A días del estreno mundial de “Grace of Monaco” que abrirá los fuegos de la próxima edición del Festival de Cannes, la guerra entre el equipo realizador y la familia Grimaldi ya está desatada. La mirada del director francés Oliver Dahan sobre el último intento de la desaparecida actriz por regresar al celuloide en plena crisis diplomática con Francia, desató la ira de Alberto II, Carolina y Estefanía. A 32 años de su muerte, la princesa finalmente cumplió el sueño de regresar a la pantalla gigante, pero a un precio que sus hijos, más unidos que nunca, no están dispuestos a pagar.

Mucho antes de que se liberaran las primeras imágenes de una espléndida Nicole Kidman caracterizando los looks más emblemáticos de Grace Kelly, en los pasillos monegascos ya se escuchaban, a viva voz, los reparos a la producción del director que saltó a la fama con “La Vie en Rose”, inspirada en la vida de Edith Piaf. Incluso, con mucha antelación a que las cámaras se instalaran en La Roca o Le Rocher como se le conoce al pequeño principado, los herederos de Rainero ya les habían comunicado a los realizadores galos la necesidad de modificar sustancialmente un guión “plagado de inexactitudes y situaciones ficticias”. Claro que sin ningún éxito.

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En el rodaje que se inició en la primavera europea del 2012, en Francia y Mónaco, el actor inglés Tim Roth se puso en la piel del príncipe Rainero III en un momento de gran tensión diplomática. Fue en el año 1962, días en que el entonces presidente de Francia Charles de Gaulle acababa de darle un ultimátum de seis meses para reformar las leyes impositivas al principado y evitar que la ciudad terminara por convertirse en un paraíso fiscal y en el peor de los casos, un refugio para los estafadores.

En ese escenario, Grace, ávida de la adrenalina de los estudios, comienza a coquetear con Hollywood y casi simultáneamente recibe la propuesta de protagonizar la nueva cinta de Albert Hitchcock, “Marnie”. La mujer nacida en Fidadelfia en el seno de una familia poderosa, culta y adinerada, sueña con volver a brillar en la pantalla gigante, pero a la negativa de su marido se suma el rechazo de los súbditos monegascos que no quieren compartir a Su Majestad con el séptimo arte.

En la historia, en la que también interviene la española Paz Vega como la soprano María Callas, está presente la figura del padre Francis Tucker (Frank Langella, ganador de dos premios Oscar), confesor y confidente de Grace. Es él quien, en uno de los momentos cruciales del filme le dice: ‘Eres un cuento de hadas, la serenidad a la que todos aspiramos, y la paz llegará cuando asumas el rol que te ha adjudicado el destino’.

En un reportaje de la revista Paris Match, los Grimaldi justificaron su molestia aunque negaron cualquier intento de boicot. “No podemos admitir que los productores den a entender que por razones comerciales, la familia real habría prestado algún tipo de colaboración, porque no es el caso. No hemos participado de manera alguna en esta película supuestamente dedicada a nosotros y que en ningún caso tiene un carácter biográfico”.

En este sentido, fuentes de palacio puntualizaron: “En reiteradas oportunidades transmitimos numerosas peticiones de cambio y ninguna fue tomada en consideración. La historia relata una página de la historia reescrita e inútilmente glamourizada”. Al paso de la artillería real salió hasta la protagonista de “Grace of Monaco”, quien defendió el guión escrito por Arah Amel y confesó su completa admiración por la protagonista de “Alta Sociedad” .

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“Esto es apenas una pequeña parte de su vida en la que queda de manifiesto su gran humanidad pero también los miedos y debilidades que la asechaban. Ella abandonó su carrera cinematográfica en el nivel más alto, luego tuvo hijos y otras responsabilidades, pero siempre le faltó algo que le fascinaba: actuar”, declaró Kidman, al periódico Le Figaro. En esta misma línea, el director Olvider Dahan reivindicó su trabajo. “ Yo no soy ni periodista ni historiador. Soy un artista que está reivindicando el derecho a la ficción”, aseguró, al matutino Journal du Dimanche.

“Jamás les hemos pedido que avalen nada. Hemos construido el retrato de una mujer moderna que quiere conciliar su familia, su marido, su profesión. Pero que va a renunciar a esta carrera para inventarse otro papel, lo que obviamente es doloroso de aceptar para algunos. No soy yo quien ha glamourizado al principado. Son bastante buenos haciéndolo ellos solos, sin necesidad de ayuda alguna”, manifestó.

En 1956, su enlace con Rainero III de Mónaco fue calificado como la boda del siglo hasta que veinte años más tarde Lady Di contrajo matrimonio con el príncipe Carlos de Inglaterra. Con Grace, la ciudad se revitalizó y los turistas se triplicaron. El casino revivió con la misma intensidad que el negocio inmobiliario. Las cenas de la Cruz Roja se llenaron de estrellas cinematográficas, músicos destacados, nobles exiliados y multimillonarios que pagaban fortunas por sacarse una foto junto a ella.

Después de la tentadora oferta del maestro del suspenso, Grace tuvo un cambio de 360 grados, según relata la película. Con total devoción se dedicó a las obras de beneficencia y eventos culturales que finalmente la catapultaron a la categoría de “santa monegasca”, lo que se acrecentó aún más con su muerte el 14 de septiembre de 1982, tras protagonizar un accidente automovilístico en la carretera que une la casa de los Grimaldi y el palacio real.

Con el paso de los años varios medios han teorizado sobre la relación que tuvo con su segunda patria, en especial el rol que cumplió su padre John Brendan Kelly, conocido como “el rey del ladrillo” por sus negocios empresariales, en las arcas monegascas. Otras versiones hablaron de que la mala relación con sus hijos la tenía sumida en una depresión que apenas lograba sobrellevar gracias al apoyo de jóvenes amantes con los que solía verse en París.

Incluso, algunas publicaciones aseguran que su afición a la bebida se había convertido en un secreto a voces en el elegante Mónaco. A más de tres décadas de su muerte, la vida de la mujer que encarnó el sueño de la princesa perfecta tiene aún muchos misterios que develar.