Chile se ha vuelto un país multicultural. De eso no hay duda. Hoy quien vaya por la calle está destinado a cruzarse con un sinfín de nacionalidades: peruanos, haitianos, dominicanos, colombianos, argentinos, brasileños y venezolanos. Todas idiosincrasias que nos han enriquecido y que están permeando la sociedad chilena. Y no sólo eso. Han llegado para quedarse y para que sus hijos nazcan, estudien y se establezcan en nuestro país. El fenómeno no es ajeno a las autoridades ni a diversas organizaciones. Sin ir más lejos, hace un mes y medio la Asociación Nacional de Avisadores (ANDA) organizó un seminario sobre: ‘Los nuevos chilenos’, donde todos los expositores coincidieron en la importancia de la migración para el desarrollo económico, social y cultural de esta nación.

El aumento de la migración que Chile ha experimentado en los últimos años alcanza actualmente al 2,3% de la población, muy lejos del 13% promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE. Los pronósticos anticipan que el fenómeno debería seguir aumentando, pues a pesar de que nuestra economía no está creciendo con el vigor de antaño, sus ingresos son los mayores de la región. Eso implica que los que eligen a Chile como destino son principalmente latinoamericanos, lo que ha obligado a las instituciones a tomar cartas en el asunto.

En ese sentido el jefe nacional del Departamento de Extranjería y Migración, Rodrigo Sandoval ha asegurado en diversas ocasiones que la norma vigente -que data de 1975- es una política migratoria en sí misma, aunque obsoleta y que no responde a los desafíos actuales de la migración o a los compromisos internacionales suscritos por el país. Por ello, el gobierno está trabajando en un anteproyecto de Ley de Migraciones con enfoque de derechos; una nueva institucionalidad; y un moderno sistema de visados.

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Radiografía de los inmigrantes

Albergamos cerca de 600.000 inmigrantes y se pueden clasificar en distintos tipos de migración: tres de cada cuatro migrantes son sudamericanos; la mayoría está en plena edad productiva y el 72% de las visas son por motivos laborales. Además, residen principalmente en Santiago y en el Norte Grande, donde en términos relativos su presencia es más importante. En número es ligeramente superiores las mujeres. Otra característica es que en promedio presentan más años de escolaridad que los chilenos; tienen una mayor tasa de ocupación; tienen menores porcentajes de población inactiva; proporcionalmente trabajan más como empleador que los chilenos; tienen similares tasas de afiliación a AFP y mayores al sistema de isapre, y tienen una mejor percepción de su estado de salud y de satisfacción con su vida.

La inmigración siempre ha sido controversial en el mundo. “Hace más de dos siglos Benjamín Franklin se preocupaba de que muchos inmigrantes alemanes abrumarían la cultura predominantemente británica de Estados Unidos. A mediados del siglo XIX los inmigrantes irlandeses eran despreciados como borrachos y perezosos, sin mencionar a otros grupos católicos. A principios del siglo XX se creía que una ola de ‘nuevos inmigrantes’ entre ellos polacos, italianos, rusos, judíos, eran muy diferentes como para alguna vez ser asimilados en la vida norteamericana”, asegura un artículo del CATO Institute.

Pero claramente cada cultura ha hecho de esa nación un lugar de emprendedores imposible de desmentir. “En Chile muchas veces les damos la espalda a los hijos de extranjeros. Aunque si revisamos la nómina de parlamentarios podemos ver que la mayoría son hijos de inmigrantes. Otro detalle sumamente relevante es que la mayoría de los presidentes de Chile son hijos de migrantes. Está el caso de Michelle Bachelet de descendencia francesa; Patricio Aylwin de descendencia inglesa, los Alessandri de descendencia italiana, los Frei de descendencia suiza, sólo por nombrar algunos”, explica Jorge Rizik, editor de Revista Sur.

La migración ha planteado diversos desafíos en Chile. “Nosotros geográficamente estamos determinados por el enclaustramiento. Tenemos cordillera, mar, desierto, hielo. No hay una vocación natural hacia el horizonte. No es como pasa en Estados Unidos, que además de que tienen una importante población migrante, ellos siempre hablan de que el desarrollo es ir más allá del horizonte, más allá de donde hemos descubierto. El sentido de descubrimiento, de exploración está muy metido en la lógica norteamericana y en todos esos grandes países que tienen conciencia y despliegue. Eso Chile no lo tiene, entonces culturalmente tenemos una desconfianza con los extranjeros, sea porque los miramos en menos o porque los miramos en más”, insiste Rodrigo Sandoval, jefe nacional del Departamento de Extranjería y Migración.

No hay que olvidar que históricamente Chile se transformó en un destino atractivo, primero porque los migrantes europeos: croatas, españoles, italianos, serbios, siempre fueron los más pobres de sus países y su migración era de largo plazo o definitiva. “Los creadores de las grandes fortunas en Chile son inmigrantes, ese al menos es el caso de la familia Luksic y Angelini”, insiste Jorge Rizik.

El tema genera debate en todos los estratos sociales. “La inmigración nos abre nuevas posibilidades. Es una relación recíproca, donde ganamos de ida y vuelta: enriquecemos nuestra idiosincrasia, abrimos nuestros horizontes y crecemos en un valor clave para las sociedades modernas: la tolerancia”, cuenta Francisco Javier Román, director ejecutivo de Fundación Gente de la Calle.

