Firmar acuerdos prenupciales está de moda entre las parejas inglesas. Aunque está lejos de ser la idea más romántica, cada vez son más los británicos que consideran que la mejor garantía para un matrimonio feliz no es el famoso “Sí
. Acepto”, sino la firma de un papel que establece normas y reglas claras en caso de separación. Algo así como: “Rompa en caso de emergencia”.
Según nos cuenta Sandra Davis, abogada de la firma Mishcon de Reya, los acuerdos prenupciales son el futuro de las relaciones amorosas, pues “ayudan a evitar el estrés en caso de ruptura y son una especie de seguro contra litigios costosos”.
Las leyes inglesas han empezado a reconocer la practicidad de esos documentos. Hace apenas unas semanas, la suprema corte reconoció el acuerdo que firmaron la millonaria Katrin Radmacher y su novio Nicolás Granatino, en el que ambos prometían que no buscarían quedarse con el dinero del otro si tuvieran que separarse. Nicolás rompió el acuerdo, aludiendo que fue injusto y peleó por obtener un rebanada generosa de los 160 millones de dólares que vale la fortuna de su ex compañera. No obstante, la Corte le dijo que no.
Por irónico que parezca, la aceptación de estos acuerdos comenzó a popularizarse en el 2008, a partir del escandaloso y millonario divorcio de Paul McCartney. Como el ex Beatle no contaba con un acuerdo prenupcial, tuvo que pagarle a Heather Mills cerca de 40 millones de dólares.
Los ingleses tomaron nota. ¿Quiénes son los que deberían firmar contratos de este tipo? Hazel Wright, socio de la firma Cumberland Ellis, asegura que los acuerdos prenupciales no son sólo para gente rica. “Son adecuados para un rango muy amplio de personas, incluyendo a los profesionales, jóvenes empresarios, aquellos que se están casando por segunda ocasión y cualquiera que desee controlar de los asuntos financieros”, dice.
En Estados Unidos, donde –según una investigación realizada en 2008 por el diario Chicago Sun- las cláusulas contemplan peticiones poco comunes, como el derecho de exigir exámenes regulares de droga y sanciones económicas por cada vez que la pareja sea infiel.
Como es fácil imaginar en Hollywood es donde se han firmado los acuerdos más escandalosos. Se sabe, por ejemplo, que los actores Catherine Zeta Jones y Michael Douglas acordaron que ella recibiría un millón de dólares por cada año que pasaron juntos y que Denise Richards y Charlie Sheen negociaron una multa de 4 millones de dólares a pagar en caso de infidelidad.
Sea en Londres, Estados Unidos o cualquier otro lugar del mundo, la principal razón para firmar estos acuerdos es el dinero y el miedo a que alguien se case por interés. Y ustedes, ¿se casarían por dinero?







Otros destacados son el risotto de calamares y el oil fish, muy bien preparado, en su punto. La nota dulce la puso un cheesecake, buenísimo (elogiado por gringos) y un tiramisú con mascarpone original. Estas mezclas hacen de la acotada carta una excelente opción en la oferta del centro de Santiago. Carolina, creció viendo a su madre preparar platos para agasajar a los convidados de su padre diplomático y decidió tomarse la gastronomía más en serio. Estudió y se fue a trabajar con la prestigiosa banquetera peruana Marisa Guiulfo de la cual aprendió muchos de sus secretos. Ahora los pone en práctica en el salón, en matrimonios y eventos que aumentan día a día.
Pero esta visión, compartida por muchos y refutada por otros, va mucho más allá de las hipótesis… lamentablemente se concreta en hechos. Todos los días nos cruzamos con demostraciones empíricas del individualismo.
El otro día fui al supermercado. Cuando llegaba al final del doloroso proceso que es para mí comprar, fui por el pan. Ahí estaba una señora, eligiendo las marraquetas. Las apretaba concienzuda y enérgicamente… una a una. Como no quedaban muchas, en pocos segundos las tenía todas manoseadas. ¿Mala educación? ¿Falta de conciencia sanitaria? Sí, pero había algo más. A la señora –confieso no me referí a ella en tan buenos términos en ese minuto– le daba lo mismo el resto. Quería asegurarse de que SUS marraquetas fueran las mejores y si para eso tenía que toquetearlas, lo haría. Y lo hizo. Individualismo puro. Cuando lo comenté en Twitter (@elquenoaporta), nadie lo vio en esos términos. Parece que ya está incorporado en nuestro funcionamiento.
