Está tranquilo-nervioso. Benjamín Vicuña (37) sabe que en torno a su última película El hilo rojo, hay más expectativas que de costumbre por el romance que inició hace unos meses con su co-protagonista, la actriz argentina Eugenia “China” Suárez y por la polémica que envolvió el rodaje, luego de que su ex mujer Carolina Ardohain, Pampita, acusara por las redes sociales —mientras supuestamente seguían casados— de haberlos pillado en una situación comprometedora en una motorhome durante los días de filmación.

El actor, sin embargo, está intentando no hacerse cargo del morbo, comentarios, críticas y de nada que no tenga que ver con esta co-producción chileno-argentina que, asegura, lo tiene orgulloso por su rol —además— de productor, en que participó en la elección del elenco, director, equipo creativo, locaciones, etc.

Un hilo que conecta a dos personas y que nunca se corta, y que responde a una antigua leyenda japonesa es el tema central del filme donde Vicuña encarna a Manuel, un tímido enólogo chileno que teme a los aviones, pero que debe asistir a una cata de vino en Francia. En el aeropuerto se cruza con una azafata y comienza un juego corto de seducción; el inicio de una historia de encuentros y desencuentros, en el que dejan de verse para reencontrarse siete años después, ya cada uno con pareja y vida hecha, pero ese hilo que los une vuelve a tensarse y a conectarlos. “Es un drama contemporáneo sobre gente adulta, el amor, el desamor, la pareja, la duda y esta leyenda japonesa que tiene que ver con los vínculos que van más allá de la muerte”, cuenta el protagonista.

vicuña1

—¿Cree en eso de las almas gemelas?

—Creo en los vínculos, en un buen amigo, un gran amor. Puedes pasar años sin ver a alguien, le das un abrazo y es como si hubieran pasado cinco minutos. Es lo que pienso también en relación a la muerte; uno se reencuentra de otra manera. Cuando el amor es profundo, trasciende el tiempo, el espacio. Esta película me hacía bien al alma. Luego de procesos muy intensos, con trabajos muy bellos como La memoria del agua o El bosque de Karadima, El hilo rojo era un respiro, y no se trata de un género menor, al contrario, es un drama romántico.

—La memoria del agua y El hilo rojo tienen mucho que ver con su propia historia, ¿casualidad o buscado?

—No lo he buscado, tampoco es casual, quizá tienen que ver con el terreno de lo inconsciente. Creo que las películas imprimen un pedazo de la vida de uno.

—A lo mejor es su manera de hacer catarsis.

—Puede ser, porque si bien doy entrevistas por mi trabajo, lo que realmente habla de mí son mis películas, los personajes. Es una forma de liberarme.

—En su trabajo con China Suárez priman las escenas eróticas y de sexo, ¿le cuestan esas tomas o fluyen fáciles cuando hay “onda” con su compañera?

—Es incómodo. Hay escenas más subidas, pero en general tienen un nivel de sutileza que no la hace una película erótica, sino romántica, que sugiere; no es explícita. Pero sí, como actor es incómodo. Estando en ‘pelotas’ con 30 personas viéndote es difícil concentrarse, sin embargo, después de un rato logras un proceso de desinhibición y de compromiso, pero no es fácil.

—El rodaje fue muy mediático con el episodio Pampita—motorhome, ¿afectó el trabajo final?

—No sabemos si perjudicó o no, pero en lo personal me distrajo y angustió; lo importante es que se pudo hacer y es ¡un peliculón! de 87 minutos, que hablará por sí mismo. El resto pasa a ser anecdótico, corresponde a la intimidad de las personas de donde nunca debió salir.

vicuña2

—¿Cómo maneja el morbo que hay en torno al filme?

—Siempre me involucro mucho, y no hablo de resultados, sino de acompañar y darle alas para que llegue lejos. En este caso he actuado igual, aunque por otros factores, claro que tengo aprensiones, por lo que he sido más cuidadoso y ha condicionado mi manera de comunicarla. Sin embargo, es una película grande; en Argentina se estrenó en 250 salas, con mucha publicidad y apoyo de Telefe y FOX; en ese sentido, siempre supimos que daría que hablar.

—La gente ha sido muy crítica con usted tras su separación, ¿se ha sentido cuestionado al respecto?

—No me puedo hacer cargo. Las separaciones son dolorosas, traumáticas, no es lo que esperas de la vida, la vives como una frustración; ni hablar en mi caso, que fue después de que perdí a una hija, en que sientes un dolor infinito. Pero quizás eso mismo te ayuda a dimensionar ciertas cosas y a entender que uno como ser humano, como adulto, tiene el deber de encontrar la paz, la armonía y la felicidad. Y ese deber tiene que ver también con los que quedan, los que están, con tus hijos, tu familia, tus amigos. Por lo mismo, he sentido cariño y solidaridad de mis más cercanos. Del resto, no puedo dar explicaciones, salir a aclarar o tratar de revertir la opinión pública desesperado; ¡no soy político, soy actor! Vivo de mis personajes, de las historias que cuento; mi vida personal trato de llevarla de la mejor manera con las herramientas, coherencia, convicciones y valores que tengo, no puedo hacerme cargo ni responder a las expectativas que un país entero tenga.

—¿No lo inquieta?

—Estoy tranquilo dentro de lo que, insisto, ha sido un episodio difícil. Nadie podría estar orgulloso de pasar por esto.

