Agosto, dirigida por John Wells, es una patada en los genitales para cualquier espectador desprevenido. Basada en la obra de Tracy Letts —ganadora del premio Pulitzer—, Wells reunió en el elenco a nombres como Meryl Streep, Julia Roberts, Ewan McGregor, Juliette Lewis, Chris Cooper, Benedict Cumberbatch y Sam Shepard para, cual megaterremoto, dar un tremendo sacudón a todos los pilares de lo que entendemos por familia.

Violet (Streep) es el émbolo de los Weston, una familia de la árida ciudad de Oklahoma que abre sus puertas para mostrarnos que los trapos sucios siempre se lavan en casa. Solitarios luego de la partida de sus hijos y cubriendo su crítica situación como pareja, los patriarcas Weston sobreviven a punta de normas de convivencia lúgubres. La bomba explota cuando Beverly, el padre de la familia (Shepard), un poeta alcohólico, desaparece y luego nos enteramos de su suicidio. Es allí cuando Violet, sobreviviente a un cáncer y con algo de deterioro cerebral por su adicción a los calmantes, decide lanzar toda su artillería de odio, resentimiento y dolor frente a su familia, que llega a acompañar el funeral de su esposo.

Empastillada hasta el límite de la cordura, toda su agresividad se concentra en sus tres hijas (Julia Roberts, Juliette Lewis y Julianne Nicholson), sus parejas e incluso una nieta. Miserias tapadas por años, dolor, recriminaciones cruzadas, soledad, desilusión y frustración. Un coctail amargo servido con calidad por Streep y Roberts, nominadas ambas a mejor actriz principal y de reparto en la última entrega de los premios Oscar.

Una especie de pesadillesca versión de La pequeña casa en la pradera nos ofrecen los Weston, con actuaciones tan brillantes como teatrales y diálogos duros como la piedra que provocan reacciones extremas como el rechazo o el silencio del estomago apretado. Si alguna vez se sentó en la mesa familiar pensando en lo terrible del trance, espere ver Agosto.

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