Pero en los últimos años sus películas, hechas a paso veloz por Europa, acusan la liviandad de un turista: una gruesa simplificación sobre las idiosincrasias europeas ocupando de telón de fondo la iconografía más típica de los lugares que visita. Este es un nuevo paso en falso.

Allen ya ni siquiera tiene timing para la comedia: alarga los gags hasta quitarles toda su gracia (como en la subtrama del cantante de la ducha). Digámoslo claramente: la peor película de toda su historia.

EE.UU.-Italia-España, 2012. Director: Woody Allen. Con Roberto Benigni y Penélope Cruz. 112 minutos.

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