Semejante a lo que sucede en los corales, se observa en el ser humano. Distintas formas de vida conviven y se benefician en un mismo espacio.  “En nuestro cuerpo, los microbios superan en cantidad a las células humanas en una proporción de 10 es a 1.  Para hacerse una idea, en una mano puede observarse la misma cantidad de bacterias que humanos en el mundo”, explica el Dr. Rodolfo Neira, médico de la Universidad de Chile, especialista en medicina intensiva.

Y es que al nacer, diferentes microorganismos van colonizando y habitando amistosamente el organismo dando origen a un conjunto dinámico llamado microbiota con el cual se convive en armonía. Aunque son principalmente bacterias, también la conforman ciertos virus y hongos que, en proporciones diferentes, se distribuyen en distintas partes del cuerpo, siendo el intestino el lugar favorito del 90 por ciento de las bacterias que viven en el ser humano.

CLAVES PARA LA SALUD

Esta comunidad viva, alojada en el intestino -conformada por cien billones de bacterias- ha llegado a ser considerada por algunos expertos como un “nuevo órgano” con funciones claves y específicas en el mantenimiento de la salud.

“Cumple roles muy positivos. Se sabe que parte de ella participa en el procesamiento de algunos nutrientes, en la obtención de energía, en la producción de algunas vitaminas, que ayuda a la maduración de todas las células de la mucosa, que educa al sistema inmune y que funciona como una barrera que protege contra la llegada de organismos patógenos que pueden producir enfermedades”, explica el Dr. Carlos Pérez, infectólogo y jefe de la división de Medicina de la Facultad de Medicina UC  y Red Salud de UC – CHRISTUS.

Entonces, lo que desde siempre se había conocido como “flora intestinal” hoy toma un papel mucho más relevante que el que solía tener. “Nos estamos dando cuenta de que la microbiota intestinal no es solamente importante y está ahí como un efecto de la causa, sino que tiene objetivos primordiales; que la complejidad que tenemos está gatillada por ellas, y que nuestro comportamiento, nuestro estado emocional, nuestra salud inmunitaria, cardiovascular e inflamatoria, muchas veces, está inducida por metabolitos y por sustancias que ellas en su fisiología están formando. Actualmente es muy difícil encontrar enfermedades no transmisibles que no tengan alguna relación con la salud bacteriana de nuestro intestino”, explica el Dr. Neira.

ENEMIGOS DE LAS BACTERIAS AMIGAS 

Para realizar correctamente sus funciones la microbiota debe ser diversa, estar en equilibrio y mantenerse estable, algo que para el Dr. Neira es poco probable que ocurra de manera espontánea en el mundo occidental. Factores como el estrés crónico -porque la relación cerebro-intestino es muy directa-, la alimentación desbalanceada y el abuso de antibióticos son los grandes culpables de que esta se altere, generando una disbiosis. Cuando esto pasa, esa relación armoniosa empieza a desordenarse, alterándose la relación de beneficio mutuo que existe entre el cuerpo y su microbiota. “Pienso que la nutrición y los pensamientos son los efectos más potentes a los cuales están expuestos nuestras bacterias intestinales y que son los que podríamos modular a través de cambios en el estilo de vida para intentar normalizar esta alteración bacteriana”, dice.

int-2

CÓMO CUIDAR LA MICROBIOTA

La alimentación es fundamental. Para ello es necesario darles a las bacterias lo que les “gusta” y lo que necesitan para funcionar bien. Su banquete preferido está compuesto por alimentos altos en fibra como: el ajo, la cebolla, el topinambur, la alcachofa y el plátano, entre otros. “Este es un aspecto importante a considerar dado que la alimentación promedio en el mundo occidental contempla entre 15 a 18 gramos de fibra al día, siendo que lo mínimo necesario recomendado es de entre 34 a 38 gramos”, puntualiza Rodolfo Neira.

También recomienda incorporar probióticos presentes en alimentos fermentados como el chucrut, kombucha, mizo, pajaritos de kéfir, que aportan bacterias buenas  las que se alimentan con fibra de alta calidad como la antes mencionada.

