Pasó por el aeropuerto de Los Angeles con una bolsa de papel en la mano. Desde adentro, las alas doradas de un objeto puntudo luchaban por asomarse: era el Emmy que Julianne Moore (51 años) acababa de ganar por su interpretación de Sarah Palin en la película para televisión Game Change.
Ya no llevaba el glamoroso traje amarillo Christian Dior con el que subió al escenario para recibir el trofeo que pesa más de tres kilos. “Me siento tan validada con esto, ya que Sarah Palin desaprobó (mi actuación)”, dijo la pelirroja, haciendo un símbolo con el pulgar hacia abajo y dedicándole una sonrisa de oreja a oreja a su nueva mejor enemiga.
Según USA Today, Julianne agregó después: “No sé si Palin me va a responder. No se trata de ella, sino de nuestro proceso político. En un año electoral, hemos retratado cómo elegimos a nuestros líderes, que es lo que realmente hace interesante esta película”.
—Ha habido tantas parodias de ella. Con algunas de esas líneas debe haber sido difícil mantenerse incólume.
—No, no lo fue. No soy de esas personas que se da muchos cabezazos cuando está trabajando. Soy muy seria, pero creo que lo interesante de ello era lo conocidas que eran esas líneas. Como: “Supongo que un alcalde de un pueblo pequeño es como un administrador comunitario, exceptuando que tiene responsabilidades reales”. Todos la recordamos diciendo eso. Estas fueron cosas que se repitieron una y otra vez en las noticias… Las personas recuerdan cómo se dijeron las cosas, se les graban esos momentos, como si te incrustara algo en tu cabeza.
Julianne es una de las más cotizadas de Hollywood, con una carrera enorme, pero, curiosamente, nunca ha ganado el Oscar, a pesar de estar nominada cuatro veces. La primera, por Boogie Nights (1997), de Paul Thomas Anderson, donde compartió roles estelares con Burt Reynolds y Mark Wahlberg. Ahí, su interpretación de una vulnerable actriz pornográfica le valió ganar varios premios, pero no los principales.
Luego, se sintió más confiada cuando la postularon por The End of the Affair (1999), con su pareja favorita, Ralph Fiennes. En esta adaptación de una novela de Graham Greene representa uno de sus papeles más frecuentes: mujer adúltera. “Sólo cinco personas fueron nominadas en esa categoría, no son muchas… De manera que estuve bien”, declaró con tristeza.
Y, finalmente, sumándose a las poquísimas actrices nominadas a dos Oscar en el mismo año, Moore lo hizo en 2003 por Lejos del cielo (protagonista, con Dennis Quaid) y Las horas (con Nicole Kidman).

“EN LA VIDA REAL NUNCA TIENES SEXO como en las películas”, admite Julianne después de haber filmado muchas de esas escenas. “No te arrojas al suelo, no te quedas de pie, no te sacan toda la ropa, no estás luciendo lencería sexy todo el tiempo… Si alguien me destroza la ropa, ¡lo mato!”.
La pelirroja se llama en realidad Julie Anne Smith, pero cuando quiso mantenerlo como nombre artístico descubrió que todas las posibilidades estaban tomadas. “Ya había una Julie Smith, una Julie Anne Smith… El segundo apellido de mi padre es Moore; el nombre de mi madre es Anne. Así que pegué el Anne a Julie y usé los nombres de ambos para no herir los sentimientos de nadie. Pero es horrible cambiar tu nombre. Había sido Julie Smith toda mi vida y no quería dejar de serlo”.
Su padre fue un juez militar que estuvo asignado en muchas ciudades, de modo que Julie Anne no alcanzaba a echar raíces en ninguna. “Siempre era la nueva en el colegio, me sentía invisible, como que no importaba en la sala. En todo caso, esta experiencia te obliga a tener empatía con los otros”.
Estuvo en nueve colegios. Y antes de los 18 años, se había mudado 23 veces.
“Tuve una profesora de inglés en Francfort que además estaba a cargo de teatro y me comentó: ‘Te podrías ganar la vida haciendo esto’. A mí no se me había ocurrido, no conocía a ningún actor, no había ido a ninguna obra. Me pasó la revista Dramatics y agregó: ‘Puedes postular a estas escuelas’. Partí a casa y les dije a mis padres que iba a ser actriz”. Respondieron que si iba a ser de esa manera, estudiara una carrera universitaria. Postuló a la Universidad de Boston y se graduó de Bachiller de Bellas Artes en 1983. Tenía 23 años.
Comenzó en teleseries y teatro. Su primera aparición en cine fue como víctima de una momia en El gato infernal y la recuerda como “terrible”. Pero su lanzamiento a la fama fue en El fugitivo, donde tuvo un pequeño papel como una enfermera que trata de impedir que Harrison Ford escape.
Entre 1986 y 1993 estuvo casada con el actor John Gould Rubin. En 1996 comenzó un romance que terminó en matrimonio con Bart Freundlich, quien la dirigió en Volviendo a casa. Ella tenía 35 años; él, nueve menos. Tienen un hijo de 14 y una de 10, con quienes viven en Greenwich Village, Manhattan. “Mi vida familiar es increíblemente importante para mí. Quiero estar con ellos lo máximo posible. Trato de trabajar en Nueva York, o trabajo en el verano cuando pueden acompañarme. Ya se acabaron los días en que me desaparecía para hacer una gran película”.

