Humilde, agradecido y consciente de lo que la vida le ha entregado. Cualidades que un genio como Al Pacino (75) tiene de sobra y es lo que, además de su talento, logró conquistar por más de cuatro décadas a los amantes del cine y la televisión. Desde su estrellato como Michael Corleone en El Padrino (1972) pasando por Perfume de mujer (1992) —cinta que logró obtener el premio Oscar a mejor actor— Danny Collins, su último trabajo, marca el antes y después de uno de los más grandes actores de todos los tiempos. La fama y sus excesos y los más de 40 años de carrera son algunas de las cosas que tiene en común Pacino con el personaje principal. No le cuesta aceptar sus defectos y duda de su grandeza en la actuación e, incluso, dice tener muletillas que nadie pensaría que un intérprete consagrado como él podría poseer. 

—En Directo al corazón interpreta a un rockero que tiene pánico escénico cuando va a cantar, ¿ha tenido miedo escénico alguna vez? 

—Todo el tiempo. Aún lo tengo. A veces no recuerdo mis textos, ya tengo mi edad… te olvidas de las cosas.

—¿Y cómo lo hace para no irse a negro y seguir adelante?

—Es como si estuviera viendo un lienzo y dibujo sobre él. Esa técnica, con el tiempo, te funciona. Es como montar una bicicleta: nunca se te olvida.

—Es uno de los más grandes actores de cine de todos los tiempos. ¿Qué lo mantiene vigente hasta hoy?

—Aún estoy en eso y me gusta. No he cambiado mucho con los años. Amo las historias de sobrevivientes. Eso me llama la atención estos días. Me considero un sobreviviente. Me he mantenido vigente a pesar de los años. ¡Oye!, soy un sobreviviente.

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—¿Por qué se considera un sobreviviente?

—Mi personaje en Directo al corazón ha sido alejado de su origen y quiere mantenerse vigente. Yo he pasado por eso. Lo he sentido. Pero como un sobreviviente tú necesitas volver a lo que sabes y en lo que estás en control. Eso me gusta. Tengo algo de eso. Tal vez puede ser mi secreto. Uso lo que está a disposición, es lo que me energiza.

Esa fuerza es la que lo mantiene activo en teatro, dirección y cine, donde tiene proyectos activos por lo menos hasta 2017. Sus tres hijos: Julie Marie Tarrant de 25,  además de los adolescentes de 14 años Anton James y Olivia Rose D’Angelo, más su joven pareja argentina, treintañera, tienen a Pacino en buen estado físico y acompañado.

—¿Cómo ha llevado el pasar de los años, el hacerse viejo?

—Te tienes que ajustar y estar dispuesto al cambio. No se vuelve fácil cuando eres viejo, pero es posible. Tengo hijos jóvenes. Eso cambia toda tu perspectiva de vida, me hace feliz. Y todavía me produce felicidad actuar. No todos mis compañeros sienten lo mismo.

—Siempre se ha dicho que los músicos y las estrellas de cine comparten vidas similares con relación a los excesos.

—El alcohol, las drogas, las cámaras, son parte de tu estilo de vida. Leí eso en el guión y automáticamente me relacioné con eso. Lo hace más real.

—¿Cómo maneja la elección de sus nuevos trabajos? ¿Hay gente que intenta convencerlo de hacer algo que no le interesa? 

—No estoy haciendo nada ahora mismo que no quiera hacer. Es un lujo, he trabajado por décadas y la verdad lo estoy disfrutando. Me siento como un vino que se vuelve mejor con el tiempo. Amo cantar. Amo bailar. Me gusta y estoy disfrutando la vida estos días. La música me nutre mucho.

—¿Qué es lo peor que le puede pasar a un actor cuando se vuelve viejo?

—Un actor que pierde el ‘apetito’ es algo triste. Eso a cualquier artista lo aterra. Debes tener hambre para hacer lo que quieres hacer.

