Hace apenas unas horas aterrizó en la capital argentina y su agenda está copada. Entrevistas, visitas a hospitales, un encuentro con la presidenta Cristina Fernández,  galas de beneficencia y programas de televisión no le dan respiro. “Recién el viernes terminé de rodar en Santander la película Altamira de Hugh Hudson (Carros de fuego), dormí en Nueva York e inmediatamente volé a Argentina. Estoy con una actividad frenética, pero si el producto crece a la misma velocidad que mis ojeras será fenomenal”, dice entre risas, mientras se acomoda en uno de los sillones del salón Piero del Four Seasson de Buenos Aires.

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A sus 54 años, lleva el pelo cortado al ras y  conserva el físico de sex symbol que exhibía en Atame , La ley del deseo o Mujeres al borde de un ataque de nervios, las emblemáticas cintas de Pedro Almodóvar  que hicieron que Hollywood pusiera sus ojos en él. Mucho antes que El mariachi y La máscara del zorro lo convirtieran en una megaestrella. Años luz de que el público infantil lo descubriera gracias a su colaboración en las cintas animadas Shrek y El gato con botas.

—¿Cómo te cuidas?

 —No me he hecho nada, ninguna cirugía y la verdad no me cuido tanto. Lo único que hago es correr y tomar mucho té. Realmente nada más. Es que tengo muchas ilusiones, eso me mantiene.

Hace unos meses su ruptura con Melanie Griffith remeció la meca del cine, donde el matrimonio era considerado como uno de los más estables de la industria. Aunque juntos emitieron una declaración que hablaba de una separación consensuada y amistosa, ella corrió a borrarse el tatuaje con el nombre de Antonio del brazo, mientras a él se le vio acompañado de voluptuosas rubias en la Riviera Francesa, entre las que sobresalía la holandesa Nicole Kimpel, experta en inversiones y relaciones públicas.

—¿Qué tal el regreso a la soltería?

—Bueno, casado o soltero vivo siempre en hoteles así que eso no ha cambiado mucho, pero estoy tranquilo que es lo más importante. Siempre he sido una persona muy alegre y alegría además, es mi palabra favorita en español, es una actitud activa, una manera de enfrentar la vida. Así que soy patológicamente optimista.

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—Dicen que uno no conoce realmente a la pareja hasta que se separa.

No es fácil, pero estoy  deseando llegar a un acuerdo con Melanie y creo que estamos muy cerca de lograrlo. Quiero que llegue ese momento de poder mirarnos a los ojos y tener siempre una sonrisa porque yo a mi ex mujer la voy a querer siempre. Desde luego lo que no voy a hacer es poner 20 años de mi vida en un cajón y cerrarlo con una llave. Eso, por ningún motivo. Han sido tiempos de los que estoy orgulloso, pasaron cosas muy bellas, otras no tanto pero así es la vida y yo a la vida la acepto con sus miserias y sus grandezas.

—¿Fue una crisis prolongada, algo así como la crónica de una muerte anunciada?

—A veces las cosas se terminan de la manera que eran, se transforman… Llegó un momento, nos miramos y decidimos dar un paso para no continuar juntos. El amor no es una cosa que se empaqueta y que tiene un color o una forma, es distinto. Hay cosas que suben, bajan y se deforman. No quiero entrar en los detalles ni develar los porqués, son cosas íntimas pero como te decía a Melanie la voy a querer hasta el fin de mis días.

—En la publicidad de tu nuevo perfume muchas mujeres están esperando que decidas con quién te vas de la fiesta. La oferta debe ser similar en la vida real ¿o no?

—De ninguna manera. No soy hombre de muchas mujeres, soy hombre de una sola.

—La prensa especula que ya estás comprometido nuevamente. ¿Es Nicole Kimpel tu nueva pareja?

—No, recién estoy encontrándome con una persona. Como se dice estamos estudiándonos, viéndonos, a ver qué hacemos, pero con toda la tranquilidad.

Avido lector de diarios y opinante de la actualidad, Banderas habla de política con la misma libertad que elige sus papeles. Pese a que en 1996 decidió no brindar más su apoyo de manera pública, el tema le apasiona. “Ese año apoyé al PS pero no sirvió de mucho porque Felipe González perdió y fue la entrada del Partido Popular al poder con José María Aznar. Ahora lo que pasa es que pienso que en determinados aspectos quizá no estamos siendo gobernados por quienes votamos. Hay poderes ocultos que son los que realmente mueven los hilos. Ponle el nombre que quieras, mercado, lobby, corporación… Estamos viviendo en una etapa post democrática donde los grandes poderes ocultos han encontrado la forma de acomodarse, como una ameba. La política tiene que ajustarse e imponerse sobre los intereses económicos”.

