Los llanos transparentes de Atacama desprecian el tiempo,
por eso la hora se convirtió en minuto, el minuto en el segundo y el segundo dejó de existir.
No hay tic-tac, sólo susurros de partículas que ruedan dentro y libres hacia ninguna parte.

La negra no quiso ser reloj de arena, alguien la oyó reírse de los cristales matemáticos y de los miedos ancestratles
es sabia Atacama, porque imperturbable no espera nada,
no pide nada,
no quiere nada.

Háblame bajito,
solos, tu y yo,
revélame al oído los desérticos secretos de la soledad inmensa
yo, prometo convertirte en parte de mi memoria
Simplemente.