Queridos mamá y papá: sé que lo están pasándolo mal, yo también estoy sufriendo. Siento y me alimento de su tensión. Aunque soy joven y no puedo expresar verbalmente lo que está pasando en nuestras vidas. Todavía siento el impacto. Mi corazón se rompe cada vez que tengo que renunciar a un padre. Mi sentido de seguridad está perdido. Por favor no asuman que soy resistente. Por favor no asuman que mi vida será exactamente como era y que continuaré sintiendo el mismo amor por ambos. Soy un ser humano igual que ustedes, mis necesidades son como las de ustedes. Necesito amor, atención, crianza, estabilidad, consistencia, afecto, entendimiento, paciencia y sobre todo, ser querido. Cuando pelean por mí o me ponen en la mitad de su discusión me están dando el mensaje de que ganar entre ustedes es más importante que mi vida…”, así comienza la carta que un hijo de padres separados lee a sus progenitores en el video “El hijo del divorcio” (disponible en YouTube) que en poco más de dos minutos retrata a la perfección lo que cómo vive un niño una separación. Víctimas de una situación que no escogieron deben enfrentar a temprana edad un quiebre emocional que les cambiará la vida para siempre, especialmente si el divorcio es conflictivo.

Este tipo de procesos están llenos de conflictos, propios de la disfunción que causó el término de la convivencia. Los adultos toman la decisión de separarse pensando en sus intereses, en salir de una relación dañada y están preparados para enfrentar los coletazos de una inevitable disputa financiera, legal y emocional. Animos de venganza, rabia y hasta odio pueden surgir entre la pareja que decide alejarse, el problema, advierte el sicólogo clínico Sergio Schilling, surge cuando se traspasan esas emociones a los hijos, lo que según su experiencia ocurre en el 90% de los casos.

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Situación que se torna aún más compleja para los menores cuando se enfrentan al Síndrome de Alienación Parental (SAP), es decir, la manipulación emocional de uno de los padres en contra del otro con el fin de romper el vínculo madre-hijo o padre-hijo y generar daño en la ex pareja. Según un estudio de la Universidad de Granada, España, uno de cada cuatro niños de padres divorciados sufre de SAP. El hecho que el niño sea utilizado por los adultos como ‘moneda de cambio’ en sus disputas que derivan de los problemas propios de una separación, puede tener graves repercusiones psicológicas en la adultez. Provocando desde disfunciones psicológicas leves como trastornos ansiosos o crisis de pánico ante situaciones de estrés, hasta el desarrollo de patologías más severas y cuadros depresivos profundos, comenta Sergio Schilling.

Se deben diferenciar dos tipos de alienación: activa y pasiva. La activa es aquella donde uno de los padres –o cualquier otro adulto cercano al niño– busca apartarlo del otro padre de manera intencional. Estas personas suelen padecer trastornos de personalidad límite o borderline, trastorno narcisista o sufrir psicopatías severas que los llevan a tener una capacidad de empatía muy pobre, llegando a mentir o manipular con tal de conseguir sus objetivos. Son personas “incapaces de comprender al otro, por lo que no entienden que están perjudicando al pequeño. Su meta es destruir a quien les hizo daño y usan hasta a sus hijos con tal de ‘ganar’ ”, explica el especialista.

La alienación pasiva es más común y se manifiesta con actitudes involuntarias que generan cierto grado de agresividad, demostrando la falta de empatía con el otro padre, haciendo entender que el progenitor que no vive con el niño es “malo”. “Estas actitudes involuntarias incluyen tener lenguaje verbal o corporal de menosprecio hacia el otro padre, obligando al niño a escoger un bando, tomar partido por uno de los dos. Así comienza el rechazo hacia la otra figura”, comenta el reconocido estilista español Oscar Mansilla, quien tras poner fin a una relación de once años con dos hijos de por medio, sufrió en carne propia los efectos del SAP. A partir de entonces se ha dedicado a estudiar y trabajar sobre el tema, de hecho participa activamente como monitor de la Corporación Reivindica, institución que busca crear consciencia en los tribunales y adultos. Además de sensibilizar a la comunidad escolar respecto al tema, porque “los colegios no acusan cuando hay un cambio en el comportamiento de un niño que está pasando por un proceso de separación y que podría estar padeciendo de SAP”, agrega Mansilla.

Reconociendo un corazón roto

Un niño que es víctima de SAP se vuelve apático, pierde interés en sus preferencias habituales, reacciona con agresividad y se encierra en sí mismo. También puede presentar otros síntomas como bajar el rendimiento escolar, disminuir la capacidad de concentración, padecer trastornos del sueño y alimentación. El sicólogo e hipnoterapeuta de Hipnosalud.cl, José Luis Rojas explica que este síndrome puede traer graves consecuencias en un niño; “puede ir desde alejarse del padre alienado hasta el suicidio, porque en su pensamiento no entiende por qué tiene que odiar a uno de sus padres, cuando lo único que quiere es amarlo. Además se producen estados depresivos importantes, entre otras patologías psiquiátricas”.

