Dirigida por Richard Linklater, este cineasta de culto logró por fin que la industria se detuviera a rendirle honores a un trabajo que incluye la aclamada trilogía Antes del amanecer / del atardecer / de la medianoche. Nominada a seis Oscar y con tres Globos de Oro a Mejor película, Mejor actriz de reparto (Patricia Arquette) y director para Linklater, Boyhood es una de esas raras películas que rompen los cánones de lo tradicional y de lo comercial en Hollywood.

Una producción llevada con pulso de joyero y disciplina de monje, el rodaje partió en julio de 2002 y terminó recién el año pasado. Doce años que pasan duros, reales y limpios gracias a grabaciones que tenían una duración de una semana por año. Todo para contar la “simple” historia de crecer. En este caso, el rito de paso desde la infancia a la adolescencia y adultez de Mason (Ellar Coltrane) el niño-actor que vemos madurar ante la incredulidad nuestra. 

Artesanía cariñosa para tiempos en que los efectos especiales todo lo pueden, en Boyhood Linklater se tomó todo el tiempo necesario y hasta provocó espacio para bromas del reparto como las de la actriz Patricia Arquette, la madre de Mason en la película, quien reclamaba que no pudo hacerse ningún “recauchaje” estético durante estos doce años de experimento que lo reunió con Ethan Hawke —actor fetiche de Linklater— y con la hija de este, Lorelei. El resultado son 165 minutos donde nada pasa pero todo pasa. Es la vida misma, el irremediable avance de los años, la pérdida de la inocencia, los errores, la madurez de una familia de padres separados y un niño que vemos crecer, sin más, ante nuestros ojos.

Boyhood recorrió un camino totalmente contracorriente: con un presupuesto de 200 mil dólares por año —cifras casi ridículas para la industria—, muestra el devenir del tiempo de modo asombroso y sencillo.

Conmovedora, con un guión que flota entre la historia de un padre infantilizado que va madurando y una madre a la deriva entre relaciones violentas. Todo visto a través de un niño que va creciendo con ellos es, por lo bajo, emotivo. La banda sonora, que marca los hitos musicales de los últimos doce años y que incluyen a Coldplay, Britney Spears o Arcade Fire cierran un círculo virtuoso que lleva de la risa al llanto con la suavidad de una pluma cayendo. Proeza de la perseverencia y el amor al cine, Boyhood está bien cerca de ser una obra maestra.