En nuestro país, mujeres como Marcela Bacarezza, Claudia Conserva, Cecilia Bolocco, Tonka Tomicic e Ivette Vergara participaron en Miss Chile, el puntapié inicial para llegar a la competencia del mundo. Pareciera ser una fórmula mágica de una época en las que lindas jóvenes formaban parte de un espacio que las consagraba en lo más alto.

El resto del mundo jugaba esa misma carta. Pero no sólo fue allí sino mucho antes cuando el Miss Universo se posicionó como el concurso de belleza más importante. Desde 1952 en California, los cánones más rigurosos de equilibrio facial y cuerpos 90-60-90 se instalaron en el imaginario colectivo y fue más que eso. Motivo de encuentro, de entretención y de reality, convocaban a familias enteras a mirar lo que pasaba en ese torneo tan maravilloso como inalcanzable.

Con todo, hubo quienes, con el pasar de los años y de las coronas que no fueron tan “leales” a aquello que el concurso indicaba, sino todo lo contrario. Mujeres potentes, con grandes personalidades e irreverentes, decidieron tomar la voz y se convirtieron en casos emblemáticos de coronas en rebeldía con su propio galardón.

La más emblemática fue Alicia Machado, la Miss Venezuela que alcanzó el lugar más alto en 1996. No sólo se polemizó su vida personal, formó parte de realities shows y engordó, sino que se enfrentó a Donald Trump, personaje que en la época en la que ella ganó formaba parte de la organización de este show televisivo y que hoy, veinte años después, es presidente de los Estados Unidos y la llamó “Miss Piggy”.

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Lejos de quedarse callada, la venezolana contraatacó y lo consideró misógino y anticuado. Opinión que comparten muchos y que ella vocifera. Su enfrentamiento fue mucho más político que social porque fue en plena campaña política por alcanzar el sillón de Lincoln, en el que Donald se enfrentó a una mujer (Hillary Clinton) que lo trataba y acusaba, mínimamente, de eso de lo que Alicia declaraba a gritos.

Es la miss símbolo de las rebeldes. De hecho, es la más rebelde de todas. Representa el ícono de la sublevación de las coronadas contra ese sistema de concursos”, comenta Cristián Farías, editor de Glamorama y conocedor del mundo de farándula como pocos.

Con respecto de los dichos del presidente, sostiene: “Me parece absolutamente reprobable lo que dice Donald Tramp. Es un tipo anticuado en todos sus valores y promesas”. Además, Cristián indica que en el enfrentamiento “Lo de Alicia fueron más cosas que se debieron a su personalidad pero que lamentablemente no lo supo encausar políticamente. Quedó como un escándalo y no como una causa”.

Dentro de este espacio de revelación en contra de las reglas tácitas -y no tanto- de esta competencia, se encuentra también Estefanía Fernández, una belleza también venezolana, consagrada en 2009 que supo sacar la voz a favor de la libertad de expresión. Fue así cuando en 2014, Estefania levantó la bandera de la campaña “Sin Mordazas”, en contra del gobierno de Maduro.

A partir de allí, la ex Miss Universo formó parte activa de la militancia de la oposición al sistema fundado por Hugo Chávez. “Lo encuentro espectacular, allí se ve que una mujer puede ser más. Estefanía demostró que era mucho más que sólo esa belleza perfecta. Su mirada política y humanitaria fue súper fuerte”, analiza Farías al respecto.

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Más cerca en el tiempo, en un mundo más abierto y tolerante, aparece la que aún lleva la corona en todos los portales de noticias internacionales, “acusada” de ser lesbiana. Sí, pensando en estos tiempos pareciera ser algo irrisorio aquello de la acusación, pero sigue pasando. Como si fuera la heterosexualidad una condición natural para ganar un concurso de belleza.

Sin embargo, más allá de los comentarios, Iris Mittenaere, la francesa dueña de la corona, vive su vida en total libertad, y se muestra feliz en redes sociales junto a una rubia que podría perfectamente ganar cualquier competencia.

“Sería maravilloso no sólo que fuera lesbiana sino que además el concurso la reconociera como tal. Ella se muestra en redes, eso es un gran avance. Nunca antes había sucedido en estos concursos un caso así. Ojalá la reina vigente pierda el miedo y lo asuma durante su reinado. Sería trascendental”, opina Farías con voces de aplausos.

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“Yo creo que este concurso tuvo su momento de gloria. Pero, lamentablemente se basa únicamente en el cuerpo y en la belleza de las mujeres. En estos tiempos de feminismo, eso está absolutamente obsoleto, fuera de moda. No va con los tiempos. Ahora no importa el cuerpo ni la belleza, sino los derechos, la inteligencia, toda su personalidad, más que lo físico”, finaliza el experto.