Una mujer sin duda atravesará por diferentes posiciones en su vida o tomará distintas ‘salidas’ para enfrentar etapas o situaciones que le toquen vivir. Independiente de la personalidad de base o carácter que tenga, necesita identificarse de alguna manera en esta sociedad y la que tome dependerá de sus circunstancias y mecanismos de defensa.

Caras TEMAS desarrolló seis perfiles tipo de mujeres chilenas, describiendo actitudes y situaciones que les toca enfrentar. Con estas ‘caricaturas’ recurrimos a Constanza Michelson, psicoanalista y autora de “Las 50 sombras de Freud” – libro en el que mediante ensayos psicoanalíticos se refiere a cómo construimos el amor y a los problemas contemporáneos en relación al amor y al sexo- para que desde una mirada psicológica los situara y contextualizara.
“Cuando uno se identifica a algo, ya sea a una mujer sexuada, alfa, consumista zen, etcétera, lo hace porque es lo que necesita para enfrentarse al mundo con los recursos que encuentra en un determinado momento de su vida. Son posiciones que le sirven para algo, para seguir su deseo y defenderse de sus angustias. Estas posiciones empiezan a estorbar cuando dejan de servir, cuando siente que los anhelos se frustran por la manera en que se está enfrentando el mundo”, dice.

Aquí, los resultados de los distintos tránsitos 

Para comprender estos perfiles, la especialista explica que es importante entender que “el mundo está escrito en masculino, por lo tanto, ser hombre desde el punto de vista de la identidad es mucho más fácil que ser mujer. Hay un varón tradicional que está descrito, mientras que el género femenino suele transitar en muchas posiciones. “De todos estos perfiles descritos, probablemente, una mujer puede pasar varias veces por muchos de ellos, sin que esto implique tener una personalidad determinada. Hay momentos en la vida en donde una mujer puede adoptar un perfil y en otros, el opuesto”, añade la psicóloga.

Es la típica mujer trabajólica, está más bien configurada como los hombres mentalmente y de hecho son un desafío el estar de tú a tú. Es agresiva, le gusta el poder, el lujo, la autoridad y las influencias. A ella la denominan ‘inteligente en clases y tonta en el recreo’, ya que en sus labores es eficiente, pero con las emociones y la empatía se mueve torpemente. La colapsan los problemas personales de sus trabajadores, le irrita verlos llorar. Invierte su dinero, porque lo tiene y podría ocuparlo también en lujosos viajes y vestuario. Su gran apoyo es su mamá o su padre quien alaba sus méritos con orgullo. Muchas veces tiene un discurso feminista y no tolera las diferencias entre sexo. Lo que más la mueve es el poder, por lo que generalmente está rodeada de muchos hombres a quienes pone límites para que sepan que ‘sólo’ se vincula con ellos laboralmente.

“Esta es una manera para tratar de lidiar con lo masculino, no sometiéndose ni jugando a objeto de deseo, sino que compitiendo. Y es cierto, que en un mundo masculino muchas veces las mujeres tenemos que jugar a este rol para ser consideradas. Es como Camila Vallejo, que siempre la pelan porque no se ríe. Y quizá lo hace por evitar que continuamente se la evalúe porque es bonita. Ahora, si bien muchas veces tenemos que jugar a mujer alfa, ya que las mujeres también tenemos una relación al poder, hay quienes efectivamente están identificadas a este lugar de una manera neurótica. Evitando cualquier rasgo que suene a debilidad, entonces les cuesta muchas veces la amabilidad y la cooperación, y al igual que un hombre que se identifica demasiado a los rasgos fálicos –lo potente, lo erecto, lo agresivo– termina siendo un ser insoportable. Se dice que a los hombres esta mujer los seduce poco, pero para algunos puede resultar ser muy atractiva, pues a veces esta posición de una mujer tan resuelta les acomoda, ya que son poco demandantes o porque no exigen más amor del que reciben”.

La bomba sexy

Es una mujer que vive para sí y su belleza, pues necesita sentirse vigente con el sexo opuesto. Ella es profesional y le gusta que la miren, la alaben y la contemplen. Compra ropa compulsivamente, recurre a cuanto tratamiento de belleza exista, usa cremas de todo tipo, va al gimnasio y se hace siempre las manos y pies, no descuida nada. Está obsesionada con el cuerpo, pero uno voluptuoso que hipnotice a los que la rodean. Se mueve siempre desde la seducción, coquetea con los hombres aun cuando no le interesen. De amigas poco, pues suele decir que se lleva mejor con los hombres.

