Le habría gustado actuar con Cary Grant y Marcello Mastroianni –padre de su hija Chiara– . Ha expresado que le cautivó su “modestia, tranquilidad y gran sentido del humor”. Mientras que la muerte de su hermana, confiesa, cambió su vida para siempre. David Bowie y Björk han sido algunos de sus célebres coprotagonistas. Y Truffaut, Polanski y Lars von Trier, nombres que destacan en la considerable lista de directores que han plasmado su imagen eternamente.

“Es bella como la muerte, seductora como el pecado y fría como la virtud”, diría Luis Buñuel, realizador que contribuyó notablemente a edificar su figura. Un rostro tan reconocible como seductor que además se usó en los años 80 como símbolo de la República Francesa. La actividad registrada durante las seis décadas de carrera – que incluye ser embajadora de buena voluntad de la UNESCO–, le acreditó recientemente el Praemium Imperiale, máximo galardón japonés de las artes, el que recibió con una humilde declaración: “Soy una intérprete, no una creadora”.

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Si bien la ceremonia ocurrió durante los días de filmación en París de La verité, la diva no dudó en tomar una pausa –concedida por el director Hirokazu Koreeda– para recibir el galardón. De regreso, concluyó el rodaje del film que será uno de los motivos para verla de nuevo en la pantalla grande. Catherine Fabienne Dorléac (París, 1943), nació en un ambiente artístico. Su padre, Maurice Dorléac, era actor de cine y teatro. Su madre Jeanne Renée Deneuve –que sigue viva a sus 107 años–, se dedicó a la interpretación teatral. Después de seguir el consejo de su hermana, la actriz Françoise Dorléac, para acercarse a los directores de cine con los que ella colaboraba, Catherine no solo emprendió una carrera, sino que además concilió diferencias con su hermana, cuando Jacques Demy las hizo trabajar juntas en Las señoritas de Rochefort (1967), después de que el director designara a Catherine como protagonista en Los paraguas de Cherburgo (1964), filme que se convertiría en inspiración para La La Land (Chazelle, 2016).

Pero mientras su imagen impulsada poderosamente con Belle du Jour (Buñuel, 1967), los días de Françoise terminarían a consecuencia de un accidente automovilístico. La vida de esta parisina ha sido vertiginosa. Fue madre por primera vez a los 19 y tres años más tarde despuntaba como una celebridad alrededor del mundo. Si bien el Oscar en su trayectoria no ha ido más allá de una nominación –cuando protagonizó Indochine (Wargnier, 1992)–, el centenar de películas en las que ha participado le ha hecho brillar en más de una ocasión en los festivales de Cannes, Venecia y Berlín.

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FUERA DE LA PANTALLA

Oleadas tanto de indignación como de apoyo, causó la carta que a principios de 2018 circuló en contra del movimiento #MeToo (#YoTambién), firmada por Deneuve junto a un centenar de actrices y académicas francesas. Publicada por el diario Le Monde, la misiva expresaba una postura crítica para discutir las conductas sexuales inapropiadas y los casos de acoso y abuso expuestos públicamente en Hollywood. Con una perspectiva distinta dentro de la concientización legítima de la violencia sexual que pueden vivir las mujeres en el ámbito laboral, en el comunicado se observó la situación desde un ángulo donde “la seducción insistente no es un delito, ni la galantería una agresión machista”. Fue en 1971, cuando su ideología la llevó a involucrarse con L’Appel des 343 salopes (El manifiesto de las 343 zorras), a favor de la legislación del aborto.

Y en 2013, cuando Francia aprobó el matrimonio homosexual, su postura fue contraria a la ley pero en favor de “una unión civil mejorada”. Y provocó escozor al apoyar a Roman Polanski en 2017, cuando el director tuvo que renunciar a presidir los premios César debido a las acusaciones de violación en su contra. Ir a contracorriente ha sido una de las constantes de Deneuve, actitud que se analiza en el libro Le Mythe Deneuve de la investigadora cinematográfica Gwénaëlle Le Gras. “Es un personaje contradictorio. Se trata de una persona que siempre busca distinguirse y que tiene mucho miedo del pensamiento único y de los efectos mediáticos. El cine francés hasta ahora nunca ha sido muy feminista, ella ha jugado al juego del patriarcado que este arte le ha impuesto”, dice sobre el cerco que Deneuve ha saltado para ser deterninantemente contestataria en su vida personal.

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INSPIRACIÓN MUTUA

Complicidad silenciosa, recíproca devoción y absoluta confianza, fue lo que estableció la actriz con el diseñador Yves Saint Laurent durante más de cuarenta años. De ahí que se convierta en momento de particular melancolía el hecho de subastar alrededor de 300 prendas que integran su exclusiva colección. El evento coordinado por Christie’s, se efectuará en la semana de la moda de París el próximo enero y detrás de los abrigos, trajes, vestidos y accesorios se encuentran historias bastante especiales. Una de ellas tiene que ver con un vestido blanco corto de flecos bordados con perlas que eligió para una reunión con Alfred Hitchcock en 1969. Y otra se relaciona con el vestido de seda azul que lució para la clausura del festival de Cannes en 1997. Cuando se conocieron, ella estaba casada con el fotógrafo británico David Bailey, el único con quien fue al altar, a diferencia de Roger Vadim y Marcello Mastroianni, padres de sus dos hijos. En esos días necesitaba el atuendo perfecto para asistir a una recepción con la reina de Inglaterra. Así comenzó una entrañable amistad y el descubrimiento de la mejor modelo que el diseñador podía tener.