Pedro Almodóvar (63) llega cojeando, pero no se aguanta y se mueve saltando como loco. Entra a su oficina de Madrid —donde los visitantes son recibidos por un gran álbum de retratos de desnudos del fotógrafo Helmut Newton— a un día de la cirugía en su rodilla. De ahí la cojera. Pero lo que realmente le duele es que, obligado a descansar de su agitada rutina, el director pasó su convalecencia viendo las noticias. “Hay días en que trato de no sintonizarlas. Pero ayer no pude evitarlo. Todo es horrible”, se queja.

La televisión lo conectó a las interminables historias de problemas económicos del país, que tienen a una cuarta parte de los españoles sin trabajo. Una realidad que descompone al director manchego. Panorama al que él ofreció alivio —aunque fuera por un par de horas— con su reciente película Los amantes pasajeros, título con el que regresa a esa comedia pura después de veinticinco años. Y sus compatriotas agradecieron la distracción ya que, en días en que el presupuesto es ajustado y se cuenta cada euro, la gente llenó las salas de cine para desatarse en carcajadas. Transformando la cinta en el mejor estreno de la taquilla de esa nación.
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—¿Cómo ve a la España de hoy?
—Creo que el país entero está muy preocupado por el estallido de este malestar social. Yo ciertamente lo estoy. Cada día que pasa, me da la impresión de que existe más provocación. Eso no quiere decir que estoy incitando a la violencia. Muy por el contrario, invito a todos a reaccionar en la forma más pacífica posible.

—¿De qué forma solidariza?
—Me gusta la idea de ayudar a que la gente se divierta, porque el ambiente en este momento es muy sombrío.
Y el autor de Volver y Hable con ella ofrece para eso una película de humor desatado usando como excusa un avión transatlántico donde abunda el sexo oral, drogas y sobrecargos que se ponen a bailar en las alturas I’m so excited, de las Pointer Sisters.

“Es la película más gay que he hecho”, dice sobre esta cinta con la que regresa a un estilo que por última vez abordó en Mujeres al borde de un ataque de nervios. Los amantes pasajeros es una pieza de entretenimiento irreverente, extravagante y kitsch. Sus gags incluyen a una clarividente perder su virginidad con un turista que está dormido, pero excitado. Encuentro sexual que termina, literalmente, en la cara de uno de los auxiliares de vuelo.

—En la cinta también hay metáforas a la crisis española.
—Quería que fuera una comedia alocada, algo escapista. Pero es cierto que hay cosas que coinciden con los tiempos que vivimos.
Esto queda claro con la alegoría de este avión sin rumbo. También con las penas y pecados que detalla la tripulación y pasajeros de primera clase. Y las coincidencias siguen, ya que antes de que apareciera cualquier titular de diario ibérico, el rodaje tocó ciertas historias conocidas con un banquero torcido que huye del país y una prostituta que dice tener un video comprometedor con el rey.

—¿Qué le parece este cruce de ficción y realidad?
—Siempre hemos manejado la idea de una España que no sabe hacia dónde se dirige, ni dónde aterrizar o quien esté a cargo o cuáles son los peligros que nos amenazan. Desde que rodamos, la película ha ganado realmente en relevancia metafórica.Wp-almorodvar-vertical
Cerca del pueblo donde Almodóvar creció está Ciudad Real, uno de los enclaves más aburridos de su país y donde la mayor parte de Los amantes pasajeros fue filmado: un aeropuerto abandonado que es uno de los tristemente célebres elefantes blancos arquitectónicos de España. Recordatorio de un período de extravagancia, corrupción financiera y delirios de grandeza.