“Querer ser deseados por otros es algo muy primario en los seres humanos. Desde que llegamos al mundo no nos alimentamos sólo de comida, sino que nuestra identidad se alimenta del amor y aprobación de los otros. Por eso, en la vida la necesidad de amor y reconocimiento nos trae tantos problemas, pero es algo medio inevitable. En particular las mujeres aprendemos a explotar la posibilidad de ser objetos de deseo sexual de los otros, como búsqueda de reconocimiento, porque la cultura ha promovido ese lugar. Un piropo a las niñas pequeñas es decirles que son lindas, mientras que a los hombres se les dicen que son divertidos o inteligentes. De manera que efectivamente las mujeres sabemos que este es un recurso que puede explotarse, aunque a veces se convierta en un arma de doble filo. Por ejemplo, cuando sólo nos identificamos a ser eso: un objeto de deseo. Obsesionándonos con el cuerpo y la belleza. Por lo demás con un cuerpo formateado desde la erótica masculina: labios, pechugas, nalgas generosas. Adecuándonos al ideal masculino sobre la mujer. El travesti es el mejor ejemplo de ese ideal masculino sobre las mujeres, una exageración de las zonas erógenas.

Este perfil sufre con el paso del tiempo, porque basa su éxito en lo deseable de su cuerpo. Además, suele caer en la trampa contemporánea de lo que llamo ‘la esclavitud de follar’, esa imagen de feminismo noventero tipo Sex and the City, que se entusiasmó con la utopía de que las mujeres teníamos la misma erótica que los hombres. Y es cierto, que hoy las mujeres nos permitimos una sexualidad más libre y no siempre esperamos compromiso; pero también es cierto que tener sólo touch and go no nos divierte tanto. En la consulta el lamento que se escucha cada vez más fuerte, es de chicas que no saben cómo conseguir el amor. La verdad es que aún no hay igualdad de derechos en lo social entre hombres y mujeres, tampoco lo hay en la erótica: en los amigos con ventaja, el plus que sí suelen tener ellos.

Explica además que las mujeres que transitan por la bomba sexy suelen decir que sólo tienen amigos hombres. La razón: con su mismo género no saben relacionarse, pues ignoran cómo llevarlo a cabo si no es desde la seducción y eso pasa tanto en su vida social como laboral.

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La consumista zen

No sabe qué le hace sentido en su vida, por lo que lo experimenta todo, desde dietas detox, hasta lanzarse en paracaídas. También ha pertenecido a grupos ecologistas, pro familia y obviamente se ha embarcado en viajes místicos al Sudeste Asiático o la India… Siempre está en algo distinto. Un mes es vegana, otro se viste sólo con ropa reciclada y entre medio adoptó perros y gatos que cuida con inmenso amor. Podría estar viviendo en un departamento de Vitacura, pero en una ocasión conoció a un vidente y le dijo que la veía en un terreno más bucólico, así que lo vendió y se fue a vivir a Colina. Es ‘la millón de amigos’ porque al tener tantas ‘ondas’ conoce a mucha gente. Trata de llenar su interior con esas cosas, pero, no lo consigue, pues sigue sintiendo que ‘algo falta para estar plena’. Buscadora inalcanzable de la felicidad y de poder estar realmente identificada con algo.

Este es un perfil muy de moda según Constanza. “La identidad es una ilusión, no somos eso que decimos ser, somos muchas cosas, tenemos innumerables rasgos –a veces, incluso contradictorios- y tendemos a cambiar. Pero, necesitamos creer que tenemos una identidad, para descansar en al idea de que somos de una manera determinada, es como nuestra carta de presentación en el mundo. El problema es que puede pasar que rigidicemos esa identidad y al hacerlo dejamos muchos rasgos, goces y anhelos fuera de ésta; viviéndolos como defectos terribles que no queremos reconocer. Entonces muchas veces andamos buscando fortalecer esa identidad que nos acomoda, o bien, buscar construir esa identidad que nos gustaría tener. Y la novedad actual, es que hoy la identidad se convirtió también en un objeto de mercado, por ejemplo, si te metes a yoga, no sólo vas a hacer ejercicio o relajarte, sino que compra un pack completo para sentirte mejor contigo misma, desde una ropa determinada, una charla zen, un modo nuevo de hablar y de vivir. Pasa lo mismo con seguir a ojos cerrados al gurú de moda o aprenderse de memoria libros de autoayuda. Con eso está buscando algo en qué identificarse que le dé con envoltorio una idea amable de sí misma y de lo que debiera hacer en la vida. Por eso este perfil puede saltar de una moda a otra, ya que construye la idea de sí mismo, a nivel de superficie. Por supuesto que estos embaucamientos personales tienen fecha de caducidad porque la identidad rígida deja demasiados aspectos de uno mismo fuera, y éstos siempre encontrarán su manera de retornar y refregarnos en la cara que somos otra cosa de lo que creemos. Aceptarse pasa por aceptar que somos más o menos, no esa gran persona que nos ofrece el líder espiritual de supermercado. Por lo demás, no hay respuesta sobre nuestro sentido en la vida. La vida hay que inventársela”, finaliza.

