Sólo aparecía la letra “G” en la pantalla gigante y en la mención de su nombre en el día de las nominaciones al Oscar. Pero el cine latino festejaba a uno de los suyos: Alejandro González —sin abreviaciones— Iñarritu (52). El hombre con ADN al sur del Río Grande y que tocó la fama y reconocimiento internacional por mostrar nuestra geografía humana y física en la crudeza del DF con Amores perros (2000).

La historia con Gael García Bernal de protagonista tuvo nominación al Oscar a Mejor Película Extranjera y el director mexicano comenzó a caminar por una alfombra roja que luego se le haría tan conocida como las calles del Distrito Federal. Las postulaciones de la Academia volvieron a sonar para él y las megaestrellas reclutadas para sus cintas: 21 Gramos, Babel, Biutiful.

Y cuando muchos creían que el año pasado lograba la gloria con sus trofeos por Birdman (Director, Película y Guión Original), el azteca retorna de inmediato con 12 nominaciones para El renacido. Y con la posibilidad de marcar historia para su protagonista Leonardo DiCaprio, quien es favorito para lograr su esquivo Oscar.

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El nuevo largometraje de carácter épico se basa en hechos reales de 1823. Revive la aventura de un grupo de traficantes de pieles en una cruzada de cacería en Montana y Dakota del Sur, mientras esquivan el ataque de tribus indígenas. En esa travesía el experimentado explorador Hugh Glass (DiCaprio) es mutilado por un oso grizzly; sus pares optan por abandonarlo. Sufrimiento físico al que se suma la traición de su compañero John Fitzgerald (Tom Hardy, Mad Max). Determinado a sobrevivir para ajustar cuentas, emprende una odisea de 320 kilómetros, valiéndose sólo de su voluntad.

El rodaje de El renacido también tiene carácter mítico. Se realizó en las montañas de Calgary y Patagonia argentina bajo condiciones extremas. Se generó tal tensión que parte del equipo renunció y otra fue despedida. Evitaron que Hardy golpeara a González y, titulares apartes, fueron los sacrificios de DiCaprio: sufrió hipotermia, comió pescado vivo y entrañas de bisonte (él es vegetariano) y durmió protegido en el cadáver de un caballo.

El domingo 28 dejará atrás el frío bajo cero y pasará a la soleada alfombra roja californiana en busca del Oscar.

—¿Cómo describes a Hugh Glass?

—Es muchas cosas a la vez: un hombre, una bestia, un mártir, un espíritu.

—¿Lograste detalles sobre su vida?

—Sabemos que sobrevivió a un ataque de oso grizzly y que buscó vengarse de quienes lo abandonaron. Pero el ‘antes y después’ de aquello es una incógnita.

—¿Cómo llegaste a su historia?

—Al leer el borrador de guión de Mark Smith. Me impactó. Luego seguí con el libro Here Lies Hugh Glass. Sumé documentos y diarios de los tramperos de la época.

—¿Qué te llamó la atención?

—Era un relato fascinante: personas en territorios inexplorados viviendo aventuras reales. No como en la vida actual en que dependemos de nuestros GPS. En El renacido gran parte está contado a través de imágenes, cómo era la vida en esa región durante un capítulo estadounidense del que se conoce muy poco. Ese contexto de principios del siglo XIX es extremadamente interesante, pero no existía la fotografía para registrarlo. Por eso que mucho de lo que ocurrió es un enigma, una leyenda. Siempre se ha reducido a los malos contra los buenos, los indios contra los vaqueros. Pero es mucho más complejo. Es la época anterior al boom del petróleo y la fiebre del oro, donde el negocio más rentable era el comercio de pieles.

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—¿Por qué los tramperos no entablaron relación con los indígenas?

—Los europeos llegaron a territorios salvajes y actuaban con violencia. No tenían ningún respeto por la naturaleza y rompían los tratos con los nativos. ¡Era brutal! No se acercaron porque los veían como “los otros” y nunca los entendieron. Ese fue el comienzo del capitalismo sin regulación y el consumismo despiadado que vemos ahora.

—¿Buscaste esos mensajes?

—Pensé que era una gran oportunidad para colocar un espejo frente a lo que pasó hace casi 200 años. Ver ahí muchos de los problemas de hoy: xenofobia, calentamiento global, consumismo masivo, falta de piedad hacia la naturaleza y cero empatía con personas diferentes.

