Hay muchas condiciones en Chile que alejan a las personas de su felicidad: el equilibrio entre la vida personal y laboral, los largos recorridos de ida y vuelta del trabajo y el sobreendeudamiento. Según el último informe Depresión y otros Desórdenes Mentales Comunes de la Organización Mundial de la Salud el 5% de la población, es decir, 844.253 personas en Chile sufren de ansiedad, en sus distintos grados y complicaciones. La vida ajetreada, el estrés y el consumo inhiben la satisfacción, el gusto y el sentirse contento, como se define la felicidad según la RAE.

Sin embargo, la felicidad es en gran parte, si no en su totalidad, producto de nuestro interior y cómo reaccionamos ante los acontecimientos externos, en vez de viceversa. “La causa de la infelicidad son las perturbaciones mentales, como el apego, el odio y la ignorancia. Estas son visiones distorsionadas o exageradas de la realidad que hacen que perdamos nuestra paz interior. Al no gozar de ella, no podemos ser felices”, explica el Maestro budista Kadampa Kelsang Chokyong.

A pesar de que muchos tienen la noción de esto, la mayoría de las personas utiliza parámetros externos para medir su felicidad. Estas métricas son de muy variada índole, desde bienes materiales, como propiedades y autos, experiencias, como viajes o salidas a comer, hasta status y reconocimiento de los pares y la sociedad en general.

“Las personas tienden a desorientarse, a buscar la felicidad en otro lado, o a esperar un momento en que se den las ‘condiciones óptimas o ideales para ser feliz’”, agrega Ana María Rodríguez Conca, psicóloga de la Clínica Universidad de los Andes. “Piensan que cuando consigan algo material o logro social, ahí serán felices. Esperan un tiempo a futuro, sin ver la felicidad tal y como se da en su realidad, cada día”. Analizamos los parámetros más comunes y cómo podemos prescindir de ellos en una mayor conexión con el interior.

Bienes materiales y experiencias

Desde muy pequeños se nos enseña la noción de que “mientras más tengamos”, “más felices seremos”. “Las personas solemos pensar que una de las causas de la felicidad son las posesiones”, afirma el maestro. La lista es conocida: el auto, la casa, los muebles, entre otros, pero aunque son capaces de darnos satisfacción, esta nunca dura.

“Si lo analizamos con cuidado nos daremos cuenta de que la felicidad que estas cosas nos proporcionan es limitada, fugaz y pasajera. No está mal disfrutar de ellas, pero tenemos que entender que no nos pueden dar la felicidad estable y duradera que queremos”, añade. Esto está avalado por múltiples investigaciones. Recientemente, un estudio llevado a cabo por la San Francisco State University, reveló que en general la gente sabe que los ítemes materiales no les proporcionarán felicidad, pero aun así los prefieren. ¿Por qué? Porque sienten que son de mayor valor y saben perfectamente el precio que tienen. Si compras un auto de 15 millones de pesos, tienes algo concreto en lo que mostrar tu “felicidad”, a diferencia de, quizás, experiencias que son más personales y no tan fáciles de reconocer. Sin embargo, los bienes materiales “solo nos pueden dar felicidad temporal. La estable y duradera que deseamos necesariamente surge de nuestros propios estados de paz interior”, dice Kelsang Chokyong.

La compra de experiencias, por su lado, produce más felicidad que lo material, según el mismo estudio, porque la expectación genera mucho bienestar. Unas vacaciones, por ejemplo, se disfrutan no solo en el momento sino que en toda su planificación. Sin embargo, si la felicidad se mide solo en base a experiencias sin hacer trabajo interior, hay una búsqueda constante de ir experiencia tras experiencia intentando llenar un vacío.

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Seré feliz cuando…

“Hay un enfoque “desviado”, no solo a lo material sino que también a lo social sobre la felicidad”, señala Rodríguez. “Y en eso las redes sociales no colaboran. Por ejemplo, hay estudios que han demostrado que las personas que están conectadas más tiempo son menos felices, ya que se están constantemente comparando”. Esta necesidad de ser igual al resto genera una expectativa de cómo tiene que ser todo en la vida: el trabajo, la pareja, la casa, las vacaciones. Por ende, provoca un estado mental de “seré feliz cuando…” alcance tal o tal cosa. “Las personas tienden a hacer una especie de “chequeo” de sus logros obtenidos, generalmente en relación a sus pares. Lo anterior, además de ser un error, es injusto y dañino con ellos mismos, debido a que la felicidad es un proceso personal y no se puede medir con estadísticas”, explica la especialista.