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La pachamama

Es una mujer que decidió entregarse por completo a la maternidad y que entendió el tema del apego como una tarea, algo que a los ojos de otras mujeres, puede verse como asfixiante, pero ella lo siente como una misión de vida y que por lo demás lo hace bien. Puede ser que por diversas razones haya tomado aversión a las relaciones, y se justifica a través de los hijos, siendo una súper mamá, aunque a veces es muy rabiosa porque lleva una pena de falta de realización a nivel personal. Dice que no necesita ningún hombre para ser feliz, que su amor es para sus niños que, por si fuera poco le quitan todo su tiempo. Sale en escasas ocasiones, pertenece a grupos pro apego y se dedica 24/7 a estar en función de ‘los niños’.

“Culturalmente a las mujeres se nos proponen lugares incómodos, ya que no vienen desde nosotras, sino que desde la idea patriarcal de la mujer: la santa, la loca, la dama, la puta. Mientras que lo masculino está definido como el lugar hegemónico, el espacio de poder –que por supuesto para ellos también tiene costos– en general es un lugar que les da una identidad binaria: soy o no soy ese macho poderoso. Por nuestra parte, las mujeres, vamos peleando con muchos rótulos que nos encorsetan las experiencias y la vida. Una de las salidas que encontramos inconscientemente frente al problema de hacernos un lugar en el mundo, es concentrar toda nuestra subjetividad en la maternidad. Reduciendo la mujeridad a la maternidad, retirándose de la cancha del deseo, es decir, no aspirar a nada más que ser todo para un hijo. Esto puede pasar luego del nacimiento del primer hijo, del segundo o después de una separación, depende de lo que le pase a una mujer internamente en determinado momento. Finalmente no desear nada y ser ella la que está en posición de dar -que es la posición materna- es una coartada para ahorrarse ciertos problemas neuróticos, pero también es una neurosis en sí, porque al final a ese hijo no le sirve para nada tener una madre asfixiante. Se deja al hijo sin un referente de mujer, en el fondo de un ser que desea cosas más allá de él, sino que vive a la madre como un ser totalitario, y eso puede ser muy aplastante. Hay que tener cuidado, porque algunas malas interpretaciones del apego, están empujando este tipo de maternidades. Que presionan excesivamente a las mujeres a una hipermaternidad, y dejan a esos hijos en posición de fetiche, es decir, de objeto único de deseo de las madres .

Comenta la cita de Sartre “el infierno son los otros” para referirse a que la opción de aislarse es un refugio. “Estar con otros siempre nos supone un problema y encerrarse en la maternidad con un ser que te va a querer a ti y sólo a ti por mucho tiempo es una coartada, pero una muy peligrosa”, puntualiza.

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La vintage

Se quedó en el pasado y todo lo que ocurre en su vida es tradicional. Viste clásica, su configuración mental es estructurada. Está casada, con un tipo que posiblemente le ha sido infiel. Va a misa los domingos, es muy católica, culposa y hará todo por mantener la familia. Algunas trabajan, otras no. Son inocentonas, tienen almuerzos en grande con sus parientes. A pesar de eso, no se siente 100% realizada en su vida.

