Tongoy es una playa ubicada en el sector de Punta Pello en Castro, Chiloé. Al llegar por mar a ella, lo primero que se ve es el palafito de Edward Rojas, el conocido arquitecto que vive hace más de 30 años en la isla y el mismo que hoy también es partícipe del rescate patrimonial que está llevando a cabo el cineasta nacional Silvio Caiozzi. La imponente construcción de madera y tejuelas, el azul del mar y cielo, y un paisaje predominantemente verde, son la antesala perfecta del proyecto. De pronto y cuesta arriba, más de una docena de casas en ruinas, de todos los tamaños y formas, figuran dispuestas para representar una fachada de 1940, desaparecida hasta ahora.

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Caiozzi García es uno de los más importantes directores de cine chileno. De ascendencia italiana y española, hoy también se siente un poco chilote. A los 69 años cree ser muy afortunado de que sus películas sean reconocidas por el público y la crítica. Después de haber trabajado años de la mano de José Donoso, en 2006 Silvio conoció al escritor coyhaiquino Jaime Casas. Con éste viajaron juntos a la Patagonia, porque a Caiozzi le parecía una buena instancia de inspiración y también porque las obras que acababa de leer de él le habían gustado muchísimo.

En estos escenarios fue que descubrió a increíbles personajes y cuentos dignos de abordar desde el cine. Se lo propuso a Casas y así, el trabajo conjunto de casi tres años, terminó en el guión original de la película … Y de pronto el amanecer, road movie que comenzará a filmarse en Castro desde agosto y que narrará la historia de un hombre que regresa después de cuarenta años al pueblo donde nació con la intención de encontrar buenas historias que contar en el superficial mundo de Santiago. “Este relato comienza con el viaje geográfico de un consolidado escritor de la capital que decide volver a su lugar de origen después de mucho tiempo, pero también es el recorrido interior a su creatividad como artista. Al reencontrarse con lugares de su juventud, irá recreando literariamente cada uno de sus recuerdos. Por eso el nombre del filme, porque el protagonista, sin quererlo, se da cuenta de que volver a su esencia le permitirá hacer la mejor novela de su vida”, explica el director de Julio comienza en Julio.

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Caiozzi conoció Chiloé en los años setenta. Desde esa fecha, ha sentido una atracción especial por sus paisajes y tradiciones. Si bien no es el escenario donde transcurrirá explícitamente el largometraje, cree que sí es el mejor lugar para grabarlo, además porque el clima es menos hostil acá que más al sur. En 2011 aún no encontraba la locación ideal, cuando con su socio Orlando Salazar viajaron a conocer un terreno que les estaban ofreciendo en un lugar llamado Punta Pello, ubicado en la Península de Rilán y frente a la ciudad de Castro. Tanto les gustó, que pidieron un préstamo al banco para comprarlo, sin saber muy bien qué iban a hacer con él.

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Un par de semanas después de concretar la adquisición y mientras caminaba por el sitio, Silvio se vio “inmerso en un silencio absoluto y parado en una hondonada verde desde donde no se veía el mall de Castro”, recuerda risueño y continúa: “Digo ¡pucha!, éste es el lugar perfecto para recrear el villorrio antiguo que necesita la película”. Llevaba tiempo sin poder encontrar la atmósfera que tenía en mente, lo cual se explica “porque en Chiloé la gente deja caer sus casas antiguas, convirtiéndolas en leña… Es una arquitectura prácticamente extinta, entonces pensé que en vez de hacer la escenografía desde cero, podríamos rescatar estas casitas que se están cayendo a pedazos, trasladarlas y restaurarlas para la filmación”. Por esto, una vez terminado el rodaje, Silvio y su socio tienen la idea de mantener el pueblo como centro patrimonial y turístico, en el que además de poder realizarse festivales de cine, cada una de las casitas restauradas se convierta en escuelas de expresiones y arte locales.

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Pero un día Silvio se insegurizó. Viajó, como viene haciéndolo hace meses, de Santiago a Chiloé, a ver los avances de la obra y se encontró con un lugar poblado donde antes no había absolutamente nada. La mentira que se contó el día que decidió partir con todo esto, era ahora realidad. “Cómo iba a seguir adelante con todo esto”, pensó.

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Fue en agosto de 2013 que, una a una, comenzaron a hacerse las tiraduras de casa (mingas), con tractores en vez de bueyes, y mediante la instalación de unas vigas cruzadas en los interiores de las viviendas para que no se deformaran con el traslado. Construcciones que habían sido desahuciadas por sus antiguos propietarios, eran hoy dispuestas para cobrar una nueva vida como parte de un villorrio del siglo pasado. “Nosotros nos metimos en una aventura que nunca se ha hecho antes en el país. En Europa y Estados Unidos está lleno de pueblitos patrimoniales que la gente visita bajo modelos turísticos y donde se ha conservado la arquitectura antes de que se extinga”.

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En Chile, en cambio, no existe la legislación adecuada para conservar patrimonio cultural como éste y por eso, explica con ímpetu, no fueron nada simples los traslados por tierra y mar. Piensa que seguro habría sido más fácil y barato construir todo desde cero en vez de recuperar madera humedecida y apolillada. Pero felizmente, terminó convenciéndose de que ya no había paso atrás.

Caiozzi se declara enamorado de Chiloé y siempre que siente atracción por algo, es que se motiva a hacer el gran esfuerzo que significa dirigir y producir una película. Es la pasión italiana que siente cada tanto, dice. Por esto se explica que entre su último filme, Cachimba (2004) y éste, hayan pasado ya diez años. Para él, ser artista es mirar la propia verdad y no lo que está de moda.

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En agosto próximo, cuando comience el rodaje de la película a estrenarse en 2016, con actuaciones confirmadas de Julio Jung, Diego Ruiz, Sergio Hernández, Anita Reeves y Magdalena Müller. Silvio, con seguridad, ya tendrá revisada por enésima vez Fellini 8 1/2, su biblia antes de ponerse a trabajar en alguna de sus realizaciones. Pero en esta fecha, también se estará consolidando el rescate de las cenizas de las que alguna vez fueron gloriosas construcciones autóctonas, ahora dispuestas para ser filmadas como parte de un pueblo en el ocaso de su historia. Luego, las mismas serán restauradas para la segunda mitad de la grabación, y así poder representar los años dorados del villorrio.

El Chiloé que ahora tendrá puente y mall no será el mismo, pero las mingas salvadoras que el proyecto cinematográfico de Caiozzi posibilitó, ahora serán imborrables. Tal como las historias de Jaime Casas, quien en Un esqueleto bien templado escribió: “Todo el mundo sabe que es más fácil la vida en el sur, la gente es más buena y solo se necesita ser trabajador y ordenado para terminar viviendo como un rey. La capital está repleta y la gente amontonada se vuelve mala de sentimientos”.