Todas las mujeres experimentarán al menos una infección urinaria durante su vida. Este que puede ser un dato meramente estadístico es realmente imposible de obviar, no sólo por las insufribles molestias que provoca este padecimiento, sino porque esta patología es un tema recurrente de conversación entre ellas, que se pasan datos de remedios, doctores y tratamientos, encargándose de crear una serie de mitos, que pueden ser fácilmente derribados manejando buena información, preocupándose de la prevención y cambiando hábitos que hoy están enraizados en las chilenas.

En Estados Unidos las infecciones urinarias son la causa por la cual 10 millones de personas acuden al médico cada año, según lo señala la Fundación Nacional de los Riñones de ese país. Es decir el equivalente a la mitad de la población de nuestro país. Lo que demuestra que claramente esto está lejos de ser un asunto menor. Y la situación se vuelve aún más preocupante cuando hay certeza de que en muchas de nosotras esta enfermedad es un mal que se ha vuelto crónico y que hoy simplemente se cura a punta de antibióticos que no tienen los mismos efectos cuando se cursa un enésimo episodio debido a que las bacterias que producen se tornan resistentes. Sin embargo, no todo está perdido. Existen diversas medidas que se pueden tomar para tener una “salud” urinaria excelente. Y no se trata de prevenciones descabellados o muy difíciles de cumplir. Se trata más bien del cambio en ciertos rituales que la chilena adoptó en el seno familiar desde su abuela y que traspasa hoy a sus hijas. Es, aunque no se crea, un tema cultural y de cambio de hábitos.

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¿Y ahora quién podrá defendernos?

Curiosamente quien realmente puede defendernos de ellas somos nosotras mismas. Sí leyó bien. Las mujeres tenemos muchas herramientas para evitar que nos ocurra este padecimiento. Pero para eso primero hay que comprender bien, ¿qué es una infección urinaria?, y ¿por qué se produce? “Se deben en su gran mayoría a la colonización del tracto urinario por microorganismos del intestino. Estos microorganismos pueden ser por ejemplo la escherichia coli, la klebsiella pneumoniae, proteus mirabilis, que son las más comunes entre muchas otras y que son propias del intestino, pero que por las alteraciones de las barreras naturales que posee el organismo estos microorganismos van migrando por la vulva hasta alcanzar la uretra, la vejiga y los riñones”, explica el doctor Patricio Vásquez, ginecólogo y académico de la Universidad de Santiago.

No obstante, estos microorganismos que llegan al tracto urinario no lo hacen precisamente por arte de magia, sino por los malos hábitos que tenemos las mujeres y que se heredan culturalmente en el seno familiar. Entre estos está el uso de jabón en los genitales; el uso de toallas íntimas fuera del período menstrual; la utilización de calzones de fibra sintética; así como también la mala técnica en el aseo post defecación. Y aunque no se asocie tan directamente si tiene una gran influencia la estitiquez, ya que no hay una buena salud intestinal y se acumulan más bacterias y microorganismos.

“Se pueden prevenir cambiando de costumbres. Si bien las bacterias suben con la orina, se pueden botar a través de la misma antes de que se multipliquen o se adhieran a las paredes. El hecho de orinar es uno de los principales factores que permiten evitar contraer una infección urinaria”, explica el doctor de Arturo Dell’Oro, urólogo y especialista en urología femenina de la red UC Christus, además de profesor adjunto de la Universidad Católica. En ese sentido, las chilenas somos en parte responsables y nuestra tendencia es ‘causarnos inconscientemente’, las infecciones urinarias.

“Primero que todo algo que es vital, la mujer nacional toma muy poca agua versus la extranjera que siempre anda con una botella en su mochila, eso provoca que vaya poco al baño y no haga el proceso natural de botar esas bacterias por el mecanismo más sano que tiene el cuerpo que es orinar. En general las chilenas están acostumbradas a lo que se llama el “pipí de salida”, es decir hacer evacuar antes de salir de su casa, y ese es un hábito que se transmite a las hijas y así por generaciones. Esto se hace básicamente por la resistencia a ir a un baño público, que se evita al creer que es ahí donde se van a pegar una infección urinaria, eso las hace aguantarse, y esto es un mal hábito y genera más propensión a la infección. Asimismo, es un mito que los baños públicos son focos de infección. Entonces se aguanta lo que más puede, lo que se traduce en tener una vejiga más grande que el hombre chileno, aunque físicamente son más pequeñas. Finalmente todos estos malas rutinas, por enumerar sólo algunos, hace que perdamos el mecanismo de defensa natural y padezcamos de este mal recurrentemente”, insiste el doctor Arturo Dell’Oro.

