Escoger colegios para los hijos se ha vuelto en los últimos años una situación estresante para los padres. Y es que no solamente son los niños quienes deben rendir exámenes, muchas veces los progenitores son sometidos a tests aún más exhaustivos, y si uno de ellos se equivoca el niño pierde el cupo y la relación queda deteriorada un par de meses.

Es que sin ir más lejos, el colegio se ha vuelto el pasaporte de entrada al éxito de los niños. Se piensa que asistiendo a un determinado establecimiento los niños tendrán conexiones, una carrera asegurada y podrán transitar por el sistema sin problemas. Sin embargo, existe un grupo de padres que cree que la educación es mucho más integral que obtener puntaje nacional en una PSU. Para ellos, un colegio debe formar a los alumnos desde el punto de vista integral donde coexista el ser humano y lo que aprende. “La tendencia exitista no permite educar personas, la educación es mucho más que pruebas y notas”, explica a Caras Temas un apoderado del colegio Francisco Varela, un colegio que tiene un espíritu budista en la educación.

El mapa diferente: Colegio Micael

El Colegio Micael es un proyecto compartido entre un grupo de profesores y familias que creen firmemente en la pedagogía Waldorf. Este colegio comenzó a funcionar en La Reina el año 2011 y su propósito es “encaminar a los niños a convertirse en personas libres de pensamiento, fuertes de voluntad y socialmente responsables”. Tal vez lo más interesante de este establecimiento es que tiene una comunidad educativa de estructura horizontal, donde padres y profesores constituyen una comunidad integrada que participan activamente en el proceso de educación de los niños.

El Colegio Micael es un colegio sin notas. En el contexto de la educación tradicional, pensar en un colegio en donde no se pongan notas resulta extraño o incluso insólito. “¿Cómo evalúan? Suelen preguntarnos los padres que se acercan al colegio. Esta pregunta espontánea pone en evidencia una problemática central en el proceso pedagógico tradicional, que suele homologar dos conceptos disímiles como son evaluar y calificar”, explican. “Si orientamos el aprendizaje hacia la obtención de buenas notas, instalamos en los niños y jóvenes algo que viene desde afuera y que los clasifica (insuficiente, regular, bueno, excelente). Es decir, la calificación no opera sólo sobre determinada tarea, sino también sobre el individuo en formación, influyendo en las dinámicas de aprendizaje y en las relaciones internas del grupo de alumnos (as). Asimismo, esta orientación al logro, al actuar de manera externa, sitúa a los alumnos (as) en una dinámica de intercambio (yo hago esto para obtener aquello), lo cual puede devenir en un deseo de completar una tarea, en vez de querer comprender y disfrutar las instancias de aprendizaje”, insisten.

El enfoque que utiliza el Colegio Micael es centrarse en el alumno abordando distintos conocimientos: matemáticas, historia, literatura, biología, etc., a partir de las etapas de desarrollo en que se encuentren. Al no calificarlos –el colegio explica- que dan espacio para que los niños (as) y jóvenes, con ciertas dificultades en alguna materia, puedan sentirse capaces de realizar un determinado trabajo desde sus destrezas y capacidades individuales. No hay notas, sin embargo, a diario se les exige por medio del trabajo en sus cuadernos de clase -lo que tradicionalmente se conoce como evaluación de portafolio-, tareas, investigaciones, proyectos en la media, presentaciones de distintos tipos, realización de trabajos, informes de lectura, ensayos, entre otros. Asimismo, a fin de año, los distintos profesores realizan un informe sobre cada alumno (a), en el cual dan cuenta de su aprendizaje y transitar en su materia. Como el currículum Waldorf no es reconocido por el Ministerio de Educación, una vez que los alumnos terminan la educación básica (Octavo), el colegio se compromete a que ellos rindan exámenes libres.

Por otro lado, el Colegio Micael ha sido pensado de tal modo que no tenga propietarios, evitando que la administración del poder y la toma de decisiones se concentren en una o unas pocas personas. Es por ello que profesores y familias trabajan a través de las Comisiones reflexionando permanentemente sobre la mejor forma de organizar esta comunidad educativa. “Actualmente existe un Comité Económico conformado por tres profesores elegidos y tres padres elegidos. Este grupo es el encargado de determinar el presupuesto anual, realizar los contratos, como los arriendos y contratación de profesores, entre otros, y tomar las decisiones administrativas necesarias para el funcionamiento del colegio.

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Escuela Francisco Varela

Se trata de una escuela construida multiculturalmente, desde la perspectiva del budismo. En la Escuela Francisco Varela (EFV) –ubicada en Peñalolén- la educación es entendida como un derecho y no como bien de consumo y el niño es entendido como sujeto de derecho y no como sujeto de mercado, contradiciendo la lógica marcada por las políticas públicas gubernamentales.

Sus creadores tomaron el nombre de Francisco Varela (1946-2001) el científico chileno, compañero de Humberto Maturana, que se asoció al Dalai Lama en las primeras reflexiones de esta mirada del mundo que tiende puentes entre la ciencia occidental y la espiritualidad oriental. En la escuela se promueve la meditación y el yoga infantil. La propuesta de Varela, que es uno de los pilares de este establecimiento, explica el camino de las redes y rechaza la idea del conocimiento centrado en el ser humano, entendiendo, en cambio, la adquisición del conocimiento como una suerte de redes que terminan en un árbol del conocimiento.

