Probablemente si alguien hubiera planteado hace algunos años que el ser humano tenía dos cerebros, la afirmación hubiera causado incredulidad y más de alguna persona hubiera arrugado la nariz. Si además, le hubiesen asegurado que este segundo cerebro se ubica en el estómago, es probable que muchos pensaran que quien sostenía esa teoría deliraba.

Pues bien, las investigaciones actuales han demostrado no sólo que el estómago es un segundo cerebro, sino que en el se generan las enfermedades autoinmunes, tan comunes en estos días. Se ha comprobado que en el estómago existen cerca de 100 millones de neuronas, muchas más de las que contiene la columna vertebral, por ese motivo recibe el apodo de ‘segundo cerebro’. Esta red de células no son inofensivas, porque permiten mantener un estrecho contacto entre el sistema digestivo y el cerebro, a través de los nervios vagos, informando de todo lo que transita por nuestro estómago primero que cualquier cosa.

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De hecho, los estudios publicados por la revista Science apuntan a que cuando tenemos el estómago vacío nuestro comportamiento se torna más agresivo. “Su intestino es literalmente su segundo cerebro, creado por tejidos idénticos a los de éste durante su gestación. Y no sólo eso. Sucede que este segundo órgano contiene mayores cantidades de neurotransmisor seratonina que está estrechamente relacionado con el control del humor”, asegura el doctor de medicina natural y físico estadounidense, Joseph Mercola.

Al otro lado del mundo está la doctora Natasha Campbell-McBride, neuróloga rusa que comenzó con el estudio de la alimentación cuando su hijo fue diagnosticado con autismo. “Las anormalidades en el sistema inmunológico son un resultado común de GAPS, un término que significa Programa Nutricional del Síndrome del Intestino y la Fisiología, donde las anormalidades inmunes son la raíz de casi todas las patologías degenerativas. ¿A qué se debe esto? Se debe a que el 85% de nuestro sistema inmunológico se encuentra en la pared intestinal”.

La doctora Campbell-McBride asegura que esto quedó establecido en una investigación básica de fisiología en los años 1930-1940. Donde se determinó que el intestino o mejor dicho, la pared digestiva, era el órgano inmunológico principal y más importante del cuerpo. “Existe una conversación muy ajustada y una relación continua entre la flora intestinal que vive dentro de su sistema digestivo y su sistema inmunológico”, asegura la experta. En palabras simples, muchas enfermedades autoinmunes las personas se las han generado por lo que comen. De ahí que cobre tanto sentido la frase del médico de la antigua Grecia, Hipócrates: “Que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”.

Cómo andamos por casa. 

Si bien no podemos traer a la vida al griego Hipócrates, actualmente en Chile el tema de la alimentación saludable, de las tiendas de productos orgánicos y de las góndolas de alimentos sanos ya han comenzado a ser una notoria realidad. En ese contexto la historia de la chef Catalina Valdés, quien tras sufrir largo tiempo de la enfermedad autoinmune Tiroides de Hashimoto, no sólo se curó por medio de la alimentación, sino que se certificó en el mismo centro estadounidense donde le devolvieron la salud a través de interesantes técnicas siempre adaptadas a lo que se llama Bi-individualidad, es decir, las terapias son hechas a la medida de la persona.

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Para contextualizar deberíamos partir contando que Catalina fue la encargada de abrir el Café del Patio, el mítico restorán-cafetería en Providencia y referente en los 90 de la cocina saludable. “Fui la primera que tuvo las llaves de ese lugar. También diseñé la carta del Geo Pub, otro lugar mítico de Santiago. Además, ahí me enamoré de Rafael Morel, mi ex marido y padre de mis hijas. Después armamos un restorán con el Rafa al que llamamos ‘Caídos del cielo‘, otro lugar mítico en Las Condes con Quinchamalí. Ahí me permití volar con toda la imaginación que tenía, además fue justo la época en que estrenaron la película ‘La Fiesta de Babet‘, así me decían Babete, de hecho yo ahumaba codornices y las hacía con pétalos de rosa. Entonces mi tema con el alimento siempre fue el asombro de las mezclas, sin tener el concepto preconcebido que la comida era medicina, a mí me alucinaba ver lo feliz que era la gente comiendo lo que preparaba”, cuenta esta chef desde su casa ubicada en Vitacura donde hace talleres de cocina sin gluten o cambio de hábitos de Tiroides.

En su hogar Catalina Valdés tiene también su consulta. Con un propósito, sanar a las personas que tienen enfermedades autoinmunes a través de lo mejor que sabe hacer: la alimentación.

“Trabajé 15 años en restoranes de día y noche. Con el Rafa estuvimos casados y trabajando juntos, lo cual fue un desgaste para la relación. Cuando nos separamos lo primero que me pasó es que me deprimí. Eso comenzó a afectar mi organismo. Para mí la depresión fue el primer síntoma que mi cuerpo empezó a no estar sano”, cuenta. Pero lo más complicado vino cuando estaba a cargo de la cocina del restorán ‘El Huerto‘. Ahí desarrollé una enfermedad autoinmune que se llama “hipertiroidismo”, tuve unos síntomas espantosos, me sentía decaída, deprimida, se me caía el pelo, se me secó la piel, tenía sudoración, palpitaciones, no dormía bien y tenía gases. Era una molestia constante y era extraño porque comía tan sano, ya que era vegetariana. La memoria se me empezó a alterar casi como si tuviera Alzheimer, por ejemplo en vez de echar la ropa a la lavadora la echaba a la basura. Eso sucede cuando estás con una alteración grande. Incluso empecé a perder la vista. Me compré anteojos y yo secretamente no le decía nada a nadie, aunque pensaba que me había venido el viejazo”, cuenta.