El peligro de postergar nuestra felicidad es que esta nunca llega. Una vez alcanzado el objetivo, ya sea material o social, nos damos cuenta de que no nos sentimos realmente diferentes y desviamos la concentración a una nueva meta, “¡porque esta sí que nos hará felices!”. Pero lamentablemente es un círculo infinito. “Buscamos posesiones, éxito, fama, y “Me Gusta” para sentirnos aceptados y felices. Esto se relaciona con nuestra identidad, ya que la formamos en base de lo que tenemos, y no de lo que somos. Nos equivocamos en plantearnos objetivos para el futuro, y nuevamente perdemos el foco”.

Andrés Venegas, coach y fundador de Human Company Coaching, dice que la gente confunde felicidad con éxito. “Todas nuestras metas están definidas por una interpretación de la realidad que nos tiene dominados. Y es en esa idea que nos perdemos”, explica. La interpretación más generalizada es que si ganamos mucho dinero, tenemos un gran trabajo y somos valorados por nuestros pares, seremos felices. “Pero con ese pensamiento en mente empieza la competencia y el individualismo, y nos alejamos de nuestra satisfacción”.

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La verdadera felicidad

“La verdadera causa de felicidad es la paz mental”, afirma el Maestro budista. Conseguirla, sin embargo, es un ejercicio que requiere práctica de cada día, porque se basa en poder modificar hábitos de pensamientos que hemos tenido a lo largo de nuestra vida. Si desde que tenemos memoria creemos que obtener cierto trabajo y sueldo nos hará feliz, tenemos que reemplazar esa idea por otra que nos haga sentir mejor y libere la presión. “Tenemos que aprender a distinguir entre la situación externa y la interna, porque ambas tienen soluciones distintas. Por ejemplo, si mi computador se descompone y yo me siento infeliz por eso, ahí tengo dos situaciones: la descompostura del computador es una situación externa y mi propia sensación de infelicidad es mi situación interna”, explica.

Enfocarnos en lo interior no solo nos da paz y nos abre las opciones de cómo reaccionar ante situaciones externas, sino que también fortalece la autoestima. “Las personas verdaderamente felices disfrutan de cómo son, y de los que le rodean. Son personas que viven conectadas con el presente; eligen ser felices ahora”, dice Ramírez.

Por supuesto que centrarse en la espiritualidad no significa que dejemos de lado nuestras metas. Es más, plantearlas desde la felicidad supone un mejor punto de partida, porque es un interés genuino. “Los que son felices se ponen metas reales y trabajan igual de duro para lograrlas. Pero son motivaciones personales, no una búsqueda para ser alabados por otros”. Los especialistas concuerdan que las personas más felices se conocen bien a sí mismos y han aprendido a quererse tal como son, incluyendo sus defectos. No buscan ser alguien que no son ni imitar lo que ven en otros. “Otro aspecto importante es que han aprendido a perdonarse y a perdonar a quienes las han dañado de algún modo. Todos han pasado por momentos difíciles en la vida, pero quieren y deciden vivir felices con lo que tienen, y disfrutarlo ahora”, afirma Rodríguez.

Venegas agrega que es fundamental definir nuestras propias interpretaciones del mundo y cómo estas afectan nuestro bienestar. “Soy muy pudoroso al hablar de felicidad, porque no hay una sola definición. Para distintos seres humanos significa distintas cosas”, dice. Por ende, definir nuestra propia felicidad es clave, siempre teniendo en cuenta de que nazca de un conocimiento interior y no para darle el gusto a otros. “Tiene mucho que ver con realizarme en lo que hago, llegar a un estado de plenitud y satisfacción con eso”. Asimismo, remarca que una persona feliz se preocupa de equilibrar sus “Espacios esenciales de acción” (ver recuadro), para que la vida tenga un balance y no nos preocupemos de una sola área descuidando las demás”.

Medir nuestra felicidad en base a objetivos materiales, experiencias y lo que otros esperan, solo nos proporciona una dicha fugaz. En vez, si nos enfocamos en nosotros mismos, en conocernos y redefinirla bajo nuestros propios ideales, podemos alcanzar un bienestar duradero. “Si la paz se profundiza, nuestra felicidad lo hace también”, finaliza el Maestro Kelsang Chokyong.