“La verdad, no me dolió. Me dio gusto escucharlos, felicitarlos también por la valentía que tuvieron… enfrentaron el problema que no es menor. Agradecer también la confiabilidad que tuvieron, lo que pasó, se mintió mucho también en prensa sobre que hubo peleas, malas tratos hacia ellos, cosa que no es verdad. Teníamos un pacto entre nosotros, se quebró y ahí están las consecuencias así que no hay que entrar en detalles… Ellos saben lo que son para nosotros”. Claudio Bravo, arquero (cuestionado) de la selección chilena.
Es muy posible que Claudio Bravo no tenga idea lo que es una ironía, recurso del lenguaje que serviría para justificar –una vez más- sus dichos desafortunados. Resulta que un día después de despacharse las declaraciones que dejaron a medio país con la boca abierta, en las que felicitó a los marginados por dar la cara, pero no justificó lo que hicieron, repasa a Vidal por irse callado y de paso, entrega su respaldo incondicional a Claudio Borghi. Extraño este Claudio Bravo, porque no sólo se le pegan los finales de las sílabas, sino que cae en unos sinsentidos muy raros y preocupantes. Quizá sería bueno hacerle algunos exámenes porque en una de esas, los lapsus que sufre son los causantes de su bajo rendimiento en el arco.
Todas estas situaciones no hacen más que dar cuenta de un camarín fraccionado y un plantel cada vez más carente de referentes, dentro y fuera de la cancha. Según versiones de prensa, habrían grupos marcados. Destaca el contingente azul que se habría arrimado a dos históricos con pasado (y corazón) azul: Waldo Ponce y Miguel Pinto. Una cuadrilla poderosa, considerando que la U aportó ocho jugadores en esta convocatoria (Pepe Rojas, Osvaldo y Marcos González, Marcelo Díaz, Eugenio Mena, Eduardo Vargas, Gustavo Canales y Charles Aránguiz), muchos de ellos además cercanos y amigos de varios seleccionados. Otro grupo sería el de los cruzados más Medel, pero no se ve muy fuerte porque hay que recordar que de los jugadores de la UC fueron convocados de emergencia, tras el incidente de los cinco del bautizo.
Los actos de indisciplina en la selección de Borghi no comenzaron cuando el hijo de Valdivia recibió el santo sacramento y tampoco en el Tavelli. En el círculo cercano a La Roja se habla de irresponsabilidades prácticamente desde el momento mismo en que ‘el Bichi’ firmó como entrenador del equipo de todos. Paraguay, Argentina (durante la Copa América) y Europa también sabrían de las andanzas de nuestros seleccionados. De hecho, dicen las malas lenguas que Marco Estrada no habría sido convocado nuevamente a este proceso a modo de castigo, a pesar de que sería del gusto del técnico. Estas actitudes habrían molestado al resto de los compañeros que sí se toman en serio esto de jugar a la pelota, pero a pesar de que sacaron a cinco manzanas podridas, el camarín ya se contaminó y la disociación entre sus miembros es inevitable.
Por último, y lo deslizó Claudio Borghi en la conferencia en la que anunció la marginación de los cinco del bautizo, existen sospechas de que habría uno o unos “soplones” en el exclusivo círculo que rodea a la selección (dirigentes, cuerpo técnico y jugadores) que filtrarían lo que ocurre al interior. A eso se refería cuando dijo que en la madrugada del último incidente, habría estado en la puerta de Juan Pinto Durán un periodista de un importante diario nacional.
Mientras, la selección pierde por goleada de visita y gana de local, el presidente de la Asociación de Fútbol Profesional, Sergio Jadue entrega su total respaldo a Borghi, quien insiste en que todo está bien y promete al diario ‘El Mercurio’ que Chile irá al mundial con un equipo limpio. Pero ¿con qué entrenador? Es un misterio porque son varios los que ya apuestan a que el técnico dimitirá ya terminado el partido con Paraguay, aunque se haya ganado (no hay que olvidar que el próximo partido de La Roja es a mediados del 2012 por las clasificatorias). Y no es tan descabellada la idea porque el seleccionador tiene fama de arrancar cuando la pista se pone pesada. De eso saben los colocolinos ¿o no?
El hecho es que el camarín de La Roja está quebrado. Sin embargo, como se le ganó a Paraguay y la memoria del hincha es débil, seguramente con la partida de los jugadores a sus respectivos clubes, con el reinicio del campeonato local y los ‘cahuines’ internos, se nos olvidará que Uruguay nos humilló, que Bravo se comió uno que otro gol, que se mandó el ‘condoro’ del año con su ‘ironía’ y que cinco seleccionados asistieron al menos santo de los bautizos.

Qué cierta la frase que del amor al odio hay un solo paso…






