Russell Crowe hizo algo por lo que muchos gerentes de programación de la televisión chilena matarían: llevar a la pantalla, de manera inteligente, épica y delicada una historia de amor rodada en Turquía. Lo de Crowe no es Fatmagul ni El Sultán. En Promesa de vida (The water diviner) hace su debut como director de cine, tal como antes lo han hecho otros grandes de la actuación, como Robert Redford, Robert de Niro, Mel Gibson o el inigualable Clint Eastwood.

Crowe cruza el charco sabiendo los riesgos y se aferra inteligentemente a una tenida clásica. Un drama bélico situado en la Primera Guerra Mundial, donde angustia, aventura, símbolos y fe se mezclan en una historia que nos habla de la batalla de Galípoli —entre Australia, Nueva Zelanda y el ejercito turco— como telón para mostrar a un granjero australiano, Joshua Connor (Crowe), quien, mientras busca pozos de agua con las técnicas de la radiestesia, pierde a su familia a consecuencia de la guerra.

Con la misma intuición que mueve a los zahorí, Joshua se traslada hasta Turquía para buscar a sus hijos muertos y darles sepultura, como una promesa que parece imposible y que se transforma en el motor del metraje, que pasa ante nuestros ojos como grito antibélico y odisea espiritual.

Crowe, zorro viejo en el negocio del cine —desde los seis años ha visto cómo funciona esto— se rodeó lo mejor que pudo y la puesta en escena de Promesa de vida es virtuosa. El director de fotografía es Andrew Lesnie, ganador del Oscar por El Señor de los Anillos. Por eso no extraña que Turquía casi se pueda oler bajo su mirada realista y cuidadosa, llena de coloridos y que no teme contrarrestar con crudas escenas de guerra y sangre y otros pasajes de película romántica-aventurera. Russell y su oficio quedan al servicio de sus compañeros en pantalla Olga Kurylenko y Yilmaz Erdogan. 

Promesa de vida es una película de una artesanía delicada. La música turca crea una atmósfera que amalgama todo el vía crucis de un padre que busca el autoperdón y recuperar la fe. Aunque por momentos la trama se alarga, el debut de Crowe como director es más que auspicioso. Una opera prima fina y que deja una sensación de solidez instantánea que seguro dará que hablar por varias décadas más en este siglo. Russell dio el salto, tal como Eastwood lo hizo hace décadas. Con Promesa de vida, el australiano está demostrando que pasta tiene.

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