Lo tiene todo: belleza, un Oscar, familia, prestigio, una compañía de teatro. Pero Cate Blanchett siempre salta. Se lanza hacia aquello en que no tiene todas las cartas seguras. Ama la adrenalina. Y en ese espíritu este mes se pone la camiseta de “debutante”: por primera vez en las manos de Woody Allen en Blue Jasmine. También estrena su faceta tras cámara como directora en la película The Turning, donde está a cargo de una de las historias que compone la producción.

Pero Cate Blanchett siempre salta. Se lanza hacia aquello en que no tiene todas las cartas seguras.

El realizador de Manhattan convocó a la australiana para este nuevo título que, según reveló él mismo a Wall Street Journal, se basa en una historia real que le relató su mujer (y ex hijastra…) Soon Yi Previn. De esta manera, Blanchett entra al abanico de intérpretes icónicas de Allen: Diane Keaton, Mia Farrow, Meryl Streep, Judy Davis, Gena Rowlands, además de las recientes Scarlett Johansson y Penélope Cruz.

Allen, reconocido por la creación de personajes femeninos complejos, hace años figuraba en la lista soñada de directores con los que Cate quería trabajar. Por eso, no titubeó ni por un segundo para aceptar la propuesta de interpretar a Jasmine. “Esta clase de oportunidades no aparecen todo el tiempo. El personaje es una combinación de Ibsen, Tennessee Williams y Shakespeare”, comentó a inicios del rodaje.

Blue Jasmine toma a una mujer (Blanchett) que lleva un nivel de vida altísimo en Manhattan, tras casarse con un ejecutivo del mundo de las finanzas (Alec Baldwin). Luego de ser víctima de un descalabro económico, la protagonista queda en la ruina. Y, sin un dólar ni pareja, parte al otro lado del país: San Francisco. Hasta allá llega con su hermana (Sally Hawkins), quien trabaja como una sencilla empleada de una tienda de abarrotes.

Por ningún lado se trata de la heroína ideal: en este papel Blanchett se la pasa tomando alcohol y pastillas, además de ser errática en sus comentarios. Pero resulta imposible no seguirla en cada toma. Hasta el propio Allen juega con esa dicotomía entre desagrado y elegante belleza (la misma que ella despliega en la nueva campaña de Armani). Con o sin tragos encima, la cámara la adora.

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Efecto “masaje”

Pasó los 40 y resiste sin esfuerzo un close up. En una industria donde abundan las inyecciones e intervenciones para saciar la ansiedad por mantener la juventud, esta ganadora de la Academia por El Aviador revela su rutina. Y da cuenta que en asuntos de belleza es tan matea como en la construcción de sus personajes.

—A los 44 años, ¿cómo mantiene esa piel impecable?
—Amo los productos que puedo aplicar en la noche, cualquier proceso que puede hacer efecto cuando duermo siempre ahorra tiempo. Si tengo que leer algo en cama, me pongo una mascarilla y aceite de almendras en el pelo para lavarlo por la mañana.

—¿Y las horas de sueño?
—Trato de dormir ocho cada noche, pero mis hábitos son irregulares. Con mi marido hemos desarrollado un sistema de turnos para aprovechar el tiempo de descanso.

—¿Cuesta con hijos pequeños?
­—Tenemos tres (Dashiell, Roman e Ignatius). Uno entra en la cama a las once de la noche, luego el siguiente a las tres y el otro a las cinco de la mañana. Me he acostumbrado a dormir en bloques de dos horas.

­—¿Cómo toma el paso del tiempo en su carrera?
­—Siempre la gente le pregunta a las actrices: ¿No le asusta la vejez? ¿Percibe la presión por estar joven? Y bla, bla, bla… En realidad siento menos presión que un montón de otras personas que conozco porque tengo una rutina que funciona para mí. Me siento más confiada en mi piel que hace 10 años. No todo el mundo puede decir eso.

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—¿Por qué?
—Todos se enfocan en la edad, porque todos vamos en la misma dirección, tratando de resistir ese tránsito. Para evitar la presión sólo debes trabajar con lo que tienes. Soy muy básica y floja en cuanto a lo que uso: me he mantenido con productos SK-II. Antes de una gran noche —como lo fue el estreno de El Hobbit en Londres— me pongo una máscara sobre los ojos y otra de iluminación.

—¿Cómo es su relación con el maquillaje en la actuación?
—Me fascina todo el proceso de desarrollo de un papel con el uso de maquillaje. Cuando niña siempre me atrajo ver cómo los cosméticos pueden cambiar una cara.

—¿Y cuando no está actuando?
—Mantengo mi maquillaje simple. Tiendo a parecerme una panda si me pongo demasiado (ríe). Mezclo base con filtro solar y aplico un poco de rubor, que es ideal para darle vida a la tez pálida. Normalmente destaco mis ojos con un poco de rímel y sombra. Las paletas de colores de Tom Ford son geniales, ya que hacen muy fácil todo el proceso de aplicación.

—Más allá de productos, ¿existe un elemento clave?
—La terapia de masaje: la forma de aplicar los productos en la piel y el maquillaje son muy importantes. Creo que cuanto más se trabaja bajo la dermis, menos se tiene que ocultar. Me encanta tener mi maquillaje hecho —especialmente cuando lo aplica la make up artist Mary Greenwell—, pero creo que el masaje resulta clave. Eso es algo que aprendí de ella. Siempre piensa en los cosméticos como obstrucción, como un estuco que sólo se encuentra en la superficie. Utilicen una base de serum y luego un masaje en la piel. Se ve mucho más natural.

—¿Alguna manía personal?
—Le tengo miedo a los tratamientos faciales. ¡No quiero que otra persona me pellizque la cara! Si su piel se ve cansada, probablemente usted está un poco cansada. Si me siento así, intento la acupuntura, ya que todo finalmente es sobre el flujo sanguíneo. Opto por eso cada vez que puedo. Cuando estoy en el set me encanta la limpieza con una toalla caliente. ¡Me afeitaría si pudiera! Las personas a menudo dicen que los hombres se ven mejor con la edad, y es debido a que se exfolian todos los días con el afeitado. Sin embargo, tiendo a no exfoliarme demasiado porque sé que si me limpio bien no lo voy a necesitar. Se trata de ahorrar tiempo.

> Revisa el tráiler de Blue Jasmine