Los flashes iluminaban sus caras cuando salieron de la corte superior de Los Angeles como si se tratara de una segunda condena. Una vez más la historia se repetía. Indio Downey Jr., de 21 años, era procesado por porte y consumo de cocaína, tal como sucedió tantas veces con su padre, el actor Robert Downey. Mientras las cámaras buscaban el mejor ángulo para atrapar el gesto de arrepentimiento y culpa, el silencio dominaba la situación. No hubo declaraciones ni regaños públicos. Sencillamente, hijo y progenitor bajaron la mirada y se abrazaron con timidez cuando el juez Keith L. Schwartz dictó la orden de que el joven debe someterse a un programa sicológico para tratar sus adicciones y, sobre todo, buscar el apoyo de su padre en caso de ser necesario.

‘¡El apoyo del padre!’, exclamaron los periodistas apostados afuera. ‘¡Pero cómo! Imposible!’. Para nadie es un misterio que de la generación actual de actores de renombre, Robert Downey Jr. tiene el prontuario de drogas más extenso de Hollywood, sin contar eternas jornadas de rehabilitación y millonarias multas. Pudo haber sido un niño mal criado de Manhattan, pero el actor creció bajo el rigor de su padre, el director y productor también del mismo nombre. Mitad judío, mitad católico, hizo que su hijo entrara al set siendo un niño, con precoces roles protagónicos. Para premiarlo, dejaba que con seis años de edad consumiera marihuana que él mismo le entregaba. Era su ejemplo, su modo de crianza.

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La madre, Elsie, parecía no reparar en la actitud de su marido y siempre se mostró más cercana a la hija mayor: Allyson, que creció como una niña acomodada del Greenwich Village. Pasaron los años y el mismo Downey reconoció que ‘creció rodeado de droga’. Aunque era demasiado tarde, su propio padre después le confesó que estaba arrepentido de lo que había hecho… “Sabía que entre él y yo se había creado un vínculo emocional en torno al consumo. Tomábamos medicamentos juntos. Esa era la forma en que me expresaba su cariño, así me premiaba, porque no conocía otro camino”.

Downey se transformó en un adolescente que abusaba del alcohol y que se pasaba noches enteras llamando por teléfono para conseguir crack, heroína, anfetaminas y, por supuesto, cocaína. Un camino que ahora Indio Downey, de 21 años, parece repetir al pie de la letra. Hasta la fecha lleva más de 70 días internado en un programa de rehabilitación y, sólo si cumple con cada uno de los compromisos pactados ante el tribunal, su sentencia podría ser desestimada en 18 meses más. Su arresto fue en junio pasado, mientras la policía hacía un control por las avenidas de West Hollywood. Aunque no estaba manejando, Indio fue el único arrestado. “Estamos agradecidos por la intervención del Departamento de Policía y creemos que mi hijo puede cambiar su historia por una recuperación exitosa. Una moraleja por su mal ejemplo”, dijo Robert tras el arresto.

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Y luego fue directo al grano: “No puedo omitirlo. La drogadicción es algo genético. Mi padre, yo y ahora mi hijo hemos pasado por lo mismo”, dijo con absoluta convicción. Meses de internado en clínicas, cárcel y la pérdida de papeles protagónicos por irresponsabilidades y trasnoches consecutivos, hicieron que poca gente le tuviera fe. Entre lecturas de libretos, extenuantes noches de fiestas y mañanas de resaca, Downey fue lentamente labrando una carrera en el cine. Lenta, pero con grandes aciertos. Ahora, con 49 años, es uno de los diez mejores pagados actores de Hollywood. Su trabajo en la trilogía Iron Man lo consagró. Ahora, como si se tratara de algo profético en estos días de juicios y declaraciones, promociona su nueva entrega El Juez. En la cinta, interpreta a un abogado con mucho poder en Chicago que, cuando llega al funeral de su madre, se encuentra con la mala noticia de que su padre (la leyenda, Robert Duval) está siendo procesado por un asesinato. Debe defenderlo y es ahí donde aparecen los reproches y distancias entre progenitor e hijo. Esos sentimientos ‘enterrados’ son los que hacen recordar la difícil relación que ha tenido el mismo Downey con su padre cineasta.

