“¡¡¡Paren el mundo que me quiero bajar!!!”, la célebre frase de Mafalda, el personaje creado por el dibujante argentino Quino, hace más de 50 años, parecía presagiar la epidemia que el siglo XXI afecta a las mujeres de edad cercana a los 35 a 40 años: ¡estoy agotada!, ¡exhausta!, ¡al límite!, ¡no puedo más!

La epidemia del agotamiento entre las mujeres es algo bastante serio, al punto que en Inglaterra el Servicio Nacional de Salud ya ocupa un término para clasificar este mal: Tatt, que significa (Tired all the time o cansadas todo el tiempo). Y eso no es todo. La frase de Quino no es tomada al azar, porque en Argentina existen sicólogas especializadas en este síndrome.

Imagínense un fin de semana, o quizás eso es demasiado pedir, donde los abuelos se llevan a sus nietos un sábado a las 18 horas y los traen de vuelta el domingo a las 18 horas. Esa madre, mujer dueña de casa o trabajadora de alguna empresa hará sólo una cosa: tirarse a la cama a dormir.

LAS CAUSAS

Y es que este cansancio extremo parece irónico en un mundo que tiene una serie de comodidades para que todo sea más fácil: pañales desechables, lavadora de platos, horno microondas, redes sociales para saber de tus amigos sin siquiera ir a visitarlos. Pero lo cierto es que es una epidemia que crece y que preocupa a organismos de salud, a ONGs, a sicólogos y a consultoras. Sin ir más lejos, la consultora Occurrence, asegura que las mujeres tienen un déficit anual de sueño de 342 horas, una cifra 20% superior a la de los hombres, algo así como 14 días sin dormir.

Las causas de este síndrome de agotamiento estarían enraizadas en el mundo moderno en el cual vivimos. Las mujeres comienzan una jornada laboral a las 9 de la mañana que muchas veces termina a las 18:30. Pero eso es en el papel. Porque la parte que no está escrita es que ellas se han despertado a las 7 de la mañana a preparar el desayuno, a levantar a los hijos, los han pasado a dejar al colegio. Y cuando vuelven a casa deben revisar tareas, preparar comida, bañar y acostar a los niños, sin pensar de que surja un imprevisto. Todo esto con el celular al lado, respondiendo mensajes al jefe, mandando un email que no se envío de la oficina. Terminan a las 21 horas las labores del hogar, pero podrán realmente desconectarse. Entonces ¿cómo no estar agotadas?

“Nos encontramos en una época de transición en los roles que cumple cada género en nuestra sociedad y las reglas del juego no están tan claras como antes. Es común ver familias en donde ambos padres laboran, pero a la hora de volver del trabajo es la madre la que se encarga mayormente de los niños y de los quehaceres del hogar. Hay una especie de duplicación de roles para ella en nuestros tiempos y muchas veces, producto de “deber ser” se sigue en la misma rutina hasta que se produce un colapso”, explica el sicólogo Alberto Tapia Courbis a Caras Temas.

El profesional asegura que las mujeres tienen una mayor carga de labores que las generaciones anteriores. “Aún se ve de manera recurrente que los hombres llegan a ver televisión mientras el sexo femenino llegan del trabajo a cumplir con sus “obligaciones” de dueña de casa. Ademas se les exige rendir en sus trabajos, verse bien, estar en forma, cumplir con los compromisos sociales, etc. Si uno lo piensa un poco, es realmente agotador”, insiste.

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ANÁLISIS Y MÁS ANÁLISIS… 

En un reportaje del diario español El Mundo, Laura Romero, médico endocrino del Hospital Madrid, explicó numerosas causas fisiológicas por las que una mujer puede presentar cansancio: hipotiroidismo, anemia por falta de hierro (cuando las reglas son muy abundantes), diabetes, sobrepeso… Por no mencionar trastornos más graves diagnosticados como enfermedades: fibromialgia y síndrome de fatiga crónica. Todos los expertos coinciden en que lo primero que hay que hacer cuando el cansancio se convierte en algo habitual es acudir al médico para una analítica completa. Pero ¿qué pasa cuando “no tienes nada” y sigues sintiéndote agotada? Es habitual, llevamos una vida de locos.

Y cómo no. Las mujeres suelen no delegar muchas tareas a los hombres porque piensan que no mudarán bien al niño; que si lo saca al parque lo perderá; que si ella llega a viajar y no le deja la ropa lista de los días que no estará, él no será capaz de vestirlos. Por eso tras este fatigante periplo muchas que suelen viajar por trabajo, sienten que cuando suben al avión o llegan al hotel, aunque sea por dos días, están literalmente de vacaciones.

¡VAYA LÍO!

La sicóloga Marina Fiksler apunta a que la solución está en reconectar con una misma. “Hay que cuidar, ayudar y ser solidaria, sí, pero no a costa de olvidarse de la propia persona”. Posponer, no hacer, delegar; palabras clave. Desconecta, deja que los demás asuman sus responsabilidades. Puedes no querer y puedes no poder. Y eso no te hará peor madre, esposa, hija, amiga o ingeniera. Hazte seguidora del “no pasa nada”. Es decir, no des por sentado que el bebé se va a atragantar si su padre le da la mamadera, o que si se los lleva al parque van a volver más sucios de lo normal. La teoría parece sencilla, sí, pero abundan las mujeres que se desviven tratando de llegar a todo.

Quizá la frustración más compleja en esta materia, son las de aquellas que quieren ser excelentes madres, dueñas de casa y reconocidas en su trabajo. Puede que hayan logrado ser las reinas de la casa y subir peldaños laborales, sin embargo siempre ganan un 20% menos que los hombres. Muchas son las que llevan su hogar y no descansan ni en vacaciones, ya que con un ojo miran al hijo que juega en la arena, y con el otro contestan al jefe alguna duda que haya surgido en su ausencia. Esa falta de desconexión total y de estar en el presente es la que tiene agotadas a las mujeres.

Tal vez la mejor receta es llevar una vida equilibrada. “Uno de los grandes problemas de estos tiempos y de estas sociedades modernas es la falta de equilibrio en nuestras vidas, muchas veces sacrificamos ciertas necesidades de nuestro cuerpo y nuestra mente para poder rendir. Una persona que no descansa lo suficiente y no se alimenta de manera adecuada puede entrar en un espiral muy peligroso en donde se comienzan a tomar medicamentos o sustancias que les permitirían “obviar” la falta de comida y descanso y obviamente eso puede terminar muy mal”, explica el sicólogo Alberto Tapia Courbis.

Otro factor determinante en este cansancio es la culpa. Esto se refleja en la siguiente escena: una mujer vuelve de su postnatal. Pues bien ella está constantemente llamando para saber sobre cómo el bebé durmió la siesta, si tomó agua, si comió su puré de verduras. Mientras que es más difícil que un hombre interrumpa su jornada laboral o la lectura de un informe para llamar a la casa y hacer las mismas preguntas.

El descanso, el sueño reparador, dejar la autoexigencia de lado es vital para combatir este agotamiento femenino. Ya que si esto no sucede las consecuencias pueden ser muy complejas. Se podrían generar enfermedades graves tales como depresión, el Síndrome de Fatiga Crónica, Estrés, Distimia, entre otras. Esto debido a que estamos forzando al sistema nervioso a rendir de manera no sana y terminamos “fundiéndolo” y si a esto le sumamos una posible baja de defensas por la misma causa, la lista de enfermedades puede crecer enormemente.