—¿Cómo reaccionó el estudio al presentarles un proyecto tan ambicioso?

—Me dieron todo el apoyo. También los actores. No hubo secretos. No hubo juegos sucios. Pasé años escribiendo esto y no había nada más. Fue una confianza mutua. Artísticamente es una producción sumamente compleja.

—¿Quedó como la visualizaste al inicio?

—Me siento extremadamente orgulloso del resultado. Hacer una cinta como ésta es un privilegio.

—¿Cómo era un día normal de filmación?

—Al rodarse en invierno, pasadas las dos de la tarde ya no había suficiente luz. Las locaciones eran tan remotas que teníamos que estar listos cuando llegábamos. Por eso ensayamos muchísimo, para poder trabajar lo más pronto posible porque teníamos sólo una hora —con suerte hora y media— para filmar. Se necesitaba una precisión rigurosa, casi como un reloj.

—¿Cómo elegiste las locaciones?

—Empecé a buscarlas hace cinco años porque sabía que iba a requerir cerca de cien.

—¿Cuál era el criterio?

—Sabía que no serían sólo locaciones, sino que prácticamente personajes que adoptarían a Glass: lo dañarían, transformarían, le darían cobijo, provocarían pesadillas, protegerían, amenazarían. Para eso debía sumergir a los espectadores en paisajes muy especiales, remotos, intactos. Fue desafiante, pero valió la pena.

—¿Cuál es tu mirada para Glass?

—Hugh Glass está muriendo e intenta sobrevivir. Hilvana partes de su vida y, mientras lo hace, vemos la imagen de su mujer, la relación con su hijo y todo lo que ha perdido… Eso puede ser visto como muy romántico o poético. Y es justo lo que yo quería lograr: una dimensión espiritual que hablara por él, para que la gente pudiera entrar a su alma.

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—¿Cuáles eran tus metas artísticas?

—Me interesaba que los espectadores vieran montañas reales, nieve real, niebla real, lluvia real. Cuando integras el mundo del que somos parte te conectas con esa belleza, la reconoces y la contemplas es algo sencillamente sublime. Las escenas entre Hugh Glass y su hijo son poderosas… Esta película es finalmente una historia de amor. Tener un hijo de raza mixta en esa época era muy difícil.

—La actuación de Leonardo DiCaprio ha sido muy premiada, ¿cómo fue su trabajo?

—Una experiencia fantástica. Es un gran colaborador que tiene mente de director. Estuvo presente, apoyaba, fue sensible, valiente e inteligente. Todo lo que puedes esperar de un actor de esa magnitud. No podría estar más contento con la relación y la experiencia por la que pasamos juntos. Su papel es extremadamente físico. Leo es uno de esos artistas que pueden darte todo con su cuerpo y puedes entenderlo el lugar en que se encuentra sólo con ver sus ojos. Actúa con sus ojos. Y en este caso —como hay muy poco diálogo— tiene que hacerte sentir miedo, frío, tristeza, furia y muchas emociones complejas simultáneamente con su lenguaje corporal y… sus ojos. ¡Es una tarea muy difícil! Me pareció fascinante también la manera de relacionarse con su personaje físicamente. Su némesis, Fitzgerald (Tom Hardy), hace cosas despreciables, pero también muestra cierta humanidad. Ese tipo de personas no son malas, sólo ignorantes, víctimas de su propio ego; no hay empatía ni compasión. No pueden ver algo diferente, les da miedo. Y esos elementos están más y más presentes en el mundo actual.

—¿Qué es lo que motiva a Glass para vivir y buscar a Fitzgerald?

—Hay dos niveles. Uno es la venganza (alguien le quitó lo que más quería). Pero detrás está la historia con esa persona que perdió, su mujer. Creo que el haber conocido el amor —ese sentido profundo de la vida— lo hace seguir adelante. Rompiendo la ‘cuarta pared’, en ‘la escena’ de la película Glass lanza una mirada encendida, presente y remota. A la vez, llena de incertidumbre y triunfo… Quería que se encontrara con esa pregunta: ¿Qué sigue después de la venganza? Nunca te ayuda a recuperar lo que perdiste, lo amado. Y si la venganza es lo que le da sentido a tu vida, una vez que la ejecutas tu existencia pierde significado. Ese vacío es lo que me interesaba explorar. ¿Qué sucede luego? Pienso que el protagonista tiene algo más que la venganza: el amor.