—¿Apareció la sombra de su padre mientras hizo esta película?

—Vi esto más como una reflexión universal sobre las dinámicas familiares difíciles y cómo pueden llegar a ser las cosas más complicadas… Por supuesto que hay algunos paralelismos de la relación con mi papá y se abrieron un montón de válvulas emocionales en mi cabeza. Pero siempre de un modo positivo, más enfocado en los sentimientos de reconciliación y la forma de encontrar un camino más allá de toda la basura que se acumulas y que a veces nos separa de los padres. 

La película dirigida por David Dobkin es una de las favoritas para los premios Oscar del próximo año. Durante su estreno, en el reciente Festival de Toronto, apareció Downey junto a su mujer, la influyente productora Susan Levin. Fueron aplaudidos por la industria como una pareja de éxito. Un matrimonio que se ha consolidado también como una dupla de trabajo. El proyecto El Juez es, de hecho, otro de sus productos audiovisuales. En esta misión, reclutaron a estrellas como Vera Farmiga, Vincent D’Onofrio, Dax Shepard, y Jeremy Strong. “Este es otro gran año para nosotros”, dijo Downey.

 —Está viviendo procesos emocionales fuertes respecto de la paternidad, ¿la película lo llevó a pensar más cosas?

—Podría llorar ahora mismo si quisiera pensar en todo lo que la grabación me evocó. Mi esposa pensó que hacer El Juez sería una experiencia importante e incluso terapéutica. Y tenía razón. Como actores a menudo confiamos en nuestro subconsciente y todo nuestro arsenal psicológico lo ponemos en los personajes que interpretamos. Pero esta historia me llevó a un proceso más profundo.

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—¿Esa fue la razón por la que, junto a su mujer, eligió esta película como el primer proyecto de su compañía?

—Hubo muchas razones. Era una hermosa historia. Muy americana, un poco al estilo de la vieja escuela, como esas películas con las que crecimos en los años 70 y 80. Relatos que tenían este tipo de impacto.

—Dicen que El Juez podría figurar en la carrera de los Oscar... ¿Qué espera en verdad?

—Que el público responda a nuestra película y que tal vez se envíe una señal a la industria… Que se sepa que las audiencias también quieren historias íntimas. Nuestra cinta es una celebración a las familias y sobre cómo es posible volver a conectarse de nuevo. La familia es la base de gran parte de nuestras vidas.

—¿Cambió su vida de algún modo?

—Después de terminar cada día de rodaje, llegaba a casa lo más rápido posible para pasar tiempo con mi hijo Exton. Lo tomaba en brazos y lo hacía dormir. Ese es el tipo de efecto que tuvo en mí. 

—¿Experimentó alguna sensación de arrepentimiento o culpa por las diferencias del pasado entre usted y su propio padre?

—Yo no quiero entrar en detalles, pero logré entender que siempre puede haber un momento en que la relación entre un padre y un hijo se detiene.  Son verdaderos desgarros, que también pueden suceder entre hermanos. Conectarse nuevamente parece difícil pero con amor y tolerancia es posible.

—¿Qué tan fuerte fue el cambio de ritmo de pasar de Iron Man a El Juez?

—Fue bueno tomar un descanso entre mi trabajo más conocido y comercial. Esta vez, me gustó volver a las bases del drama y tocar temas más reales. Sé que Tony Stark, mi personaje en Iron Man, ocupa un lugar estratégico en mi carrera. Pero todavía quiero hacer otro tipo de historias.

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—Ahora será padre nuevamente…  le faltará tiempo para estar con su familia.

—Muy cierto. Es un momento salvaje y emocionante para los dos. Hemos sido muy bendecidos con la llegada de Exton, que nos ha traído alegría. Ahora empezará un próximo capítulo de nuestra vida familiar. Pensar en todo el tiempo en que estaré con ellos, me llena de felicidad.  Pero el trabajo sigue siendo muy importante para mí. Tengo que mantenerme ocupado y no dejar que mi mente divague demasiado..

—¿El trabajo como una medicina?

—La experiencia así me lo ha enseñado. No hay mejor terapia que el trabajo. Necesito la disciplina, mantenerme ocupado y estar con mi familia. Siempre quise hacer algo extraordinario con mi vida y dejar alguna huella en el mundo.