“La moda pasa de moda, el estilo jamás”, es la famosa frase de la diseñadora francesa Coco Chanel, quien se atrevió a decirla sabiendo que muchos la odiarían, pero resume muy bien un concepto complejo y lleno de aristas. Resulta imposible definir esta palabra, pues se utiliza para describir, clasificar, agrupar, caracterizar o identificar actitudes específicas, objetos y modos de hacer las cosas, ejemplo de ello es lo que hablamos en nuestra cotidianidad: ‘quiero ese corte de pelo, estilo años 20′, ‘me gusta esa mesa estilo neoclásico’, ‘el estilo pop sigue vigente’, ‘su libro tiene un estilo dramático’… y así hasta el fin de los días…

Para Paula Villarroel, licenciada en artes de la Universidad de Chile, quien obtuvo una especialización en técnicas mixtas en la Universidad de Montreal, Canadá el estilo, a modo general se puede definir como: “La posibilidad de poder dar nombramiento a una conjunción de caracteres similares, llámese maneras, formas, miradas, productos, creaciones, diseños y pensamientos. Es análisis cuantitativo, un patrón, una unión, una personalidad propia y unitaria. Personalmente lo veo como la coherencia pública”, señala.

Bajo ese prisma, ¿un período o cultura se logra mostrar a sí mismo a través de un estilo? Para la especialista, se podrían buscar los parámetros afines para identificar la conjunción que da nacimiento a la categorización. Tras ese ejercicio, es factible asignarle una explicación (histórica, geográfica, filosófica, estética) al hecho y establecerlo de acuerdo a un período y lugar de la historia. También puede buscarse la respuesta desde el individuo creador, “aquel que está presente en un tiempo dado que puede o no sentirse parte de una colectividad o movimiento, con mayor o menor conciencia de aquello, y esto suscita otro tipo de cuestionamiento, de índole más introspectivo, que aborda las propias búsquedas y aspiraciones del acto creativo y su posibilidad o no de visibilidad pública”, señala Villarroel, quien agrega: “Lo importante es tener claro que siempre los discursos catalogados como válidos tienen varias ramas a considerar, y en el caso de la relación entre cultura y estilo, hablamos de universos múltiples, tratando de encajar en un ordenamiento que lo identifique.

Por eso, el estilo nunca debe considerarse como un concepto rígido, en el que se presenten todos y cada uno de los signos que le caracterizan o distinguen. Además, muchas veces, en innumerables áreas se mezclan, tomando elementos variados para dar vida a algo nuevo.

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Áreas creativas

Para el escritor argentino Ernesto Sábato, el estilo está relacionado directamente con el arte. Tal como se desprende de sus palabras, “la ciencia es genérica y el arte es individual, y por eso hay estilo en el arte y no lo hay en la ciencia. El arte es la manera de ver el mundo de una sensibilidad intensa y curiosa, manera que es propia de cada uno de sus creadores, e intransferible“. De acuerdo con esta visión se hace necesario ahondar en el arte y literatura.

Mirada de lo artístico

Este caracteriza a las obras por los signos o rasgos que presentan y que a su vez, han surgido en determinados periodos históricos. Las condiciones económicas, sociales y culturales de una época provocan que las personas piensen y actúen de determinada manera, y eso se ve plasmado en las creaciones, si son completamente identificables al mirarlas. En el Renacimiento, por ejemplo, se produce un cambio importante de mentalidad, las personas cultas al querer salir del periodo dominado por algunas creencias religiosas irracionales, toman como modelo la tradición clásica, griega y romana, colocando al ser humano como centro de sus pensamientos, preocupaciones, actividades sociales y culturales, superando así en parte la gran influencia de la religión en todos los aspectos de la vida. Esta es la explicación por la que cambian los rasgos de las imágenes: en ese período el cuerpo se representa de manera realista, bello, sensual, reaparecen los desnudos casi totales sin necesidad de estar ligado a motivos religiosos.