—Muchos actores norteamericanos han manifestado su desazón por la gestión de Barack Obama aduciendo básicamente que más que un reformador ha sido un gran continuador de la impronta republicana.

—Es el mejor ejemplo de lo que te digo. Yo creo en Obama, sé que es un ser cargado de buenas intenciones que no puede decir lo que piensa. Y lo que piensa es que no puede hacer lo que quiere hacer porque no lo dejan y eso para un político es imposible de decir.

—La crisis en España remeció a la clase política y marcó el nacimiento del nuevo partido Podemos que promete dar vuelta el tablero electoral, ¿qué opinas?

—Los populismos me generan ciertos miedos, más aún cuando se dan entre ríos revueltos. Te lo explico en términos teatrales: creo que no hay que irse a los extremos lo que tenemos en España pero hay que hacerlo bien. Hamblet es una obra perfecta, pero si le pones malos actores, iluminadores mediocres y la diriges malamente, la obra no funciona. Nuestra constitución es un común acuerdo entre las ideas más dispares, lejanas años luz unas de otras en pos de una convivencia civilizada. Está bien, reforcémosla desde el pensamiento sereno, desde la tolerancia, no desde el grito exacerbado.

—Es la indignación que generan los escándalos de corrupción.

 —Podemos espantarlos porque hay mucho más de la que había, pero si no existiera un Estado de Derecho no sabríamos lo que está pasando. Esta gente va a terminar entre rejas, pero lo que no podemos hacer es iniciar un proceso de linchamiento público, eso a mí no me convence. Soy de una generación que luchó por establecer que todo hombre es inocente hasta que se pruebe su culpabilidad y no al revés como era en los tiempos de Franco.

En agosto del 2015, el actor debería estar de regreso en Chile para el estreno de Los 33, donde interpreta al minero Mario Sepúlveda. “No la he visto completa, vengo de doblar un par de cosas en Barcelona y  parece que el melón como decimos en mi tierra ha salido bueno. La gente que la vio dice que emociona y que te hace reflexionar sobre lo que ocurrió en aquella cueva”, afirma al tiempo que asegura que el guión es un lujo con los tiempos que corren en la industria cinematográfica.

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“Es fantástico poder contar esta historia, de tipos que pasan de estar al borde de la muerte a recibir telegramas del Papa o la reina Isabel en un escenario en que el cine está herido de muerte. El paradigma está cambiando porque la piratería se está llevando de las salas a un 5 ó 6 por ciento de los espectadores anualmente. Los grandes productores están enfocados en reducir los costos, Hollywood no arriesga hace mucho. Se hacen muchos remakes porque saben que van a funcionar así que vamos a ver 30 spiderman con seguridad”. 

—Frente a ese panorama, ¿cómo proyectas tu carrera?

—Estoy navegando entre las olas, surfeando como se dice. Metiéndome en mis ríos, tratando de producir películas de bajo costo, trabajando con Paramount. Algo así como los tipos del circo que juegan con los platos, así estamos todos moviendo platos. Descubrí el placer de la escritura y estoy escribiendo un western más cercano a la comedia. Acabo de terminar una historia de inmigración en el sur de España que gira en torno a un niño de siete años y una rica norteamericana.

Lejos de pensar el retiro, admite que sigue tan hiperactivo como a los 30. “Cuando no llevaba ni un duro en el bolsillo y tenía un coche con más letras que el abecedario”. Con una mezcla de humildad y certeza absoluta, confiesa: “ todavía no he hecho la película por la que se me recordará ni como actor ni como director. Pero cuando me preguntan cuál es la mejor cinta que filmé pienso inmediatamente en mi propia vida. A veces me tengo que pellizcar para darme cuenta de todas las cosas que me han pasado. La gente que he conocido, que presidentes de los Estados Unidos hayan venido a cenar a mi casa (Barack Obama, a quien le prestó su mansión para la reelección, tenía que entrar con la contraseña ‘el zorro’). He sido un gran testigo de mi tiempo”.

En el 2015 se sumará a las filmaciones de Picasso del director Carlos Saura, donde compartirá créditos con Gwyneth Paltrow. Pero si hay algo que espera con altas expectativas, es el estreno de la cinta Las Cincuenta Sombras de Grey, donde actúa Dakota Johnson, la hija de Melanie que crió como propia. “Cuando nos juntamos en familia a ver su debut en televisión nos quedamos sin habla. Fue mirarnos y decir: ‘she got it!’, así que estoy seguro de que dará que hablar. No hay dudas”.