Si los programadores nacionales todavía guardan algo de respeto por el cine, La habitación (Room) debería seguir en cartelera. A un par de días de la entrega de los premios Oscar, esta pequeña gran obra es una de las imperdibles por su calidad cinematográfica y profunda sensibilidad.

Basada en el libro de Emma Donoghue —también a cargo del guión— inspirado en el caso real de la austriaca Elisabeth Fritzl y su terrible historia de cautiverio moderno, el director Lenny Abrahmson presenta un filme donde Brie Larson (nominada a mejor actriz y nuestra favorita) es Ma, una mujer secuestrada y encerrada a los 17 años por un hombre solo conocido como ‘Old Nick’. Sabemos que la niña-mujer fecunda un hijo en esa minúscula habitación, que es como una bodega de jardín sellada.

Desde ese ínfimo lugar, donde la ternura y la angustia son hermanas de sangre, parte la narración de La habitación, una historia que remueve pues es contada por Jack, el hijo del cautiverio que tiene cinco años y ha vivido toda su infancia en una pieza. Si este año DiCaprio corre solo por el Oscar es porque a la Academia no se le ocurrió premiar la actuación del sobresaliente Jacob Tremblay, ese niño que es como el hermano chico del entrañable Truman que hizo Jim Carrey en 1998.

En una película donde la perversión profunda de la historia podía corromper todo, La habitación triunfa con pudor, emoción y profundas dosis de humanidad. Un guión impecable, dirección fina, dos actuaciones perfectas y una provocación cinematográfica que desde hace bastante tiempo se ve poco en pantalla. Se lleve o no premios —nominada a mejor película, director, guión adaptado y actriz principal—, es una de las películas imperdibles de esta temporada de estatuillas