BACTERIAS SANADORAS

Si bien la ciencia está despertando a nivel global en esta materia, cada vez son más los estudios y descubrimientos sobre los alcances que podría tener la microbiota sobre la salud. Aunque aún no son concluyentes en un futuro podrían mostrar sorprendentes conclusiones. “Esto está en pañales, tal vez más adelante podremos saber con qué cepas específicas podríamos intervenir para ciertas alteraciones. Nos damos cuenta de que el impacto que tienen las bacterias intestinales es gigantesco a todo nivel, pero todavía falta para tener estrategias terapéuticas que funcionen”, dice el Dr. Neira.

En la misma línea el Dr. Carlos Pérez señala que se ha investigado cómo cambia la microbiota en pacientes con distintas enfermedades. “El que tiene asma bronquial presenta una microbiota del árbol respiratorio e incluso del digestivo distinto del que no tiene asma, lo mismo pasa en el que tiene obesidad, diabetes, VIH, etc. Está probado que la microbiota cambia en salud y enfermedad. Ahí cuánto de eso es causa y consecuencia”, señala.

Si bien las demostraciones científicas del uso de probióticos para tratar enfermedades no son concluyentes, explica que donde sí se ha demostrado que hacer una intervención sobre la microbiota tiene efectos beneficiosos, irrefutables e inmediatos es en el tratamiento de la diarrea por Clostridium difficile. Lo dice con autoridad, ya que pudo ver los resultados en una paciente sometida a un trasplante fecal del que participó junto a un equipo de médicos de la Universidad Católica.

Si bien para este tipo de trasplante también se necesitan donantes -que por lo general son familiares que viven en la misma casa, pues su microbiota es similar-  no implica un procedimiento muy complejo. Para calificar, el donante debe someterse a algunos exámenes específicos que demuestren que está sano. El día del procedimiento entrega la muestra de feca que contiene una microbiota sana la cual es procesada para el trasplante. Por otra parte, al paciente se le aplica un lavado intestinal y luego, por medio de una colonoscopía, se le trasplantan las heces de la persona sana. “Es una práctica simple con resultados concretos. Es un tratamiento eficaz e instantáneo para combatir el Clostridium difficile. Esa es una demostración fehaciente de que la microbiota funciona. A una persona enferma le pones bacterias normales que colonizan su intestino y se hacen cargo de erradicar al Clostridium. Se ha hecho este trasplante en otras patologías y no ha funcionado, pero eso es algo que está en estudio”, explica el Dr. Pérez.

int-3

LO QUE FUE UNA PESADILLA

“Pensé que me moría. Estaba desnutrida, bajo peso, débil, deprimida, no podía llevar una vida normal y tenía gastos gigantes por culpa de una bacteria muy agresiva llamada Clostridium difficile que me tuvo durante siete meses muy complicada con diarrea, fiebre y vómitos que no podía parar.

Todo partió porque tomé un antibiótico que hizo desaparecer por completo mi flora bacteriana dando espacio a que proliferara la bacteria que generó este cuadro terrible. Fue el principio de la pesadilla. Empecé un tratamiento antibiótico específico carísimo. La dosis para 10 días costaba cerca de 500 mil pesos. Sin embargo, al terminarlo, seguía igual, por lo que tuve que intentar con una segunda dosis. Así estuve por cerca de siete meses, entrando y saliendo de la clínica, gastando cifras altísimas en medicamentos y la bacteria seguía ahí. Sin el antibiótico no podía funcionar.

Estaba desesperada y veía todo negro hasta que un conocido me preguntó si había escuchado hablar del trasplante fecal. Estaba dispuesta a probar cualquier cosa. Fue así como empecé a averiguar del tema y me derivaron con el Dr. Carlos Pérez, quien me ayudó en todo el proceso para hacer efectivo el procedimiento. El empezó a estudiar cuidadosamente mi tema y a ver diferentes posibilidades. Se me planteó la opción de traer una muestra de microbiota desde Boston o que fuera a realizarme el tratamiento para allá, pero finalmente decidimos intentarlo con la de mi marido. Tras eso, convocó a un gastroenterólogo de la Red Salud UC para que realizara el trasplante. Programamos la colonoscopía para el 31 de diciembre y el resultado fue impresionante, al día siguiente ya estaba sana y a los pocos días, haciendo una vida completamente normal. La microbiota de mi marido había colonizado mi intestino erradicando así a esa bacteria que es oportunista y al verse sola se expande, pero que si está en una microbiota equilibrada, no puede proliferar.