Modificando el switch

En ese sentido, el especialista asegura que para evitar las infecciones urinarias las mujeres deberían ir entre cuatro a ocho veces al baño durante el día. Incluso ir cuando no se tiene ganas. “Hay veces en que uno les dice a las niñas debes ir al baño antes de salir, y se produce una discusión entre la madre y la hija, donde esta última le dice que “no tiene ganas”, pero la madre la obliga y milagro, cuando se sentó a orinar hizo. Por eso aunque las féminas crean que a veces no tienen deseos es muy recomendable sentarse en el baño unos tres minutos, relajar los esfínteres y permitir que salga la orina, pues la mayoría de las veces se van a sorprender de cuánto sale”, insiste el doctor Arturo Dell’Oro

La higiene femenina también es un tema vital. Por su anatomía tiene el tracto urinario muy cerca del ano, donde se encuentran estos microorganismos y bacterias expulsados por los intestinos, entonces siempre hay que limpiarse desde adelante hacia atrás para impedir esa colonización bacteriana. La hidratación es también uno de los temas de suma importancia, ya que reduce la opción de estítiquez y en los intestinos con tránsito lento las bacterias crecen más y son las que luego contaminan la vagina si persiste una mala higiene. Si bien los cambios de hábitos son vitales, también es urgente identificar claramente cuáles son los síntomas de las infecciones urinarias, ya que hay grados de tratamiento.

“Los principales síntomas son la disuria (dolor al orinar), tenesmo (una vez termina de orinar siente aun ganas de seguir orinando) y poliaquiuria (orinar a cada rato y poco). Por otro lado, la infección urinaria alta, que ya compromete el riñón le agrega a la sintomatologia anterior la presencia de fiebre y dolor en la espalda hacia la zona del riñón infectado”, explica el doctor Patricio Vásquez. Y qué hay de las relaciones sexuales Los expertos afirman que para una mujer lo ideal es tener relaciones sexuales con la vejiga vacía, es decir orinar antes, aunque puede ser poco romántico. Por eso, si ir al baño previamente es algo que no se puede llevar a cabo porque mataría la pasión, con el fin de evitar una infección urinaria, tras la relación sexual la mujer sí o sí debe ir de inmediato a orinar, nada de fumarse un cigarrillo o esperar un rato, eso evita que los posibles microorganismos que ingresaron por el tracto urinario luego de la penetración sean expedidos rápidamente por la orina.

“En definitiva lo que más influye no es el cambio de pareja sino el tipo de prácticas sexuales y el aseo antes y después de la relación sexual. Ambos miembros de la pareja deben tener un aseo antes y después de la relación sexual”, explica el doctor Patricio Vásquez.

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Medicina tradicional v/s medicina natural

Tal vez lo más complejo de las infecciones urinarias es que en muchos casos se transforman en crónicas llevando a las mujeres a abusar de los medicamentos, en este caso los más usados son los antibióticos. “Lo que ocurre es que el uso de antibióticos en forma indiscriminada y por tiempos incorrectos va llevando a que los microorganismos generen resistencia a éstos. Por eso, es muy importante que el tratamiento antibiótico sea realizado bajo supervisión médica y en base al resultado del examen de la orina (urocultivo) que informará qué microorganismos se encontraron y a qué antibióticos son sensibles”, insiste el doctor Patricio Vásquez.

Esa resistencia ha llevado a las mujeres a probar tratamientos alternativos, donde uno de los más comentados está relacionado a los arándanos y a los cranberries. Los estudios demuestran que si bien estos frutos no curan una infección urinaria si logran acidificar la orina, evitando así el crecimiento de las bacterias. “Hay que tomarlos a largo plazo con el fin de ayudar a tener un sistema más resistente, pero no reemplazan en ningún caso los tratamientos”, explica el doctor Arturo Dell’Oro. Ya sabe, si quiere evitar las infecciones urinarias debe partir por cambiar ciertos hábitos…y vaya que se ahorrará molestias.