Es desde el año 90 hasta la fecha que el mayor porcentaje de migrantes que llegan a Chile son de América Latina. ¿Por qué?, porque en esa época pasó que Chile estaba viviendo una estabilidad política y un crecimiento económico. “Chile en relación a los otros países de la región era una isla de tranquilidad y de bonanza económica. Era la época de la Argentina de Menem, en el Perú de Fujimori, en la Venezuela que empezaba su crisis después de la caída del petróleo, en Ecuador con Bucaram, Colombia con la guerrilla y el narcotráfico, etc. Entonces este jaguar de Latinoamérica que era Chile, esta transición modelo en que se había transformado la de Aylwin, se transformaron en factores súper atractivos para venir a hacer una vida acá”, insiste el jefe nacional del Departamento de Extranjería y Migración, Rodrigo Sandoval.

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La educación, un derecho

Los hijos de los inmigrantes son generaciones que se formarán en Chile y desde esa perspectiva la educación es un derecho para todos los niños que residen en nuestro país. En un colegio público no se les puede negar la matrícula a los inmigrantes. Primero, se hace una inscripción provisoria mientras se regularizan los papeles del niño. Luego con esa matrícula se les otorga la visa de estudiantes que les permite, además de regularizar su situación en el país, obtener una matrícula definitiva. “Los papás creen que como ellos están en situación irregular, sus hijos también lo están, y muchas veces no los llevan a los colegios por miedo a que les vaya a suceder algo y eso no es así“, explica Florencia Saffirio, coordinadora nacional del área social del Servicio Jesuita a migrantes.

Al mismo tiempo la Fundación Gente de la Calle está trabajando con los padres también para educarlos y para que no sean estigmatizados. “Hoy, estamos trabajando con un grupo de inmigrantes haitianos, que está recibiendo el apoyo de personas que tuvieron individualmente la iniciativa de ayudarlos con la barrera del idioma. A estos inmigrantes les están enseñando palabras clave, para que logren una comunicación básica en castellano. Es lo más básico del idioma, pero les permitirá interactuar de mejor manera en su proceso de adaptación al país. Nosotros como Fundación los apoyamos desde el punto de vista jurídico, para que entiendan nuestro marco legal, las oportunidades y herramientas que Chile da a los inmigrantes y aspectos legales para el tema laboral, porque es a través del trabajo que ellos podrán insertarse de mejor manera en nuestra sociedad”, cuenta Francisco Javier Román, director ejecutivo de la Fundación.

El desafío de la inmigración no es algo menor, ya que se espera que en los próximos años tengamos una población de migrantes de 1.000.000 de personas. Lo que ha obligado a muchos organismos privados y públicos a replantearse distintos paradigmas. Y a los chilenos probar el dicho: “ya verás como quieren en Chile, al amigo que es forastero”.

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Acogida a los inmigrantes

Enclavado en los faldeos de la cordillera está el colegio William Kilpatrick que ha tenido gran acogida con niños extranjeros. Actualmente tiene 58 alumnos de distintas nacionalidades, lo que es un número alto considerando que el colegio sólo cuenta con 310 alumnos.

La mayoría son de Argentina, alrededor de 37 niños. Mientras que el resto son brasileños, ecuatorianos, peruanos, venezolanos, españoles, uruguayos y chinos. “Siempre ha sido una política nuestra tener inmigrantes entre nuestros alumnos porque nosotros tenemos un planteamiento humanista. Entonces cuando llega una familia de otro país, que está ubicándose, con todas las tareas y con todos los traumas que significa incorporarse a un nuevo país, a un nuevo trabajo, siempre hemos sido generosos y cariñosos en el sentido de acoger a estas personas que vienen y abrirles el colegio, porque lo primero que los padres necesitan incluso antes de arrendar una casa o de ubicarse en un domicilio es un colegio”, explica Gabriela Santelices, una de las fundadoras del William Kilpatrick explica.

El colegio se ha preocupado también de acoger a las madres, que se alejan de su familia de origen, dejan sus trabajos y necesitan un lugar de contención. “También está el tema del idioma tenemos niños que llegan en un proceso, a veces los papás hablan muy poco español y tratan de ir decodificando y ellos entran en un proceso donde el colegio es muy integrador y los alumnos chilenos también acogen muy bien eso porque los niños llegan hablando cero español. Entonces eso ha sido una dificultad con la que el colegio ha logrado lidiar y los profesores han tenido ese grado de flexibilidad para trabajar con un niño que habla otro idioma, que se tiene que adaptar, que puede entender menos, hacer una adecuación dentro del currículum”, explica Carolina Miranda, directora del Colegio William Kilpatrick, quien es Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Geografía y Educación Cívica, además es Magíster en Educación de la Universidad de Chile.

Según Gabriela y Carolina cuando tienes niños de otras nacionalidades puedes apreciar diversos estilos, por ejemplo que las niñas argentinas son más frontales y mucho más directas. “En ese sentido los niños nuestros han aprendido a no ser tan quisquillosos y eso es valioso en tolerancia y respecto”, insiste la directora del colegio.