Es extraño, pero no deja de ser cierto. A directores de la talla de Woody Allen (78) no les queda más opción que reinventarse o morir en antiguos laureles. Acostumbrados a ver su simpatía e ingenio en pantalla, sus dos últimas películas recordables Match Point (2005) y Medianoche en París (2011), quedan varios peldaños debajo de su último trabajo, Blue Jasmine.




Una joya que entra directo dentro de su material clásico.




Las razones son varias. Terminado el paseo turístico por Londres, Barcelona, París y Roma, Allen regresa a Estados Unidos (Nueva York y San Francisco), sitios que cumplen
el rol de decorado de fondo y no una postal promocional de una ciudad. Asunto importante, pues acá la carne está en la historia. Y sobre todo en la nueva antiheroína —luego de referencias obligadas como Mia Farrow y Diane Keaton— en la que transformó a la tremenda Cate Blanchett, camaleónica, brillante, graciosa, penosa, odiable y amable, y por supuesto desde ya merecedora de todos los premios que le lleguen por su interpretación de Jasmine French, una cuarentona ultrachic caída en desgracia total.




La historia de Jasmine se abre en dos: su vida de millonaria junto a su esposo Hal (Alec Baldwin), un empresario filántropo, que finalmente es un estafador grosero. Por otro lado está su presente donde no deja de usar sus carísimas alhajas, pero vive de allegada con una empobrecida hermanastra en un barrio popular de San Francisco, logrando un fino fresco de Allen sobre las diferencias de clase en Estados Unidos.




El péndulo de Allen deja a Blue Jasmine como una comedia dramática digna de estudio. De las compras compulsivas y fiestas benéficas, la protagonista pasa a estudiar computación y trabajar atendiendo un consultorio de dentista sin concursos ni sorteos. Blanchett, en uno de sus mejores papeles, se balancea sobre la cornisa llena de crisis de pánico, alcoholismo y adicción a las pastillas, pero nunca perdiendo su charme manipulador, elegante y cruel.Para los que daban por jubilado a Woody, arrepiéntanse.




Los que se aburrieron con sus últimos trabajos, Blue Jasmine es un buen punto para empezar a tomarse en serio a un grande. Para los que no lo conocen, vayan a verla. De seguro se vuelven adictos.




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