De Felipe Cubillos aprendí a creer. En momentos clave de mi vida, él me señaló cosas valiosas sobre mí, que yo mismo ignoraba. Era un tipo que sabía leer a las personas. Ahora claro, me parece obvio que fue un ser superior. Un héroe. En la Grecia antigua el culto a los héroes era más solemne y sentido que el de los dioses, porque además de la gloria por sus hazañas, implicaba el luto por sus muertes trágicas.

Temo que mis recuerdos lleven a más de algún pavo a malinterpretarme. Pero voy a dejar que escriba mi corazón, apenas apoyándome en lo racional para hilar bien las ideas. Es mi forma de sublimar lágrimas. Fervores tales pueden causar estragos históricos, lo sé, pero en ese caso, bienvenido sea. Las buenas religiones, como las buenas causas y sus mitos, hacen más bien que mal a las personas.
Y Felipe sabía, como digo, leer a las personas. Lo conocí cuando a fines de los 90, los dos soñábamos con darle el palo al gato fundando una punto.com. Pero, claro, yo solo podía soñar. El, tenía las lucas y su educación de calidad asegurada y sus privilegios de clase, además de… ahora lo sé, un poder. Como reportero me presenté ante el empresario emprendedor joven que lideraba Senegocia.com, el socio principal de Los Navegantes. Supongo que había más gente, pero solo lo recuerdo a él. Sobrio, eficiente, vivo, brillante, con su power point o lo que fuera, mostrando su sueño hecho realidad y funcionando en una oficina la raja. Entonces como de refilón me contó de sus yates, del azul profundo del mar y sus noches surcando las olas.


Lo que ocurre hoy con las multitudes enciende todo tipo de alarmas. Su resolución para salir a la calle a manifestarse, la claridad simple de sus demandas, la determinación de plantearlas a quien las quiera escuchar (y a quien no también)… Todo es exactamente lo contrario a la perplejidad en vivieron esas mismas multitudes, las mismas que no se movieron durante años.


En medio de todo, el Loto. No la planta acuática, no. El juego de azar, ese que se acumuló durante 20 sorteos para terminar repartiendo alrededor de $8.000 millones, cerca de $5.500 de ellos a los 6 aciertos. El tema de conversación cambió. “¿Jugaste Loto?” y “¿Qué harías si te lo ganaras?” deben haber sido las preguntas más recurrentes por estos días. En el metro, las oficinas, en la casa, muchos soñaron –bah, soñamos– con los miles de millones. Mentalmente los gastamos, si no todos, buena parte de ellos. Casas, viajes, autos, pagar deudas. Cada uno tenía asignada la plata a su manera.

