“Durante años la gente me ha preguntado si me importa ser recordada como la princesa Leia. Solía decir que no. Pero ahora tengo que reconocer que a veces me molesta, sí. Me sigue como un olor que se te pega”.

Carrie Fisher es un icono de cine. Es Leia, la princesa original, la heroína de la saga de ciencia ficción más popular y exitosa de todos los tiempos. Aunque ella estaba destinada a ser un personaje de Hollywood sin haber actuado nunca. Hija de famosos, estuvo inmersa desde siempre en ese mundo de oropel, leyendas y tragedias amplificadas por el morbo de ser celebridad.

Tras años de vivir de laureles pasados, drogas, alcohol, depresiones y sobrevivir sobre la base de autoironía, la hija de la estrella de cine Debbie Reynolds y el ídolo de la canción Eddie Fisher ha vuelto al primer plano gracias al nuevo capítulo de La Guerra de la Galaxias. Hijastra de Elizabeth Taylor, ex mujer de Paul Simon y símbolo sexual de nerds y fanáticos de la ciencia ficción regresa a la pantalla grande a los 59 años, con el personaje que la convirtió en inmortal.

Cuando los estudios Disney compraron los derechos de Star Wars a su creador, George Lucas, comenzó la millonaria operación de darle un nuevo aire a una de las franquicias más revolucionarias de la industria cinematográfica. Al principio fueron solo rumores, pero finalmente fue anunciado oficialmente, los jóvenes actores del filme original de 1977, volverían en la nueva cinta, 38 años después. “Estábamos en un evento de Star Wars Celebration”, cuenta Carrie Fisher. “Nos llevaron a una sala y nos sentaron alrededor de una mesa alargada, como si fuéramos a tener una reunión de accionistas. Pero no se trataba exactamente de eso”. Y aunque la actriz devenida en guionista y escritora se ha hecho célebre contando las duras secuelas de su explosiva fama con Star Wars y ha hecho carrera riéndose de sí misma y de su personaje, no tuvo dudas en aceptar. Y de entusiasmarse con la propuesta del joven director de la nueva saga. “Lo que sentí con J.J. Abrams es que él amaba estas películas. No sólo forman parte de su historia; forman parte de su infancia. Muchos niños crecieron viendo estas películas, y J.J. es uno de ellos. Y siente una enorme responsabilidad hacia este mundo que ha atesorado. Y lo tomaba seriamente. Estaba enormemente entusiasmado. Eso entraña una gran responsabilidad, y él parecía estar completamente a la altura de ella”.

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Hija de Hollywood, la infancia de Carrie Fisher no fue solo viendo películas. Ella las vivía. “Podría decir que soy el producto de la cruza entre dos ejemplares de la misma especie”, escribió. “Cuando dos celebridades se emparejan, algo como yo es el resultado”, dijo alguna vez esta mujer con su agudo y negrísimo sentido del humor, el que siempre ha ocupado contra sí misma y su historia. De él ha hecho gala en sus crudos retratos autobiográficos como su novela Postcards from the edge (llevada al cine como Recuerdos de Hollywood, donde ella fue representada por Meryl Streep) o en su libro de memorias Wishfull drinking.

Es hija de una de la protagonista de Cantando bajo la lluvia, Debbie Reynolds, y de uno de los ídolos de la canción de los años ’50, Eddie Fisher, pareja luego de Liz Taylor. Sobra decir que su niñez fue digna de una película: “Para mí, era normal. Pensaba que todos tenían madrastras que vivían en el bungalow de un hotel de Beverly Hills usando negligés”.

Ya a los 12 años estaba actuando junto a su madre en Las Vegas, a los 19 debutaba en el cine en la comedia Shampoo junto a Warren Betty y a los 21 rodaba La Guerra de las galaxias que la convertiría en una estrella mundial. Pero así también, tempranamente, en pleno rodaje de la secuela de la película de Lucas, El imperio contraataca, estaba metida peligrosamente en la cocaína.

“Todo lo que puedas hacer en exceso por las razones incorrectas, es excitante para mí”, confesó una vez. A los graves episodios de drogas y alcohol de Carrie, se suma su trastorno bipolar, del que también ha hablado extensamente. Nunca ha sido de las que callan sus problemas, al contrario, suele hacer mofa de ellos, como en su show unipersonal en Broadway por el cual estuvo nominada al premio Tony y donde se ponía una peluca con el característico peinado de Leia para decir: “George Lucas arruinó mi vida”.

“No hay manera de estar preparado para verte a ti misma convertida en un muñeco de plástico de 30 centímetros”. Sobre el bikini que ocupó en El regreso del jedi, Fisher aprovechó una entrevista conjunta con la nueva heroína, Daisy Ridley, para aconsejarla que jamás aceptara usar un vestuario parecido: “Debes luchar por tu look, no seas una esclava como yo”.

Carrie Fisher es Leia otra vez. Y al igual que ella, el personaje ya no es la joven pendenciera, sino una mujer de 59 años. Sobre el estado actual de su personaje, reflexiona: “Es difícil, solitario. Leia está más comprometida que nunca con su causa, pero también se siente derrotada, cansada y enojada”. Y sobre el esperado reencuentro con Han Solo, encarnado por el ahora septuagenario Harrison Ford, prefiere tirarlo a la broma. “Creo que estamos bastante cansados el uno del otro, así que fingimos entre escenas que nos interesamos sin demasiado éxito”.

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Para ella, Leia es un personaje innovador, y ese fue uno de los aportes de George Lucas a esta historia de matiné sobre batallas intergalácticas que mezclaba nostalgia y efectos especiales. “Muchas personas se han acercado a decirme que mi personaje las inspiró a vivir la vida de un modo diferente. Tenía un lado juguetón que la gente tomó, y ese otro costado que te hace creer que eres capaz de cualquier cosa”.

El regreso, dice, ha sido como volver a juntarse con viejos amigos. “Es como una reunión escolar. Un reencuentro de la escuela secundaria de Star Wars”. Pero claro, lo mejor, según confiesa es volver a compartir el set con el elenco original y los nuevos actores de la generación de recambio. “Lo pasamos muy bien juntos. Todos estaban nerviosos a su manera. Ver cómo creció Daisy Ridley a lo largo del proceso de rodaje. Es una persona muy segura de sí misma, muy relajada. Nosotros nos movíamos más impulsivamente cuando éramos niños al hacer estas películas. Ahora la abordamos con mucha más experiencia”, dice Fisher, explicando que significa para ella, Ford y Hamill volver a ponerse en el lugar de los personajes que los hicieron famosos y que los fans esperan con ansias volver a ver surcando el espacio y la pantalla. “La cosa más graciosa y más dulce para mí es cuando te traen un bebé de tres semanas vestido con el traje de Leia. Es ver también que estos bebés y estos niños saben quién eres. Ese es el aspecto más extraño, más dulce y fascinante. Estas personas eran mucho más jóvenes cuando yo no lo era tanto. Así que te sitúa en un lugar que no eras muy consciente que ocupabas”.

—¿Crees que hay algo de Leia en ti?

—Yo soy la princesa Leia. La princesa Leia soy yo. Mi vida ha marcado quién es ella, y ella ha influido quién soy yo y quién he debido ser, en base a las experiencias que debí recorrer y el coraje que requerí para atravesar parte de eso. Así que mucha de su pasión, comportamiento y fuerza para seguir adelante, las he encontrado en mí.