Figuritas plásticas, trajes, espadas, poleras, ropa para mascotas, papel higiénico, cuadernos, libros, videojuegos o parques temáticos. El imperio de Star Wars, creado por George Lucas en 1977, sigue creciendo como la espuma. Y desde el principio Lucas supo que la taquilla de sus películas sólo sería una parte. Tener en las manos a Darth Vader o al Halcón Millennium iba a ser igual de importante que verlos en el cine.

El director vio esto, lo unió a la idea de que toda película de Star Wars se estrenaría en diciembre, el mes de los regalos, y prefirió resignar dinero de su contrato para poder quedarse con los derechos de los productos. En Chile el fenómeno de los caballeros jedi, el lado oscuro y las batallas espirituales en una galaxia muy, muy lejana, llegó rápidamente.

TVN llenó jornadas completas repitiendo las cintas durante los años ochenta, haciendo crecer aún más el fervor por la saga. Hoy se cuentan más de 30 grupos organizados de fans a lo largo del país, que se reúnen para mostrar sus disfraces en eventos de cosplay, realizar convenciones o intercambiar toneladas de juguetes que han coleccionado durante 40 años.

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NI UN PESO POR LUCAS

En medio de una filmación caótica y con todo el mundo del cine riéndose anticipadamente de inminente fracaso del proyecto de Star Wars, la aventura, originalmente protagonizada por Carrie Fisher, Mark Hamill y Harrison Ford, contó con un presupuesto de 11 millones de dólares, pero terminó recaudando 786 millones de dólares mundialmente. Nada mal para un experimento durísimo liderado por los primeros exponentes serios de los efectos especiales en cine. Lucas, que puso su alma en la concreción del proyecto, finalmente se llevó la tajada más grande. Según Forbes, el cineasta embolsó más de 20 mil millones de dólares por ventas de merchandising durante los 38 años en que fue dueño de la franquicia.

Luego de la compra de Lucasfilms por Disney, la compañía del ratón intentará seguir sacándole todo el jugo a la historia y sus derivadas. El despertar de la fuerza, estrenada en 2015 —obviamente en diciembre—, puso en órbita a nuevos personajes que vienen a tomar la posta de los clásicos Luke Skywalker, Han Solo o Darth Vader. Aquí aparecen Rey, Finn, Poe Dameron y el malvado Kylo Ren, que en su debut lograron más de dos mil millones de dólares sólo en taquilla (la tercera película con más público en la historia). Del merchandising, ni hablar. Dos ejemplos serían el videojuego Battlefront, que sólo activado el regreso de El despertar de la fuerza, reportó ventas por más de 700 millones de dólares.

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La editorial Del Rey, que publica las novelas sobre Star Wars, sólo hasta 2014 había vendido unos 75 millones de libros, fenómeno que se replicó en Chile con Por la razón o la fuerza, donde nombres como Pancho Ortega o Jorge Baradit relatan su conexión personal con la saga. La llegada de Disney también hizo explotar el campo de los parques temáticos. En mayo de este año se conoció lo que en un futuro se llamará Star Wars Land (La Tierra de la Guerra de las Galaxias), ubicadas en Disneyland de California y en Disney World de Orlando y que se prevé abrirán en 2019. Desde ya paseo obligado para grandes y chicos. Para fanáticos intergeneracionales, nerds asumidos y niños ansiosos, con 40 años de vida, La guerra de las galaxias sigue más viva que nunca. Todas las miradas las concentrará The last jedi, con el regreso en grande del (ahora) viejo Luke Skywalker, a partir del 14 de diciembre. Lo demás cae de maduro. Partir a comprar su figurita favorita para el regalo de Navidad, tal como lo pensó George Lucas.