El Barroco, nacido en Italia a finales del XVI, se desarrolla en Europa y América Latina como una reacción frente a la sobriedad decorativa de épocas anteriores. En la arquitectura dio vida a edificios espectaculares, como el mítico Palacio de Versalles, a cargo de Hardouin – Mansart, todo un genio vinculado a las realizaciones más grandiosas del reinado de Luis XIV. En la escultura se refleja con temas religiosos, mitológicos y alegóricos, como la obra Apolo y Dafne, realizada por el italiano Gian Lorenzo Bernini, elaborada en mármol y de más de 240 cm de altura. 

En la pintura se manifiesta con una tendencia al realismo, búsqueda de fuertes contrastes y temática variada. Un exponente de ello es Pedro Pablo Rubens, una de las figuras más importantes del arte europeo del siglo XVII. En su estilo domina el dinamismo y la vitalidad, con composiciones abiertas y en diagonal, dando sensación de movimiento. Una de sus obras más conocidas es ‘Las Tres Gracias’, donde se aprecian sus pinceladas largas y brillantes.

Otras corrientes son el cubismo, arte conceptual, minimalismo, posmodernismo y expresionismo, entre otros.

Literario

Es la forma en que el autor plasma lo que escribe, usando rasgos propios y particulares. Desde los comienzos de la literatura europea -en Grecia y Roma-, se creía que el estilo tenía que adaptarse al tema del que se hablara, debido a que se veía al mundo perfectamente ordenado. Asimismo, se afirmaba que cada cosa le correspondía una manera de ser fija que podían ser expresadas solo con ciertas palabras. Por ejemplo, un héroe debía ser siempre valiente; un rey, poderoso; una niña, inocente y un criado, fiel.

Como el mundo se veía dividido en categorías, el estilo debía ajustarse a ellas. Este, según los clásicos grecolatinos, se dividía en sencillo, medio y sublime. En general, puede decirse que el sencillo era espontáneo y natural, sirviendo para referirse a cosas humildes; el medio era más elegante y se utilizaba para expresar conceptos algo elevados. El sublime se usaba para manifestar actitudes dramáticas y entusiastas, aplicándose para asuntos nobles de vistosos adornos, dando vida a un texto solemne.

Otras clasificaciones más actuales nos permiten identificar las obras con sus autores por la manera en que están escritas, y definir así un estilo. De esa manera llegamos a algunos como el sobrio, que rechaza todo tipo de recursos literarios que sirven sólo como ornamentación y se limita a exponer los conceptos en forma directa y clara, siendo frecuente encontrarlo en obras didácticas.

Otros tipos son el florido, que se caracteriza por el empleo recargado de las imágenes, metáforas y otros recursos poéticos para dar una impresión de vivacidad a la obra y hacerla atractiva, aunque la comprensión exija mayor esfuerzo (un exponente es Federico García Lorca). El sencillo busca la claridad, admite adornos y elementos poéticos, pero rechaza exageraciones y recursos rebuscados. 

Otros tipos son el elegante, nítido, pomposo, magnífico, sublime, jocoso, cortado, vivo, enérgico, vehemente y dramático.

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¿Y qué dice tu clóset? 

Para Carola Montenegro, asesora de imagen y personal shopper, el estilo personal tiene que ver con la confianza y la seguridad. “Saber caminar y moverse con soltura con lo que llevas puesto. Si tienes onda, puedes usar cualquier cosa y te verás bien. Va más allá que la cartera de moda o un collar carísimo, es entender tu cuerpo y tu forma, trascendiendo cualquier moda”, señala. 

Por su experiencia laboral, ha visto un cambio positivo en el vestir de los chilenos, los nota más preocupados por el cómo se ven, pero siente que aún falta camino por recorrer. “Dependemos mucho de lo que diga el retail. Es necesario entender que lo que está de ‘moda’ es lo que nos queda mejor”, agrega.

Los chilenos hoy en día estamos más dispuestos a mezclar, “pero aún nos falta divertirnos más y entender que tener un buen traje es mejor a atiborrar el clóset con muchos de mala calidad”, indica.  

Para Carolina, la clave de un buen estilo en el vestir es expresar la individualidad. No seguir modas o tendencias sino que vestirse como uno se sienta cómodo, y de ahí desarrollar una línea, un sello, una identidad.