Agrega que este proceso comienza sutilmente, pero se va incrementando con el tiempo. “Inicialmente el niño comienza a tener rabia con el padre alienado y no quiere hablar con él, puede llegar al punto de no querer verlo y terminar odiándolo y dejándolo absolutamente aparte de su vida”. Según el hipnoterapeuta, “es habitual que el padre alienador invente, descontextualice o derechamente mienta con relación al otro progenitor, porque ‘todo vale’ para destruir el vínculo de los hijos con su padre o madre alienados. Cuando los niños empiezan a hablar mal del padre alienado quiere decir que el SAP ha sido tristemente exitoso”. Hay que tener en cuenta que el límite entre realidad y fantasía en las mentes de los más pequeños es muy delgado, por lo que es fácil que confundan fantasía con sucesos verídicos, resultando en declaraciones y memorias distorsionadas. “Los niños son muy susceptibles a las impresiones de otros para construir su realidad. Por eso es que son altamente influibles de crear una imagen a partir de lo que dice el otro”, recalca Sergio Schilling.

Cuando un niño está siendo adoctrinado en contra de uno de sus padres, se deben tomar acciones inmediatas y solicitar una evaluación psicológica para diagnosticar el SAP. En este contexto, el sentido común ayuda bastante a detectar un discurso de un niño derivado de un adulto. Observando el comportamiento del niño se puede identificar si hay algún grado de traumatización y determinar de dónde viene.

Los especialistas coinciden en que para sanar a un niño que sufre de SAP necesita estar en un lugar donde se sienta seguro. Al niño no le importan los motivos de la separación de los padres; necesita un ambiente estable, con reglas que permitan seguir una rutina y saber que siempre puede contar con alguien. Una vez que está en un entorno seguro, puede comenzar una terapia de revinculación parental, entre el o los niños y el padre alienado. También es necesario tratar a la parte alienadora para detener el daño y ayudar a la recuperación psicológica y emocional del pequeño.

Una técnica efectiva para evitar caer en el SAP es que los padres hagan un check list de comportamientos negativos, se hagan conscientes de ellos y los eviten. Los papás deben ser capaces de tomar una actitud lo más neutra posible frente a la situación de disputa, dejando de lado el “odio” por la ex pareja y las emociones negativas que puedan traspasar a sus hijos. Es fundamental tomar conciencia y no condicionar el contacto con su padre o madre. Los papás deben ser capaces de establecer reglas para no caer nuevamente en lo mismo y no seguir ahondando en el daño. Ningún hijo debe ser tratado como traidor por el simple hecho de amar a ambos padres.

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SEÑALES DE ALERTA

Las siguientes conductas podrían indicar que un hijo de padres separados sufre SAP:

1. Reducida capacidad de concentración
2. Apatía social
3. Trastornos del sueño y/o el apetito
4. Conductas agresivas
5. Discurso “adulterado” en relación a uno de sus padres

LEY CONTRA EL DESAMOR

Por tratarse de un síndrome no-oficial, en Chile no existen estadísticas en relación a la frecuencia con que se da el SAP. Sin embargo, la abogada Claudia Coll explica que “las cifras van en aumento, por lo tanto no debe estar ajeno en la discusión jurídica”. Desde el punto de vista jurídico, la profesional señala que el SAP es una vulneración grave de los derechos de los niños, por lo que si un progenitor tiene la convicción de que sus hijos están siendo víctima de este abuso psicológico, puede solicitar al tribunal una medida cautelar especial.

La abogada Jeanette Vargas, directora y fundadora de la Corporación Reivindica, explica que existe una intención de legislar sobre el tema. “El propósito es hacer un proyecto de ley que aborde problemas de fondo como el derecho que debe existir entre los padres y madres que no vivan con los hijos e involucre a todos los actores”. Para lograr este objetivo, desde la corporación han tomado contacto con organizaciones internacionales para capacitar a profesionales del Derecho y Psicología para prepararlos para cuando se promulgue la ley de SAP y se requieran evaluaciones profesionales.

CONSECUENCIAS DE LA INCAPACIDAD DE AMAR

Comportamiento obstaculizador del progenitor alienante:

・Rehusar pasar las llamadas telefónicas a los hijos.
・Organizar varias actividades con los hijos durante el periodo que el otro progenitor debe normalmente ejercer derecho a visita.
・Presentar al nuevo cónyuge a los hijos como su nueva madre o su nuevo padre.
・Interceptar el correo y los paquetes mandados a los hijos.
・Denigrar e insultar al otro progenitor delante de los hijos.
・Rehusar informar al otro progenitor a propósito de las actividades en las cuales están implicados los hijos (partidos deportivos, actividades escolares).
・Hablar de manera descortés del nuevo cónyuge del otro progenitor.
・Impedir al otro progenitor el ejercer su derecho de visita.
・Olvidarse de avisar al otro progenitor de citas importantes (dentista, médico, psicólogo).
・Involucrar a su entorno (su madre, su nuevo cónyuge) en el lavado de cerebro de los hijos.
・Tomar decisiones importantes a propósito de los hijos sin consultar al otro progenitor (elección del colegio por ejemplo).
・Impedir al otro progenitor el acceso a los expedientes escolares y médicos de los hijos.
・Irse de vacaciones sin los hijos y dejarlos con otra persona, aunque el otro progenitor esté disponible para cuidarlos.
・Decir a los hijos que la ropa, que el otro progenitor les ha comprado, es fea, y prohibir que la usen.
・Amenazar con castigo a los hijos si se atreven a llamar, escribir o contactar al otro progenitor.
・Reprochar al otro progenitor el mal comportamiento de los hijos.