—¿Qué ha sido lo complicado?, ¿dejar de ver a sus hijos a diario?

—Eso me lo reservo, es lo más sagrado.

Vicuña estará hasta agosto radicado en Santiago, grabando la comedia Casi un ángel, de TVN, donde —después de una década de trabajar juntos— volverá a hacer dupla con el comediante Daniel Muñoz, los inolvidables Huaiquimán y Tolosa, el gran éxito de hace una década en Canal 13. “Me vino como anillo al dedo, estar aquí me ha permitido retomar mis afectos, mis vínculos, mi familia, mi ambiente, mi país. Extrañaba Chile, mi rol como parte del directorio del Teatro Municipal o como gestor cultural del teatro Mori. Ha sido reencontrarme con mis raíces”.

Todos los fines de semana parte eso sí a Buenos Aires a ver a sus tres hijos, esa ciudad que lo acogió por tanto tiempo y que confiesa, llegó a sentirla como propia. “Dos de mis niños son argentinos. Tengo amigos, vínculos, una carrera allá. Le tengo mucho cariño a la ciudad, a su gente, aunque no se puede comparar con lo que siento por mis orígenes, con lo chileno que me siento”.

vicuña3

—Hace unos meses confesó estar en búsqueda de la felicidad, ¿la alcanzó?

—La felicidad es un momento, un ‘momentito’; ojalá tener la conciencia y lucidez para reconocerlos y agradecerlos. Lo más cercano tiene que ver con la armonía, estar en paz, tranquilo, consciente de estar vivo y agradecer el presente. Por ahí pasa, no pido más. Insisto, uno tiene momentos felices, pero el misterio de la vida nos va sorprendiendo, exigiendo y enseñando.

—¿Ha cambiado con el tiempo su concepto de felicidad?

—Sí, por supuesto. Desde que soy papá, ésta pasa por la salud, alegría y la mirada de mis hijos, a diferencia de antes, que tenía una visión más egoísta, enfocada a los objetivos, éxito y reconocimiento. A mis 37 años debo estar alerta de no olvidarme de mi mismo, de hacerte cargo de ti. Veo a mis padres, que pasan a vivir la vida de sus hijos y se olvidan de ellos. Aunque sea natural, hay que estar atento de acordarse de uno, del niño que está dentro tuyo.

—Y volver a emparejarse con China Suárez, ¿tiene que ver con esto de no olvidarse de usted?

—Sí, no sé… Yo creo en el amor, en la vida en pareja; más que creer, es mi naturaleza, soy así. Hay gente que mira la vida de manera más individual, yo desde que tengo conciencia la vivo de a dos. En ese sentido, soy un agradecido de poder vivir el amor de nuevo. Sé reconocerlo, lo experimento y lo vivo; en ese aspecto, es una bendición, porque otras personas se decepcionan, hastían o desencantan, sin embargo, yo sigo creyendo.

—¿Cómo se logra eso?

—No sé, cada uno tiene sus razones, sus biografías, sus procesos. Para mí es importante, parte de mi naturaleza.

—¿Es de los que no puede estar solo?

—No sé qué irá a pasar con la vida, con el destino. Lo único que quiero es estar consciente de mi presente, de mis hijos, de verlos crecer, de seguir disfrutando mi trabajo que amo profundamente. Tratar de ser mejor persona, aprendiendo de los errores y de las lecciones para evolucionar.

—En Argentina se habló que estarían de noviazgo con China y la prueba sería un anillo que ambos lucen.

—(Muestra sus manos sin ningún anillo).

—¿Es mentira entonces?

—En Argentina la prensa es muy curiosa, así como se levanta algo, después desaparece…

—¿Aún no se acostumbra?

—¿A las especulaciones? Nunca me acostumbraré a las mentiras, a las injurias o que denigren. Tengo buena relación con la prensa y con la crítica argentina, pero hay cosas que se escapan de las manos. Hay una violación a la privacidad tremenda, que pareciera que fuera un costo de tu trabajo. Pero si te pones grave, ¡enloqueces! Trato de surfearlo, de convivir hasta donde puedo, aunque tengo mis límites.

vicuña5—¿Cuáles son?

—No exponer a mis hijos, cierta coherencia en las elecciones de mi trabajo y en el tipo de vida que llevo.

—¿Por qué se mostró entonces con sus niños en la celebración de sus diez años de matrimonio con Pampita, y que apareció en todos los medios?

—Hay una interna ahí de la que no hablaré. Sin embargo, el personaje público está en su derecho de opinar o de abrir y cerrar la puerta cuando quiera, y no porque la abriste u opinaste una vez, la prensa debe sentirse con el derecho a entrometerse. No corresponde.

—¿Qué nombre le pone a su relación con Eugenia Suárez?

—No le pongo nombre a las relaciones. Eso prefiero guardarlo, y si tiene algún nombre, se lo digo en su cara.

—Ella acaba de ser portada de un medio chileno, ¿le acomoda el protagonismo que está tomando aquí?

—Me parece increíble que tenga la posibilidad de crecer artísticamente, que se le conozca y amplie su registro.

—Ambos se cuidan al hablar del otro, ¿hay un acuerdo tácito?

—No, ninguno. Hay cosas que no se hablan nomás.

 

>REVISA TODO EL BACKSTAGE DE BENJAMÍN VICUÑA PARA CARAS