—Sus personajes están llenos de frases para el bronce.  ¿Cuál es la que los fans más le recuerdan?

—Mayoritariamente las de Scarface. Esas las escucho todo el tiempo. “Di hola, a mi pequeña amiga” es la que escucho más. Y no me molesta. Amo que las guarden en su memoria.

—¿Cuál es su postura con respecto a la humildad en una industria donde ese no suele ser un atributo?

—Mira, estoy muy consciente de lo afortunado que he sido con los años. Sé que la suerte juega un papel muy importante en lo que hacemos como actores. No soy tan arrogante como para pensar que todo se basa en mi gran talento (risas). Así que estoy agradecido, y me siento muy  humilde.

—En Directo al corazón interpreta a un cantante. ¿Cuál es la música que ama?

—A los Beatles, los Rolling Stones, la música clásica. También el rock and roll… ¡Crecí en los cincuenta!

—En esta película su personaje recibe una carta de John Lennon. ¿De quién te hubiese gustado recibir una carta?

—A cualquiera le hubiese encantado recibir una carta de alguien a quien ama. No soy diferente en ese asunto. Por un tiempo pensé que sería genial haber recibido una carta de Ludwig van Beethoven. Aún más, fui la reencarnación de Beethoven por un tiempo. Estaba escribiendo música y pensé: ¿dónde está saliendo esto? Me sentí inspirado y pude reflejarlo. Se sintió genial.

—¿Cuál es su aproximación a la fama? Creyó que alguna vez iba a ser reconocido y respetado a nivel mundial?

—Nunca. Aún estoy sorprendido por haberme vuelto famoso. Nunca fui el típico niño bonito. Era diferente, pero me salió muy bien.

—Muy poca gente sabe que escribió mucha música durante su carrera. ¿Está en planes de publicarlo?

—Mi poesía que escribí, mi música, la perdí toda. Están en alguna grabadora en algún lado. Pensé que estaba haciendo algo especial, pero perdí las cintas y no tengo idea dónde están.

—¿Alguna vez se ha avergonzado por algo?

—¡Claro que sí! Mis pinturas por ejemplo. Me dan vergüenza y no las he mostrado a nadie.

—Usted es uno de los intérpretes con mayor trayectoria en la industria. ¿Qué es lo que cree que transforma a un actor en un gran referente?

—¿Como quién? ¿Cary Grant? Aún no lo sé. No sé cómo Cary Grant lo hizo. Requiere entrega, carisma, una cierta personalidad. Las estrellas de cine son diferentes hoy. Ha mutado a otra cosa. Alguien como Clooney o DiCaprio son distintos. Son más “personajes actuando”. Marlon Brando cambió eso. El era un actor personaje.

—¿En qué lugar se ve usted?

—Eso es para que otros contesten. No lo sé. Pertenezco a algún grupo. Me cuesta mucho juzgarme a mí mismo.

—¿Cómo maneja el asedio mediático a los setenta y cinco años de edad comparado cuando era más joven?

—Ha mejorado. Era duro en los años setenta. Sentí que me volví famoso en minutos. Fue demasiado. Es mucho para cualquiera. 

—Las mujeres lo aman. ¿Qué cualidades ama usted de una mujer?

—Me gustan las que exigen cosas. Me gustan ‘fieras’, mujeres fuertes. Como Annette Bening. Ella es tremenda.

—¿Por qué nunca se casó?

—Esa es probablemente una pregunta que me hago hasta hoy. Lo miro filosofalmente. Tuve grandes relaciones y estoy muy feliz ahora. Era mi paso por la vida y estoy contento de haberlo recorrido.

—Para Directo al corazón tuvo que cantar frente a público real. ¿Cómo fue eso?

—Canté con Chicago. Entré caracterizado. Actué un personaje. El vocalista le habló a la audiencia y le dijo que había alguien aquí esta noche, y luego tocó una parte. Y la audiencia estaba eufórica. Fue increíble.