Otra de las referencias de la Escuela Francisco Varela está relacionada al método inspirado por Loris Malaguzzi, en la Reggia Emilia italiana, ligado a escuelas municipales, que aboga para que este tipo de escuelas sean un derecho de la libertad de pensamiento, y que los niños tengan esa consideración. Se trata de formas dinámicas, esas expresiones de escuela, como “La ciudad de los niños”, promovida por Francesco Tonoucci, el proyecto que promueve que los niños entre los 10 y 16 años tengan un espacio en los municipios, de manera de poder poner arriba de la mesa sus problemas, sin tutelaje de los adultos.

La jornada se inicia a las 8.30, con un espacio de media hora de quietud, para que los niños calmen su cuerpo, su mente y su voz. En cada sala hay un cojín para que cada niño tenga su actitud de tranquilidad, que en ellos se acerca al yoga. Los padres también pueden meditar antes de irse al trabajo, y aquietar sus conceptos, que son creación de la mente. Cada curso tiene un profesor y un tallerista. La lista de talleres impartido es abundante: kundalini yoga, cine, radio, filosofía, fotografía, telar, teatro, escalada, grabado, música, kayak, meditación, grabado, huerto, artes visuales, ciencias, danza, cocina, inglés o intervención de terapia floral, entre otros.

La EFV es muy receptiva a la diversidad y a la inclusión, por eso recibe niños Down, niños Asperger, niños con necesidades educativas especiales. También están enfocados en entregar un título técnico, por lo que tienen quinto medio, y siempre relacionado ese grado técnico con educación ambiental o ecoturismo.

El trabajo cotidiano de los alumnos está organizado a partir de proyectos. En el proyecto de cada grupo transitan sus materias, la matemática, el lenguaje, la ciencia. Para las evaluaciones tienen un informe trimestral de diagnóstico y evaluación que establece los conocimientos no solamente los intelectuales sino también las conductas, comportamientos, sociabilidad, un desarrollo propio, que configura el método de esta escuela.

Home School: El 2015 –la cifra más actualizada- el Ministerio de Educación (Mineduc) cursó más de 81 mil autorizaciones para dar exámenes libres. De ellas, 2.120 correspondieron a menores y 69 mil a mayores de 18 años (85%). La modalidad de exámenes libre se utiliza mucho en el Home School, una modalidad para educar a los hijos en casa y que crece día a día en Chile.

Sin embargo, al escuchar la frase “educación en la casa” inmediatamente surgen sus inconvenientes: que es una metodología de antaño, que quita a los niños la opción de sociabilizar, que no cubre todas las materias, pero lo cierto es que es una fórmula que gana mayor cantidad de adeptos en el país.

El concepto de educar en la casa existe hace siglos. En el pasado estaba unida a la figura de la institutriz, tras desaparecer por algunos años, tuvo un renacer en la década de los 80, alcanzando gran popularidad en Estados Unidos, donde se conoce como home schooling (educación en la casa).

En Chile, la legislación vigente no se opone a este sistema porque dentro de la Constitución, el artículo 19, en sus números 10 y 11, establece que los padres “tienen el derecho preferente y el deber de educar a sus hijos” y “tienen el derecho de escoger el establecimiento de enseñanza” para ellos.

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Existen diversas razones por que las familias actuales optan por este tipo de educación: desde motivos religiosos, desacuerdo de los padres con el sistema educativo imperante, distancia de los colegios, limitaciones en los niños e, incluso, el bullying, que afecta a muchos menores.

John Holt es uno de los precursores del home schooling, en su libro How children learn (Cómo aprenden los niños) postula, que los niños están hechos para educarse solos. “El humano es un animal que aprende. Nos gusta aprender, somos buenos para eso. No necesitamos que nos muestren cómo. Lo que mata el proceso de aprendizaje es la gente interfiriendo con él, tratando de controlarlo”, asegura este neoyorquino, ex profesor de secundaria que, tras hacer un largo estudio en una sala de clases para observar el proceso de aprendizaje infantil. Holt cree que si un niño tiene un ambiente rico y estimulante, con variados materiales, va a aprender lo que está listo para aprender. “Hay que dejarlos libres para que sigan sus propios intereses y facilitarles buenas fuentes y recursos para su educación”, insiste.

El home schooling es una forma de educar tan amplia que hablar de sistema no es completamente preciso. Está basada en una plataforma tal de libertad que, prácticamente, se puede decir que hay tantas maneras de hacer home schooling como padres. Es una opción más arriesgada también. En Cuba, la mayoría de los países de Europa del Este y en Turquía se prohíbe por completo esta práctica; en otros, como Alemania, los Países Bajos y Suecia, se limita; y en China y Hong Kong, si bien es ilegal no se persigue a quien hace home schooling. Nuestro país e Inglaterra se encuentran, entonces, entre los países que dan más libertad al respecto. Los padres de familia serán los que decidirán cómo se educarán sus hijos en casa. Así, algunos contratan a profesores, otros se encargan personalmente de la enseñanza y otros mandan a sus hijos a talleres pagados y muchos, a clases gratuitas.