—¿Cuál es la historia de ese lugar?
—La construcción del aeropuerto internacional costó más de un billón de euros y es totalmente inútil. Todo lo que ves son un par de conejos saltando a lo largo de lo que sería la pista más larga de España. Representa la megalomanía de nuestros políticos y los banqueros sin escrúpulos en la última década. Se suponía iba a recibir a dos millones de pasajeros al año, pero terminó hundiendo la caja de ahorro local. De alguna manera convencieron a mis compañeros manchegos que la gente de todo el mundo podría tomar su vuelo directo al corazón de La Mancha. Pero, ¿quién quiere volar hasta allá?

—En cierto modo, su viaje biográfico es un reflejo de la propia España. Llegó de un pueblo a la movida madrileña.
—Estábamos borrachos de optimismo y libertad. No teníamos consciencia de que España estaba dando un gran salto hacia adelante como un país, tras una historia de división y fratricidio. Tuve la oportunidad de reinventar mi vida como si hubiera recién nacido.

—¿Y ahora qué ve cuando sintoniza las noticias?
—Todos estamos peor (muestra tristeza). Y todos nos hemos convertido en peores personas, también. Si un cineasta quisiera empezar como yo lo hice en los años ’80, le resultaría imposible. Hay demasiada competencia. Yo no quiero sonar nostálgico, es sólo que todo ha cambiado.

Almodóvar es parte de ese cambio. El hombre que solía vestirse con medias de red y minifalda de cuero al frente de una banda de glam-punk, ahora asiste a clases de yoga.

El cineasta —tras ganar el Oscar a Mejor película extranjera por Todo sobre mi madre en 2000 y alzar el mismo trofeo en 2003 por Mejor guión original gracias a Hable con ella— se ha unido a la lista de otros grandes ibéricos que rompieron los moldes tradicionales, como Pablo Picasso y Salvador Dalí.
Más allá de su sello rupturista, el director también es famoso por poner personajes femeninos en el centro de sus películas. Una de sus musas es Penélope Cruz, quien tiene un cameo con Antonio Banderas en Los amantes pasajeros. La presencia de la atractiva artista es un recordatorio de cómo Almodóvar ha hecho su carrera, y por qué ahora tiene una larga lista de actrices famosas que le ruegan por algún papel en sus películas. Eva Mendes es la última en confesar aquello.

—¿Cómo vive esa demanda por usted?
—Toda mi vida grandes actrices me han pedido papeles. Es un número infinito. Se dan cuenta de que no sólo escribo buenos papeles femeninos, sino que también trabajo duro con ellas. Importantes artistas a menudo están condenadas a trabajar en los personajes por su cuenta. Cuando estrellas que no hablan castellano solicitan algún rol, me imagino, anticipan que soy un director que pasa más de la mitad de su tiempo durante el rodaje y la pre-producción colaborando con los actores. Deben decirse: Quiero a alguien que me obligue a trabajar, que me haga saltar sin paracaídas, pero que esté allí para darme seguridad.
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—¿Quiere trabajar en Hollywood?
—Nunca he hecho una película en inglés, pero una de las razones para realizarlas sería la de trabajar con algunas de estas actrices, que adoro.
Uno de varios guiones que mantiene a medio escribir tiene a Nueva York como telón de fondo. Una historia cuya posibilidad de ver la luz en forma de largometraje siempre se desvanece.

—¿Le atrae dirigir en inglés?
—Estoy un poco viejo para cambiar el idioma y la cultura. Puede ser demasiado tarde para empezar a tratar ese tipo de cosas.

—¿Su estilo es muy difícil de traducir?
—Los amantes pasajeros es una comedia mediterránea, que comparte elementos del género con clásicos italianos. Tenemos lenguas afiladas, lo que no significa que realmente queramos que sucedan cosas malas a la persona a la que le hablamos. Hay una ausencia descarada de la inhibición en la forma en que los personajes actúan, hablan, gritan y pierden la compostura. Lo hacen acaloradamente expresando exactamente lo que sienten. No es que seamos más sinceros que los británicos, sólo que no somos capaces de mantener la boca cerrada. Y eso es genial para la comedia.