La  que le dio el Emmy se basa en un libro del mismo nombre: Game Change: Obama and the Clintons, McCain and Palin, and the Race of a Lifetime (Cambio de juego: Obama y los Clinton, McCain y Palin, y la carrera de una vida), de John Heilemann y Mark Halperin.
Muchas publicaciones se han referido a la carismática gobernadora de Alaska que John McCain escogió como su candidata a vicepresidenta de Estados Unidos en las elecciones que ganó Barack Obama en 2008.
“Ella claramente no estaba preparada para el cargo”, comentó Julianne. “En algunos momentos, era brillante. Cuando la presentaron en la convención nacional, todo el país quedó sorprendido. ‘¿Quién es? ¿De dónde vino?’ ¡Tan carismática!, ¡tan buena para comunicar! Una verdadera patriota’. Por supuesto, después todos se dieron cuenta de que no necesariamente tenía la experiencia para dirigir nuestro país ya sea como vicepresidenta o, potencialmente, como presidente”.
—¿Cuánto ayudó la transformación física en el estilo Palin para transmitir lo que estabas haciendo?
—Muchísimo. Pasaba dos horas y media en maquillaje, era un desafío maravilloso para mí y para las personas a cargo de mi pelo. Miramos montones de fotos y cintas; estudiamos sus movimientos, sus peculiaridades, la manera en que mueve la boca, el tamaño de los ojos. Conseguimos unos marcos de lentes exactamente iguales. Intentamos que todo fuera lo más preciso posible, porque estamos tras la veracidad. El público no te va a creer por un instante si no estás lo más cercana posible a esa persona.
—¡Dos horas de maquillaje!…
—Dos horas y media.
—¿Cómo recuperas tu piel después de eso?
—Simplemente me lavaba la cara.
—¿Algún consejo?
—No, no. Sólo la mantenía limpia. Tenía maquillaje hasta en las orejas. Nuestros tonos de piel son muy diferentes.
—¿Alguna vez la prensa trató de manera injusta a Sarah Palin?
—Bueno, creo que estaba bajo una enorme presión y con una gran cantidad de voces a su alrededor. Era un desafío increíble. Tal vez eso es algo que el público estadounidense no percibió. Básicamente, ella fue secuestrada. Sólo se le permitía hablar a algunos medios. Comenzó a sentir que todo lo que decía estaba prescrito. No comprendió por qué la trajeron como candidata a la vicepresidencia por sus habilidades y después no la dejaron usarlas.
—¿Le aconsejaban cómo vestirse, por ejemplo?
—Bueno, sí. Yo no sabía que las campañas se hacían de esta manera, que a las personas las educan, visten, maquillan. Es muy similar a lo que hacemos nosotros. Parece show business.
—Si pudieras conversar con ella ahora, ¿de qué te gustaría hablar?
—Honestamente, no he pensado en eso. Creo que en mi retrato traté de ser tan equilibrada y justa como pude con los materiales que tenía. Leí sus libros, leí el de su asistente y todos los otros sobre la elección. La vi en la TV. La escuché. Traté de representarla lo mejor que pude.
—¿Qué tan diferente es el estilo de ella con el suyo?
—Para mí eso no es relevante.

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