Lo que esta chef había desarrollado era un mal a la tiroides. Un día después de pasearse por largo tiempo por todo un staff de médicos y especialidades llegó a un urólogo que ratificó el diagnóstico de hipertiroidismo. “El me hizo hacer una dieta alcalina. Era la primera vez que escuché lo que era la dieta alcalina, que tiene que ver con el PH del cuerpo y empecé a entender que los alimentos también tienen una energía y un poder alcalinizante o acidificante. El tema es que cuando estamos muy ácidos somos caldo de cultivo para todo tipo de enfermedades, nuestro cuerpo es intrínsecamente alcalino, pero nuestra metabolización es acidificante”, cuenta.

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Qué nos alcaliniza 

Esa es la pregunta que ha cambiado la mirada de la medicina actual. Por ejemplo caminar a pata pelada en la arena, los buenos pensamientos, acostarse en la tierra, tener contacto con la naturaleza, respirar profundo, hacer yoga y comer saludable.

Por otro lado, la tiroides es una glándula muy importante, pues regula todo el funcionamiento del cuerpo. Lo que se llama el ciclo circadiano: cómo uno se acuesta, cómo se levanta, cuántas horas duerme, cuánto calor se acumula en el cuerpo, cuánta hambre tiene. “Todo lo que significa levantarse en la mañana y decir qué lindo día y vamos por ella, tiene que ver con la tiroides. La verdad es que me sentí mejor como en un 65% con mi dieta alcalina. Sin embargo, yo tenía principio de bocio y eso significa que mi cuello estaba inflamado, la tiroides estaba de mayor tamaño y mi cuello estaba grueso. Asimismo, mi cara inflamada, por ende mi cuerpo.  Mi estado de ánimo tampoco era el óptimo, no había recuperado 100% mi energía, fui perdiendo musculatura, fuerza y todo. Y fue ahí que me ocurrió algo en la vida, yo llevaba nueve años viviendo en una casa y me la pidieron  por lo que me produjo un estrés y me gatilló que mi cuerpo hiciera un herpes zoster, que es de las cosas más dolorosas que uno puede sentir, que es como tener una brasa dentro de tu cuerpo que arde día y noche y no hay analgésico que te quite el dolor. El herpes zoster aparece cuando el sistema inmunológico está bajo, es el virus de la varicela que duerme en tu organismo desde la infancia y normalmente se enciende después de los 60 años o cuando tu sistema inmune está muy bajo o sometido a un alto estrés. Cuando me pasó esto fue justo cuando apareció en mi vida en el Facebook Paula Walsh.

Esta chilena que vive en Estados Unidos fue la health coach de Catalina Valdés y quien la curó de su enfermedad de tiroides. Ella estudió en el Holistic Health Center, Instituto de Integración Nutricional con sede en Nueva York. Y también llegó a certificarse por una enfermedad personal que fueron dos cánceres e hipotiroidismo. “Empecé a aplicar un programa que ella me diseñó que dura seis o nueve meses dependiendo del avance de las personas. La primera cosa que hicimos fue limpiar mi cuerpo y me explicó que las patologías autoinmunes están alojadas en el estómago. Eso para mí fue una gran novedad y descubrimiento. Todos los males de este tipo tienen como base el estómago que se ve alterado en una condición que se llama ‘intestino permeable‘, en la medicina tradicional algunos doctores la consideran, otros dicen que es una falacia o fantasía”, explica Valdés.

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El intestino permeable significa que nuestro intestino está recubierto de una sustancia gelatinosa que es la que nos mantiene impermeable y ese elemento se perfora dejando pasar trozos pequeños de alimentos enteros no procesados y no transformados. La comida cuando está entera, todas de origen animal o vegetal tienen una proteína. La proteína es leída en el cuerpo como un agente extraño, nosotros empezamos a través del sistema enzimático de la boca, de la saliva a disolver las proteínas y con el ácido clorhídrico en el estómago lo terminamos de disolver y la transformamos en aminoácidos y es así como entran a nuestro cuerpo. Pero si un trozo de comida entra con la proteína entera, se transforma en un extraño en nuestro torrente sanguíneo y al transformarse en un invasor el sistema inmunológico lo detecta como un enemigo y por lo tanto, se altera el sistema, porque tiene que ir a atacarlo, y lo peor es que se altera tantas veces como comamos, o sea, siempre y es por eso que empezamos a tener permanentemente ataques inmunológicos.

Lo primero que Catalina sacó de su dieta fue el gluten. “Por tres años me picaban los lagrimales y creí que eran los gatos, el polen, la primavera, los ácaros y era el gluten. Tras eliminarlo de mi vida nunca más he vuelto a tener esa sensación de picar en los lagrimales, dolor en las articulaciones, inflamación del estómago así abdominal y el sistema digestivo alterado o estítica o ataques de colitis. Eso no es normal, una cosa es que te dé diarrea, no obstante explosiones que llegas transpirando helado por la espalda. Al sacar el gluten en mi cuerpo empecé a ser otra persona, no más inflamación de estómago. A los dos meses la gente me decía qué estaba haciendo porque estaba completamente desinflamada.

Pero el programa, del cual hoy está certificada Catalina Valdés no sólo ve el tema de alimentación, sino es fundamental el ejercicio y que haya contacto con la naturaleza para bajar el nivel de estrés. El programa es personalizado y la dieta con la que Catalina trabaja las enfermedades autoinmunes se llama Specific Carbohidrates Diet (SCD). Hoy atiende pacientes en Santiago y en regiones. Y en poco tiempo ya ha curado a bastantes pacientes a quienes les ha permitido volver a conectarse con su salud.

*Contacto entrevistada: catacocina@hotmail.com