el mundo.




 

Aquí la historia de Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence), parte con la protagonista destruyendo los crueles juegos —una especie de sacrificio azteca ultramoderno— para luego ser rescatada por el sobreviviente Distrito 13, liderado por la presidenta Coin (Julianne Moore), quien encabeza a miles de personas que viven bajo tierra preparando la revolución de la que la protagonista es el mayor símbolo: El sinsajo.




 

Tanto Moore como Lawrence son aconsejadas por dos pesos pesados: Haymitch Abernathy (Woody Harrelson) y Plutarch Heavensbee, uno de los últimos papeles que Philip Seymour Hoffman dejó antes de su muerte, esta vez como la mente tras la rebelión.




 

Con secundarios sólidos, una atmósfera oscura, contenida, que enciende los motores de una revolución inevitable, Sinsajo es la primera jugada entre el Capitolio y los distritos por la libertad y por liberar al compañero de Katniss, Peeta Mellark (Josh Hutcherson) del lavado de cerebro que el Presidente Snow (Donald Sutherland) le prepara desde el Capitolio, el centro político de Panem.




 

Acción, épica, un relato simple y héroes cercanos forman la receta de “Los juegos del hambre”, que en su tercera entrega no falla ni pierde puntos. Su crítica velada al poder político totalitario y al rol alienante de los medios, es miel para el público joven seguidor de esta franquicia, que en este capítulo funciona perfecto como puente para esperar un final a lo grande. En Sinsajo, todos los personajes ganan en profundidad y anuncian que la revolución, con la voz de Lorde de fondo, está a la vuelta de la esquina.




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