Esta es otra salida al problema de ser mujer en esta sociedad patriarcal. “La que toma este perfil es la que prefirió hacerle caso a los mandatos masculinos, una regalona del patriarcado. Es la que hizo caso a esa canallada de la división de las mujeres entre las buenas-santonas y las locas-putas, y optó por el lugar seguro de la ‘buena mujer’ y esa ‘buena mujer, suele ser un eufemismo de la que obedece, entonces, adopta una postura no sexuada, cuida a los niños, cumple y se adapta a los dogmas masculinos, lo que implica un riesgo tremendo. Porque, si bien adecuarse a los mandatos de otro, puede traer seguridad en un momento, nada garantiza que me quieran cuidar por siempre. Es el caso típico de esas mujeres que han estado casadas durante décadas, y que de repente al marido le dio la crisis, se aburrió y la deja –generalmente por una chica de un perfil mucho más arriesgado, sexual y loquilla-. Así nuestra mujer vintage queda sola, desorientada porque nunca construyó una vida desde sus propios deseos”, dice.

Podría pensarse que al adoptar esta posición la mujer decide opacarse, pero según la psicóloga no es siempre así. “Puede pasar que a veces hacerlo esté asociado a una conveniencia social, a seguridad, a entrar a un círculo al que le acomoda. El problema aparece cuando se dan cuenta de que esas cosas son imágenes y que se caen si no están sostenidas en algo más sólido”.

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La empastillada

Siempre es acontecida y se ha paseado por todas las terapias psicológicas y de medicina alternativa posibles. Tiene crisis de pánico por lo general o trastorno de anedad y busca respuestas en libros de autoayuda. Ella es una angustia constante. Dice que tiene historias de abandono desde niña lo que luego repite con sus parejas. Es exitosa laboralmente, pero deambula por iones fallidas. En el amor, suele hacer castillos en el aire y esas ganas de ser aceptada hace que elija puros ‘pasteles’. Frente a sus crisis de angustia tiene su ravotril S.O.S. siempre a mano, pero también podría tomar algún medicamento con escitalopram o químico parecido.

“Este perfil suena un poco a lo que llamamos síntomas de una posición histérica, que significa padecer cuestiones relativas al deseo. El deseo humano funciona como el motor que nos lleva a ir tras lo que no tenemos. Y es por lo mismo que pasa muchas veces, al alcanzar lo que buscábamos ya no lo queremos más y vamos tras otra cosa. El anhelar es una cuestión infinita, por lo tanto, podemos experimentar la sensación de nunca alcanzar lo que ‘realmente queremos’, porque la zanahoria siempre se nos corre un poco más allá. O podemos suponer que el pasto del vecino obviamente es más verde, pues lo nuestro nunca es lo deseable. Pero el deseo también puede vivirse como un motor de vida, sin la necesidad de obsesionarse con alcanzar ese estado final que neuróticamente inventamos en nuestra cabeza”, dice.

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Frente a esto explica que hay distintas posiciones y una de estas es la histeria que en ocasiones padece del anhelo, es decir, no siente el deseo como motor, sino que como una falta permanente. Esta mujer “siempre cree que es la perjudicada de las cosas, piensa que nada le resulta y dice que tiene baja autoestima, pero la razón no es porque se quiera poco, sino porque cree que merece más amor del que le entregan. Está en una posición de víctima, pues se identifica con la falta de algo. Todos carecemos de ciertas cosas, porque continuamente estamos atravesadas por el deseo, pero vivir esto en una postura de víctima hace que las cosas empiecen a vivirse siempre desde la falta. Por ejemplo si una relación no resulta, este perfil lo vivirá de manera muy dramática, cuando en realidad es algo que a todas les puede pasar”, añade.

La explicación que tendría el hecho de buscar múltiples terapias tiene que ver, según la experta, con la incapacidad de salir del lugar de víctima y con el anhelo de que otros den la respuesta a sus problemas, más que con la decisión de tomar la salida de cambiar su posición en la vida y entender que se pueden buscar muchas cosas, lo que no significa tener que hacerlo desde una posición trágica.

En general las mujeres pueden atravesar por este estado cuando están en búsqueda del amor, cuando se sienten despechadas o tras el término de una relación. “En estas situaciones este rasgo podría acentuarse porque el problema del amor confunde. Al activarse el deseo del amor en general lo que se enciende es el deseo de ser amadas más que de amar. Cuando se entra en problemas de amor es muy fácil caer en la posición de víctima, porque estoy más preocupada de que me amen a poder construir una relación de amor. Esto puede replicarse en las distintas esferas de la vida: Mi jefe no me quiere, no me reconoce, valora más a mis compañeras, pues la posición de víctima es de nunca ser amada como yo creo que me lo merezco.