A casi 50 años de su debut como Miss Goodthighs, en Casino Royale (1967), Jacqueline Bisset sigue prácticamente igual. Aunque los años pasan, confiesa que no ha sucumbido a la tentación del bisturí ni menos a las inyecciones de bótox. Es decir, luce sus arrugas y signos de vejez con elegancia y atractivo. Para quien compartió set con Frank Sinatra a fines de los ’60, la belleza es un punto importante en su lista de prioridades: “Mantenerse en forma es esencial, como hacer el amor, trabajo y reflexionar”, aseguró hace un par de meses en una entrevista al The Guardian.

Durante los últimos treinta años estuvo en la pantalla chica en roles para producciones clásicas como Nip Tuck y la más reciente Dancing on the Edge, la que le valió un Globo de Oro como mejor actriz de reparto. Lo cierto es que aunque esté próxima a pasar a una nueva década, Bisset vuelve a las carteleras con un look distinto al encarnar a Simone Deveraux —personaje inspirado en Anne Sinclair—, una mujer que ha sufrido por un buen tiempo gracias a su marido, Georges Deveraux (el alter ego de Strauss-Kahn, interpretado por Gérard Depardieu), hombre adicto al sexo, deshonroso y sin límites. Simone cumple el rol de cómplice de las acciones de su esposo, pero a la vez su contraparte; en la cinta crean una batalla entre el bien y el mal, lo correcto e incorrecto, la moral y el placer enfermizo.

Wp-bisset-450

Welcome To New York, dirigida por Abel Ferrara, se basa en el famoso escándalo de Dominique Strauss-Kahn, que significó no sólo su caída desde la dirección del FMI, también sepultó su carrera presidencial para el Elíseo, en 2012. Estrenada durante el Festival de Cannes, y disponible online, aún no hay fecha exacta de su llegada a las salas chilenas.

El deseo sexual es el tema central de la película; un tema que enfrenta a hombres y mujeres por igual y que para Jacqueline Bisset, a pesar de su edad, o tal vez por lo mismo, es fundamental.

—Georges (Gérard Depardieu) se ve envuelto en todos esos actos promiscuos con cierta esperanza de volver a sentirse joven. ¿Es de suponer que tal comportamiento es común en las mujeres de tu edad?

—Yo diría que es sólo una cuestión de coraje. Después de todo, el deseo sexual femenino no disminuye con la fertilidad. Las mujeres maduras quieren sexo, son calientes, necesitan esa conexión. Pero la gran diferencia es que los hombres no quieren acostarse con ese tipo de mujer. De hecho, Simone es de esas pocas con las que Georges no tiene relaciones en la película.

—¿Cuál es la experiencia de ser parte de Welcome To New York?

—Hizo que me planteara muchas preguntas. Por ejemplo, los beneficios potenciales y desventajas de la pornografía; si las parejas de lesbianas trabajan o no como prostitutas, o el momento en que el sexo puede convertirse en una especie de ‘transacción’ para una esposa desilusionada. Creo que cuando hay sexo con dinero de por medio no necesariamente te conviertes en una puta. Es difícil explicarlo. Hoy la ‘etiqueta sexual’ evoluciona a un estado que es complejo de procesar.

—¿Por qué?

—Si estuviésemos en una sociedad distinta, quizás un hombre podría tener cien mujeres o su mejor amigo podría dormir con la esposa del otro. Bueno, en verdad esos ‘otros lugares’ existen y cuentan con ‘la receta de Dios’.

—¿Y trabajar con Gérard Depardieu?

—El es un hombre tierno, abierto, que te ayuda. Es también como un oso gigante, al que es difícil manejarlo.

Bisset tiene una trayectoria con nombres que sin duda marcaron un precedente, que hicieron la historia de Hollywood. Veló sus armas artísticas actuando con algunas de las leyendas más importantes del cine: Steve McQueen, en Bullitt, y Frank Sinatra, en El Detective, cuando no tenía más de 24 años; y luego con otros tremendos actores como Christopher Plummer, Jon Voight, Charles Bronson y Marcello Mastroianni. Con todo, este nuevo papel no ha estado libre de polémica.

Wp-bisset-450-2

El 19 de mayo, Anne Sinclaire, ex mujer de Dominique Strauss-Kahn publicó una columna en el Huffington Post titulada Asco. En más de 200 palabras, la periodista franco-estadounidense hace sus descargos tras el estreno de Welcome to New York en Cannes: “No tengo la costumbre de compartir mis sentimientos personales en esta columna. Pero, ya que el personaje de Simone en la película Welcome to New York pretende representarme, solo quiero expresar desde aquí mi asco. Asco por una película en la que la exhibición permanente del cuerpo de Gérard Depardieu, presentada como una osadía, produce en realidad arcadas. Asco por los diálogos lamentables y grotescos. Asco por la manera en que el director Abel Ferrara representa a las mujeres, lo que debe ilustrar sus propias pulsiones. Asco también, y sobre todo, por el supuesto cara a cara de los dos protagonistas, en el que los autores y productores de la película proyectan sus fantasías sobre el dinero y los judíos”.

—¿Cómo se siente ser parte de la recreación de la caída de Strauss-Kahn?

—Responsabilidad por Anne Sinclair (ex esposa), eso sí, no siento empatía por su ‘indignación’ al final de la película. Tal como nosotros —los actores— somos criticados si es que cometemos errores, las personas que pertenecen a ese ojo público también pueden serlo. Hay veces que nos rompemos a pedazos por las críticas, cuando nos las hacen por el físico, cuando nos ridiculizan. Pero hay que tomarlas como vienen, porque son parte de una libertad de discurso.

La intimidad de una de las golden girls del cine tiene su propia historia: nunca dio el sí en el altar, pero tuvo cuatro relaciones largas e importantes. De la primera, con el actor canadiende Michael Sarrazin, nacieron sus hijas Catherine y Michele, las que se mantienen en completo hermetismo y alejadas de los flashes de los paparazzi. Su último lío sentimental fue con el turco especialista en artes marciales Emin Boztepe, 18 años más joven que Bisset. Sólo duró hasta 2005.

—¿Fueron de ayuda sus antiguas relaciones para construir el personaje de Simone?

—Creo que la mayoría de las mujeres hemos sufrido por amor alguna vez en la vida. Puede que destruya tu vida completa, pero cuando hay mucho cariño y amor en una relación existen también excusas. En fin, es muy raro amar a alguien.

—¿Cuál cree que es la razón de eso?

—Hay hombres que pueden manejarlas, pero son un par. Escuché de personas que han tenido tres familias y lo encuentro increíble por el tiempo que eso les demanda. Muchos hombres alientan de cierta manera a otros para que sean así, polígamos. Salen de fiesta, van a bares y lugares en donde prácticamente no existe el respeto por la mujer. De hecho, no sé si a estos tipos les gustan realmente las mujeres.

—¿Por qué los hombres llegan a la perversión?

—Es una glorificación personal, el narcicismo y probablemente haya también un odio a ellos mismos, baja autoestima e inseguridad. Tienen que demostrar lo contrario en cada momento y nunca están contentos con la persona que tienen a su lado; es más, no las miran con amor. Lo otro es que tienen que sentirse a cada minuto atractivos, especialmente cuando llegan a viejos. De cualquier forma, las mujeres sentimos lo mismo, necesitamos que otros nos cierren un ojo de vez en cuando.