Al someterme a este procedimiento supe que también podría ser efectivo, aunque en un porcentaje mucho menor, para curar la colitis ulcerosa (sufro de esta enfermedad) y el mal de Crohn. Aunque en mi caso no resultó, creo firmemente que la ciencia avanzará en esa dirección. Si me propusieran intentar otro trasplante con un donante cuya microbiota fue capaz de erradicar la enfermedad del trasplantado lo hago inmediatamente”. Paula Fernández, 37 años.

QUE EL ALIMENTO SEA TU MEDICINA… NO TU CAUSA DE ENFERMEDAD

No hay nada más cierto que el planteamiento que hizo Hipócrates 25 siglos atrás: “Que el alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento” según lo que plantea el Inmunólogo de la Universidad de Chile, radicado en Estados Unidos Dr. Rodrigo Hurtado.

“La alimentación, ahora más que nunca sigue siendo la clave para una buena salud”, dice, y explica que en el intestino, podría radicar la causa de enfermedades cada vez  más comunes como: la obesidad, Diabetes II, síndrome metabólico, artrosis, enfermedades autoinmunes, asma o colon irritable, por nombrar algunas. “La aparición de enfermedades degenerativas crónicas se ha relacionado con la calidad de la flora intestinal probiótica. Es muy cierto que muchas de ellas tienen la marca genética que se enfrenta a las condiciones medioambientales y nutritivas”, dice. Así, un desbalance en las bacterias causado en gran medida por lo que comemos, por el abuso de medicamentos -principalmente antibióticos- podría estar pasándonos la cuenta, impidiendo que las bacterias se comuniquen de manera armoniosa con el sistema inmune.

Ya se ha dicho que el intestino es la zona más colonizada del cuerpo, pero también es la más rica en células relacionadas con el sistema inmune. “Las bacterias del cuerpo forman el 90% del material genético que co-evoluciona desde el nacimiento en el cuerpo humano y que interacciona con el del sistema inmune. Aunque el significado funcional de este microbioma (genética de las bacterias) no está en su totalidad esclarecido, su investigación actual va a un ritmo muy acelerado”,  comenta el Dr. Hurtado.

La flora intestinal se afecta por diversos factores, algunos más estudiados que otros y se sabe que diversos nutrientes influyen en ella en forma positiva y negativa. Según explica el especialista cuando se compara la flora intestinal de omnívoros y vegetarianos se describen diferencias que impactan en relación a la cantidad y proporción de las diversas familias de bacterias que conforman la microbiota. Lo mismo  ocurre en personas que han tomado antibióticos.

Pero un capítulo que asegura comenzará a debatirse fuertemente es el relacionado a los efectos que generan los aditivos alimentarios sobre la flora intestinal.

“Sabemos que los aditivos autorizados no son considerados dañinos, pero fueron aceptados años atrás y sus estudios han sido más toxicológicos y sobre otros órganos o funciones del cuerpo. Sin embargo, el concepto de la microbiota es más moderno y, probablemente, muchos de ellos no han sido estudiados desde ese punto de vista”, explica.

dorrrr

Si bien señala que en la práctica no es fácil la medición de la microbiota desde la rutina de la clínica, cree a corto plazo que será. “Esto va a llevar un replanteamiento en la industria alimentaria en cuanto a los aditivos usados, los cuales además de ser autorizados, sean biológicamente protectores o promotores de una microbiota sana y equilibrada. Esto va de la mano con los estudios avanzados para establecer la verdadera flora intestinal normal” dice.

En Chile, prestar atención al uso de estos aditivos, especialmente a los edulcorantes en la niñez, es muy importante. “Al respecto existe ya bastante información no solo en animales sino que también en humanos sobre los efectos metabólicos adversos de estos productos. La educación en el plano de la salud y la participación activa de la comunidad llevará a protegerse de posibles daños en la dieta. La educación por cierto debe incluir el aprender a leer  etiquetas y su significado”, finaliza.