Parte de la discusión tuitera de hoy se ha centrado en la decisión de eliminar las asignaturas de arte y música como materias obligatorias del currículum escolar. Estoy muy de acuerdo en las críticas: la educación va más allá de números y letras, de materias duras, de datos concretos. Las Artes, así con mayúscula, deberían ser parte de la educación de todos.
Tuve dispares experiencias con estas asignaturas. Mientras Artes Plásticas y Técnico Manual –entiendo que hoy se llama “Tecnología”– eran ramos que me permitían subir el promedio general, y de paso hacerme algunos pesos realizando trabajos de compañeros menos diestros manualmente, la música nunca se me dio. No es que odie la música, de hecho disfruto mucho escuchándola, pero la capacidad de generarla simplemente no la poseo.
Recuerdo, específicamente, a un profesor de música, con el que me enfrasqué en una lucha en la que, luego me daría cuenta, no podía ganar. Mi desafío fue simple: no tocaría flauta, por mucho que él lo quisiera. No importaba que el instrumento –plástico, amarillo, típica flauta dulce escolar– estuviera en mi mochila. Mis labios no la tocarían. Y así fue, incluso cuando casi repito el curso gracias a mi promedio rojo en esa asignatura. Al año siguiente, cosa que recuerdo casi emocionado, se elegía entre Arte o Música. Nunca más tuve que vérmelas con partituras o corcheas. Con blancas, negras y, eventualmente, redondas he tenido que volver a tratar, pero eso es tema para otro día.
El punto es que pese a esa mala experiencia, tener un currículum diverso es fundamental. Sin ser experto en educación –ni en nada, en realidad– creo que es la única forma de educar bien es haciéndolo de manera integral. ¿Cómo podría saber un futuro brillante músico que ese es su futuro, si en el colegio nunca vio siquiera una pauta musical?
Ese es uno de los argumentos que más he leído hoy: ¿qué hubiera pasado si un Lennon o un Roberto Bravo no hubieran conocido la música en su niñez? A lo mejor nos hubiéramos visto privados de grandes obras e intérpretes. Así de simple. Y de complicado. Sólo como ejercicio, planteo el argumento contrario: ¿qué hubiera pasado si no hubieran conocido la música personajes como René de la Vega o Ricardo Arjona? Sin duda el mundo sería un mejor lugar.
Como en todo, lo que falta es equilibrio. Alguien reclamaba en Twitter que Ricardo Lagos hizo en su período presidencial lo mismo con la asignatura de Filosofía. No sé si el comentario buscaba o no el empate, pero la señal es mala: demuestra que hay un camino en el que las asignaturas “blandas” van perdiendo espacio y cediendo a más horas de matemática, lenguaje y ciencias naturales, las que mide el SIMCE y que históricamente se han considerado “importantes”. Y que, por cierto, los alumnos tampoco están aprendiendo como debieran.









